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Bogotá cerró la tercera edición de Vallenato al Parque con un aumento en la asistencia y un movimiento económico que muestra la manera en que eventos culturales de esa magnitud generan beneficios más allá de los escenarios. Durante los dos días del festival, más de 44.000 personas participaron en la programación y los asistentes realizaron consumos por cerca de COP930 millones dentro del evento.
El dato corresponde a la Dirección del Observatorio y Gestión del Conocimiento Cultural, que le hizo un seguimiento detallado al comportamiento económico de quienes sistieron al festival. La cifra incluye los gastos realizados por los asistentes dentro del evento y no corresponde al impacto económico total que pudo generar la actividad en otros sectores de la ciudad.
La programación reunió a artistas de distintas generaciones y corrientes del vallenato, entre ellos Beto Zabaleta, Farid Ortiz, Los Diablitos, Otto Serge, Amín Martínez, Jorge Pabuena, Silvio Brito, Elder Dayán, Rafa Pérez, Los K Morales, Karen Lizarazo y Ana del Castillo.
Solidaridad a ritmo de acordeón
Además de los conciertos, la tercera edición estuvo acompañada por actividades que buscaban ampliar la participación del público y vincular el festival con otras dinámicas de la ciudad. La organización también destacó las ayudas recolectadas para las personas afectadas por el terremoto del pasado 10 de agosto.
El concejal Rolando González, autor del proyecto que dio origen a Vallenato al Parque, destacó el crecimiento de la iniciativa y planteó como reto mantener el aumento de participantes en las próximas ediciones.
“Nos sentimos muy orgullosos de lo que se ha construido en torno a este gran festival”, señaló González, quien también agradeció a quienes participaron en las ayudas destinadas a las víctimas del terremoto.
Más allá de los artistas y los análsis que dan cuenta de un festival en crecimeinto, las cifras de esta tercera edición muestran que Vallenato al Parque empieza a ocupar un lugar propio en la agenda cultural de Bogotá: una cita capaz de convocar a decenas de miles de personas alrededor de una música que, aunque tiene sus raíces lejos de la capital, es parte de la cotidianidad y de las múltiples maneras de contar y de vivir la ciudad.
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