
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Hablar del río Bogotá, y de cualquier intento por protegerlo y descontaminarlo, exige partir de una verdad incómoda: la región se planeó, y ha vivido durante décadas, a espaldas del agua que la sostiene. En ese escenario de olvido institucional, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) y la Alcaldía de Villapinzón, donde nace el río, formalizaron este jueves un convenio técnico-científico que busca atacar uno de los focos de contaminación más antiguos de la cuenca alta: la industria de las curtiembres.
Un territorio que ignoró el agua
La crisis en Villapinzón no es un hecho aislado, sino el síntoma de un problema estructural. Como lo explica el exgerente de la RAP-E, Ricardo Agudelo, Bogotá y sus municipios vecinos se expandieron ignorando su base hídrica. Bajo un modelo que priorizó el soporte inmobiliario y la expansión industrial sobre el ecosistema vivo, se borraron humedales, se urbanizaron rondas de ríos y se maltrataron los páramos.
Las consecuencias de este crecimiento sin control son hoy una urgencia matemática: la demanda de agua en la región ya supera la oferta en un 43 %. De seguir bajo este esquema, el suministro y la contaminación alcanzarán niveles imposibles de asumir para una población que no detiene su crecimiento.
El convenio: ciencia contra el vertimiento
El nuevo acuerdo busca articular la experiencia del Laboratorio Ambiental de la CAR con el trabajo territorial del Centro Tecnológico del Cuero. El objetivo es realizar muestreos, monitoreo y seguimiento técnico a la calidad del agua para reducir los vertimientos en el municipio que le da vida al río.
En la @CAR_Cundi firmamos convenio con la alcaldía de Villapinzón y el Centro Tecnológico del Cuero para hacer muestreos, seguimiento técnico y fortalecer buenas prácticas ambientales en el sector curtiembre.
— Alfred Ballesteros Alarcón (@Alfred_Balle) April 2, 2026
Nuestro objetivo: Proteger el río Bogotá y demás fuentes hídricas,… pic.twitter.com/dWLNeZvXW7
“El enfoque no es solo de control, sino también de mejora continua, buscando que el sector cuero avance hacia procesos más limpios y técnicamente respaldados”, afirmó Carlos Rodríguez, director de Modelamiento Ambiental de la CAR. El convenio establece un cronograma con actividades y responsables específicos, intentando poner orden en una zona donde la minería, los escombros y las curtiembres generan el primer gran impacto negativo sobre el afluente.
Una cuenca bajo presión judicial
Entre tanto, este esfuerzo en la parte alta coincide con una inversión de COP 60.300 millones suscrita a inicios de este año entre la CAR y la RAP-E para impulsar la recuperación de las cuencas alta y media. No obstante, el debate de fondo sigue siendo normativo: las reglas que definirán qué se puede construir en la sabana y qué se debe proteger.
Esta discusión está hoy en manos del Consejo Estratégico de la Cuenca Hidrográfica del Río Bogotá (CECH), entidad encargada por el Consejo de Estado de liderar la concertación sobre los lineamientos que eviten repetir los errores del pasado. Mientras en la parte baja los ríos Salitre, Fucha y Tunjuelo siguen arrastrando descargas masivas, la apuesta en Villapinzón busca que el río Bogotá deje de nacer sentenciado a la suciedad.
Para conocer más noticias de la capital y Cundinamarca, visite la sección Bogotá de El Espectador.
