Cada 29 de diciembre la familia Toloza y Bareño realiza un encuentro de hermanos y primos que, aunque originarios de Arauca y Cúcuta, están esparcidos por todas partes. “Pero este año no estaremos completos”, dice Hendrik Bareño, hermano de Yulixa Toloza, mientras busca por el sector de Paloquemao, en Bogotá, donde comprar un CD “de 8 GB”. El objetivo de la compra es poder anexar la información que le exigían para recibir el cuerpo de la estilista de 52 años, a quien supuestos médicos la habrían dejado morir, después de practicarle un dudoso procedimiento estético. “No entendemos por qué no la llevaron a una clínica”, dice mientras buscaba una papelería, donde sólo había ferreterías.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar
Hendrik es uno de los tres hermanos mayores de Yulixa. No de sangre, porque Yulixa era hija de otra mamá, sino, “de corazón”, dice. “Ella vivió con nosotros, junto a Alex y Sahir, desde los dos años. Siempre fue nuestra hermana”. Por eso, durante los seis días que estuvo desaparecida (desde el pasado 13 de mayo), él y su familia sufrieron “angustia e incertidumbre”. Ahora, dice, los invade una tranquilidad incompleta, que llegó con la noticia del hallazgo del cuerpo, en Apulo (Cundinamarca), y de la captura de los cinco implicados en su muerte.
“Estamos un poco tranquilos, porque apareció. Tristes, porque no como queríamos. Ahora todo es paso a paso. Toca empezar a mirar. No tenía un plan exequial”, dice Bareño. El alcalde de Arauca le dijo a la familia que le iba a colaborar.
Impresionado por no encontrar un CD con esa capacidad, emprendiendo una nueva marcha a otra tienda, Hendrik cuenta que, a diferencia de su hermana que llevaba cerca de 18 años, él llegó a vivir a la capital hace siete meses. “Vivía en Cúcuta y desde septiembre estoy acá por trabajo. Con Yuli nos veíamos, pero no todos los días. Ella vivía allá en Bosa y yo por esta zona”.
De Arauca a Cúcuta, de Cúcuta a Bogotá
Yulixa nació en Arauca. Morelia Devia, su prima, cuenta que, a pesar de eso, gran parte de su vida transcurrió en Cúcuta. Para explicar por qué Yulixa no fue criada por su mamá biológica Hendrik relata: “La mamá de ella vivía en Arauca. Allá todos tienen la costumbre de decirse ‘pariente’ y así mismo se llegan a considerar. Como mi mamá era madrina de la mamá de Yuli mi papá siempre quiso tener una niña —pero tuvo tres hombres—, parece que en algún momento hablaron con ella y le dijeron: ‘Mándemela, que nosotros la criamos’. Y así fue. Nos la mandó desde que ella tenía dos años”.
Al tiempo que creció alejada de su madre, dice Hendrik, “mi mamá siempre tenía comunicación con la mamá de ella. Tengo entendido que Yuli hace algunos años se volvió a encontrar con su mamá biológica, aunque ella decía que mi mamá era su mamá”. Aun cuando después conoció a los otros hermanos de sangre y sus sobrinas le empezaron a decir tía, “ella decía que nosotros éramos su familia. Y así fue siempre. Prácticamente se quedó con nosotros”, agrega el hermano mientras se acerca a otra miscelánea a preguntar el famoso CD.
¿A qué se dedicaba en Cúcuta? “En Cúcuta, cuando cumplió 18 años, se casó y al año se separó. Entonces volvió a la casa, pero era independiente, trabajaba y hacía sus cosas desde muy joven”.
Administró varios locales de ropa y comerciales. “Puro comercio”. Después, tanto Hendrik como su hermano mayor se vinieron para Bogotá. “Entonces ella también se vino para acá. Mi hermano mayor, con quien tenía una relación cercana, se fue a Estados Unidos, pero ella se tuvo que quedar. Por más que intentó sacar visa, no lo consiguió”.
“Ella no tuvo hijos”, añadió Morelia Devia, quien de tanto en tanto habla por celular y pregunta en tiendas. “Sus hijos eran los hijos de su hermano. Siempre ha ido detrás de ellos”.
Por el talante trabajador que siempre la ha caracterizado, señaló Morelia, ella montó un salón de belleza en Bosa, Laureles. “Cortaba, pintaba, arreglaba uñas, ponía pestañas, todo eso. Se dedicaba a ese arte”. Llevaba como 15 o 20 años con el salón de belleza. Se especializó en eso y lo sacó adelante. Allá la quieren mucho. “Como le digo, ella desde los 18 años fue muy independiente y siempre respondió por ella misma”, repitió su hermano.
