9 Jul 2021 - 7:44 p. m.

OPINIÓN: Vicios del progreso

La larga historia de destrozos naturales, de desalojos, de crímenes de toda índole en nombre del desarrollo, así como el uso inmundo de las virtudes de máquinas y de las tecnologías, comprueban con creces que el progreso íntegro ha de ser necesariamente ético, ha de suceder al tiempo con el progreso del ser.

Motivó esta columna el artículo que desde Honduras escribe el fotógrafo y periodista español Javier Sulé. Dice el cronista: “En el municipio de Namasigüe el agua es un recurso que escasea y ahora más desde que la empresa noruega Scatec Solar, con falsas promesas, deforestó la única zona boscosa para instalar su empresa de energía solar fotovoltaica, lo que ha provocado el aumento de la temperatura por el reflejo del sol sobre las gigantescas placas y la desaparición de las quebradas.

Denuncian los oriundos que la estrategia del gobierno fue manipular la información. Primero dijeron que el proyecto iba a ser una melonera, después que una empresa cañera y en 2017 ya quedaron instaladas las placas fotovoltaicas con irregularidades ambientales.”

Más que paradójico es decepcionante que precisamente una empresa de energía limpia, tan pertinente para mitigar el calentamiento global, impuesta con la lógica codiciosa del capitalismo, en vez de asumir la sostenibilidad ambiental destruya los ecosistemas.

Por la misma ambición capitalista algunas zonas colombianas están padeciendo el deterioro ambiental causado por la siembra desaforada de aguacate Hass, actualmente con mucha demanda en Asia y Europa. Esta variedad transgénica creada en California, con buena adaptación al clima y al suelo de la otrora zona cafetera, absorbe gran cantidad de agua, y, dada las muchas hectáreas abruptamente sembradas, se chuparon las fuentes hídricas subterráneas y arruinaron la flora oriunda, afectando la biodiversidad y hasta la vida de los pobladores.

Mas grave la ilícita deforestación de selvas en la Amazonia para imponer gigantescos cultivos de palma africana, en algunos casos con la comprobada anuencia de Fedepalma, entidad supuestamente comprometida con la protección de los ecosistemas y en contra de incendios forestales y todo crimen ambiental.

Será siempre una fatalidad ineludible que todo progreso, desde la noción del capitalismo, traerá consigo, además de los beneficios, colaterales afectaciones y abusos de los recursos naturales y usos inhumanos e inmundos, así: a los comercializadores de energía eléctrica no les importa represar un río, inundar parajes para imponer colosales hidroeléctricas.

En sentido parecido, para los militares el descubrimiento de la electricidad los llevó a inventar La silla eléctrica como un desarrollo del patíbulo. Para ellos también fue prioritario desarrollar el uso bélico de la energía atómica, creando bombas de destrucción masiva, antes que domesticar esa energía para crear pilas atómicas que remplacen el combustible fósil o mitiguen la construcción excesiva de embalses para centrales hidroeléctricas.

A mí me cuesta cacumen considerar progreso el que un médico cirujano, Joseph Guillotín, haya sido quien inventó y propuso la guillotina como método para decapitaciones más limpias que las que cumplían los verdugos con hachas de leñadores, también me aterra considerar instrumento de progreso a las modernas motosierras útiles para talar bosques y también para descuartizar personas.

Ciertamente, para la construcción de la infraestructura vial y urbana, para la construcción de rascacielos y de urbanizaciones, se requiere la destrucción de los cerros de dónde se extraen el cobre, el hierro, el cemento, la arena, la arcilla, todo los insumos para el desarrollo de las ciudades, y esas destrucciones, en términos de la eficiencia y la ganancia capitalista, se quedan así porque no es rentable enmendarlas, como tampoco es negocio que a las industrias constructoras se les obligue a indemnizar a las poblaciones que perdieron las serranías, que padecen la destrucción de la flora y de la fauna, de su ambiente natural original.

Estas denuncias de los vicios del progreso son desvirtuadas por los fanáticos del desarrollo en términos capitalistas, como apologías al atraso, porque el desarrollo codicioso se instauró abrupto, irrespetuoso e indolente con las especies naturales y con las comunidades nativas. Es un desarrollo inmediatista, le interesa generar plusvalía rápidamente, sin prever, sin invertir para el buen devenir de las regiones que explotan y una vez les han escuchado sus recursos las abandonan a su suerte.

La larga historia de destrozos naturales, de desalojos, de crímenes de toda índole en nombre del desarrollo, así como el uso inmundo de las virtudes de máquinas y de las tecnologías, comprueban con creces que el progreso íntegro ha de ser necesariamente ético, ha de suceder al tiempo con el progreso del ser.

Qué sería de las bondades del progreso industrial, de las ventajas que nos brindan los cada vez más veloces y cómodos vehículos para tierra, mar y aire, los electrodomésticos , los computadores, los teléfonos, si a la par la humanidad no hubiese conquistado progresos sociales que aseguran, desde las Constituciones, la seguridad social, la protección de los derechos fundamentales, la valoración de las libertades individuales con prevalencia de la pluralidad, el respeto a las diferencias étnicas, a la libre elección de identidad de género. Sin duda para el progreso íntegro del ser humano no bastan los productos que ofrece la sociedad de consumo, hace falta que progresemos también hacia la convivencia armoniosa, hacia la justicia social, hacia la protección de los entornos naturales, hacia la equidad en oportunidades para el goce de derechos y de instantes felices.

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