23 Dec 2019 - 1:00 a. m.

Uno de cada cinco menores víctimas de explotación sexual está en la capital

Este delito se presenta en todas las localidades de la capital, pero con mayor frecuencia en Chapinero, Los Mártires y Santa Fe. Lugares públicos, expendios de sustancias e incluso los mismos hogares, los espacios más frecuentes.

Valerie Cortés Villalba (vcortesv@elespectador.com)

“En la cultura se ha normalizado ver a menores en las calles”, comenta Katherine Jaramillo, representante de la Fundación Social Think. / Getty Images
“En la cultura se ha normalizado ver a menores en las calles”, comenta Katherine Jaramillo, representante de la Fundación Social Think. / Getty Images

Mientras en estas fechas, la mayoría de los niños son el centro de la celebración, en muchos rincones otros son tratados como objetos: los menores explotados sexualmente. A pesar de las campañas y de recordar de manera insistente que es un grave delito, la problemática persiste en el país y en particular en Bogotá.

Según cifras del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), en la capital entre enero y octubre de este año, 47 de los 248 casos que se descubrieron en el país ocurrieron en la capital (casi el 20 %). Con una particularidad: nueve de cada diez víctimas fueron niñas. Vale aclarar que no implica solo la prostitución. El material abusivo, la trata y el matrimonio servil también son considerados explotación sexual.

Al hacer un análisis más amplio de las cifras queda en evidencia que la problemática es más grave: los menores de catorce años representan el grueso de las víctimas. Según datos de la Policía, entre 2014 y 2018 identificaron 2.567 casos en el país, y de estos 1.694 (el 66 %) fueron niños y niñas de nueve a catorce años. El 44 % restante tenían de quince a diecisiete años.

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Sin embargo, estos son apenas los datos que alcanzan a conocer las autoridades. Según el Organismo de las Naciones Unidas para la Migración (OIM), quienes padecen este delito viven coaccionados, dominados, manipulados y sometidos a servidumbre. Esto lleva a que guarden silencio, por lo que la mayoría de los casos quedan en la impunidad.

Si bien todos los casos tienen en común que la víctima es tratada como objeto o mercancía, también se encuentran similitudes en los factores de riesgo. De acuerdo con la OIM, en la lista de detonantes están la desigualdad, la pobreza, la erotización del cuerpo infantil, la explotación económica temprana, el desplazamiento, los conflictos armados y la violencia intrafamiliar (sexual, abandono o maltrato).

En las calles de la capital

Contrario a la creencia de que la prostitución y la explotación sexual se concentran en determinados barrios de Bogotá, lo cierto es que es un delito que se presenta en todos los lugares de la ciudad. Así lo demostró un estudio del Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y la Juventud (Idipron), que analizó, clasificó y georreferenció los casos que se descubrieron en los últimos cuatro años, para poder perfilar con mayor precisión este flagelo. Para comenzar, la investigación logró establecer que la explotación se presenta con mayor frecuencia en algunos barrios de las localidades de Los Mártires, Santa Fe y Chapinero (ver gráfico).

El informe logró incluso determinar los eventos donde más casos se registran: las famosas “chiquitecas”, donde se exponen a los menores al consumo de drogas y licor, y a actividades que conllevan riesgos para su integridad. Esta práctica también ocurre en espacios públicos como plazas de mercado, centros comerciales, parques y colegios. Allí, los menores son forzados a participar en encuentros sexuales a cambio de remuneración o seguridad. Finalmente, están los barrios ubicados en inmediaciones de las ollas dedicadas al expendio de estupefacientes.

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Este es el panorama frente a los hechos que alcanzaron a conocer las autoridades, pues la gravedad y la magnitud de este delito va más allá. Como la explotación sexual de menores está enmarcada en lógicas de la clandestinidad urbana, hay muchos casos que no se alcanzan a conocer. Según Wilfredo Grajales, director del Idipron, este delito “no un fenómeno exclusivo de la calle. No son los niños que se ven en los semáforos, son los que están detrás de los muros. La explotación sexual de menores se da escondida y eso se ha naturalizado”.

De ahí que resalte la necesidad de que las autoridades se concentren en investigar con mayor precisión otros sitios, como moteles o residencias, pero con mayor insistencia en muchos hogares, que son escenarios de explotación. Según el Idipron, preocupa que en varias ocasiones las viviendas son prestadas por los mismos padres de las víctimas.

Al abordar la complejidad de este delito, Katherine Jaramillo, representante de la Fundación Social Think en alianza con la Fundación Sexo Con Ropa, aseguró que “en Bogotá la indolencia frente a la explotación sexual es evidente. En la cultura se ha normalizado ver a menores en las calles. Ellas no están trabajando, están siendo explotadas”.

En este punto coincide Grajales, para quien además “es peligroso cómo en la sociedad hay una doble moral con los niños. Unos son importantes y otros no. Y por su condición de vulnerabilidad, muchos desconfían de las instituciones y del Estado. Tenemos que hablar, concientizar y actuar sobre los delitos que están atentando contra los derechos de todos los niños”.

 

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