La distancia, aún dentro de la ciudad, llevaba a que la familia mantuviera una tradición: reunirse cada 29 de diciembre. “Todos los años nos reuníamos. Mi mamá cumplía el 29 de diciembre, entonces era fijo que todos, donde estuviéramos, llegábamos a pasar Año Nuevo y, sobre todo, a celebrar su cumpleaños. Después mi mamá murió, pero seguimos reuniéndonos todos los años. Mi hermano y su papá se unieron también y seguimos haciendo la reunión”.
“No la hubiéramos dejado”
Pensando en esa reunión que no se dará este año, Hendrik añade: “ahorita mi hermano mayor cumple 60 años. Había planeado con Yuli un viaje por la Riviera Maya. Ella ya estaba inscrita en ese paseo, había comprado los pasajes y todo. Era en agosto”, dice mientras espera a que el semáforo se ponga en rojo. “Entonces yo no sé si fue a raíz de eso”, agrega, “que quiso hacerse su procedimiento. Y consideramos que las amigas también la convencieron porque confiaban en que otras ya habían salido bien. Creo que no nos dijo porque sabía que le íbamos a decir que no lo hiciera”.
Sobre el procedimiento estético, su prima es consciente de los riesgos y afirma que ningún familiar sabía. “Nunca lo hubiéramos aceptado”. Su hermano refuerza la idea: “todo pasó sin que nosotros supiéramos. Yo me enteré a las 10 de la noche por redes sociales. A las 11 ya habíamos llegado al sitio y de ahí empezó todo esto”.
“Ese miércoles 13 de mayo”, sigue Morelia Devia, “a las 10:00 de la noche me llamó mi mamá y me dijo: ‘Mira lo que están diciendo de Yulixa’, y me mandó el video que todos conocen, donde se le ve sentada en mal estado. Al mismo tiempo —continuó— me llamó la hermana, que está en Arauca, y le dije: ‘Esa no es Yulixa’. Ella no se fue a hacer una cirugía de esas”.
Hendrik dice que, en los últimos días, ha hablado con varias amigas de su hermana: “muchas se habían practicado procedimientos allá y habían salido bien. Otras, no tanto”. Incluso, cuenta el hombre, una amiga de Yulixa le aseguró que le advirtió que no se lo hiciera, que ella había tenido problemas. “Nos dijo textualmente: ‘Casi me voy, casi me quedo’”.
Las capturas
En medio de más semáforos y preguntas en misceláneas, donde había CD de máximo 700 megabytes, el hermano de Yulixa se refirió a las cinco capturas del martes, entre ellos, el supuesto cirujano, la dueña y administrador del sitio clandestino donde le infringieron el procedimiento que habría ocasionado la muerte de Yulixa.
“Nos sentimos felices, un poco aliviados. Es un alivio saber que los capturaron. La idea es que se les haga un juicio y que no los suelten, que no pase nada. Si los sueltan, van a seguir haciendo lo mismo y va a haber otra víctima. De acuerdo con lo que nos han dicho, parece que ellos ya en Venezuela habían tenido un caso parecido y por eso se vinieron para acá. Entonces parece que esto ya era algo normal para ellos”.
¿Qué les dirían ustedes a esas personas? “No entendemos por qué no la llevaron a una clínica. De pronto pudo haberse salvado. En vez de haberla llevado a botarla, la hubieran dejado en un centro médico. No entendemos eso”, repite.
Ya sin muchas esperanzas de encontrar un CD de 8 gigas que al parecer nunca existió, el hermano y la prima de Yulixa resuelven comprar una USB, esperando que sea suficiente al requerimiento de la Fiscalía. “Tienen que entender que una vida es valiosa y que afecta a muchas personas. No solamente se pierde una vida, sino que alrededor hay mucha gente que quiere a esa persona y que la va a extrañar. Muchas personas estamos golpeadas por esa decisión”.
De nuevo en la puerta de las instalaciones del ente investigador en Paloquemao, la prima de Yulixa se despide y se sumerge en la pequeña puerta escoltada. Su hermano, antes de seguirla, dice, como si ese pensamiento lo estuviese increpando todo este tiempo: “Nosotros siempre esperábamos esas reuniones de reencuentro familiar”.
Para conocer más noticias de la capital y Cundinamarca, visite la sección Bogotá de El Espectador.