
Venta informal.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
Detrás de la imagen de un kiosko de ventas en el espacio público o un señor o señora en semáforos vendiendo bebidas energizantes o helados hay una realidad que no se puede obviar en Bogotá: la prevalencia del vendedor informal, personaje que envejece, pero se niega a desaparecer en medio de las dinámicas y las tensiones en un espacio público cada vez más saturado. Si bien, la ciudadanía crece a pasos agigantados y pide a gritos más espacio, las ventas informales también, siendo el sustento de 95.000 personas, gran parte ellas, mayores de 60...

Por Juan Camilo Parra
Periodista egresado de la Universidad Externado de colombia con experiencia en cubrimiento de orden público en Bogotá.jparra@elespectador.com
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