La explotación de canteras y el uso de maquinaria para esta actividad minera, amenazan con la destrucción de esta laguna.
Foto: Óscar Pérez
Es innegable que la Sabana de Bogotá creció rápido y creció mal. Durante años, la urbanización avanzó sobre suelos rurales, bordes hídricos y zonas agrícolas sin que los instrumentos de ordenamiento lograran detenerlo. Al contrario, a través de escaramuzas legales, acuerdos por debajo de la mesa y una tenue veeduría ambiental, el volteo de tierras dio vía libre a una depredación urbanística que endureció cerca del 80 % de este ecosistema estratégico.
Lo que tardó varios milenios en consolidarse como un paraíso de humedales, lagunas, verdes...

Por Miguel Ángel Vivas Tróchez
Periodista egresado de la Universidad Externado de Colombia interesado en Economía, política y coyuntura internacional.juvenalurbino97 mvivas@elespectador.com
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