30 Apr 2018 - 2:05 p. m.

ADN, el cabo suelto que dejó un asesino hace 40 años

Una base de datos pública de material genético permitió al FBI y la Policía de Sacramento atrapar a Joseph James DeAngelo, acusado de 45 violaciones y 12 asesinatos entre 1976 y 1986.

Redacción VIVIR

Retrato del Golden State Killer divulgado por el FBI en 2016.  / FBI
Retrato del Golden State Killer divulgado por el FBI en 2016. / FBI

Jane Carson-Sandler fue la quinta víctima del Golden State Killer. El 5 de octubre de 1976, a las 6.30 de la mañana, dormía cuando sintió un cuchillo de cocina contra su pecho. Luego la voz de un hombre: “Cállate o te mato”. Nunca vió su cara. La cubría un pasamontañas. El hombre rasgó las sabanas con el cuchillo, fabricó unos jirones de tela y con ellos la ató de pies y manos. También a su hijo de tres años que dormía a un lado.

El hombre llevó al niño a otra habitación. Luego regresó a su lado y la violó. Su caso junto al de otras 45 mujeres violadas bajo el mismo patrón y 12 asesinatos, registrados entre 1976 y 1986, permanecieron apilados sin salida en los archivos de la policía. Pasarían cuatro décadas hasta que Carson-Sandler pudo saborear algo parecido a la justicia. La semana pasada fue contactada por la Policía de Sacramento: tenían un sospechoso, un ex policía, Joseph James DeAngelo. Todo apunta a que DeAngelo es el famoso Golden State Killer.

“La respuesta siempre estuvo en el ADN y siempre estuvo aquí, en Sacramento”, dijo en una rueda de prensa la fiscal del condado, Anne Marie Schubert. No se revelaron muchos detalles más allá de eso. El sheriff de Sacramento, Scott Jones, añadió que al llegar al barrio Citrus Heights y entrar en la vivienda de DeAngelo, el sospechoso “parecía confundido”. Luego de cometer su estela de crímenes y desaparecer del radar de las autoridades, el sospechoso se dedicó a una vida familiar.

A diferencia de muchos norteamericanos, Yaniv Erlich, genetista de la Universidad de Columbia radicado en Nueva York, no se sorprendió con la noticia. De acuerdo con Jon Cohen, de la revista Science, Erlich había advertido en un artículo de junio de 2014, que las bases de datos genéticas como GEDmatch, en las que las personas voluntariamente suministran sus propias secuencis de ADN, permitirían este tipo de búsquedas y triangulaciones.

La policía aún no ha revelado detalles precisos sobre cómo usaron GEDmatch u otros sitios similares, pero Erlich cree que posiblemente llegaron hasta el asesino a partir de una coincidencia con el ADN de algún familiar, probablemente un primo hermano. Erlich conjeturó en una entrevista para la revista de ciencia, que una vez identificado el parentezco en el ADN debieron contactar a la persona y pedirle cooperación. “Cuando se reúnen, dicen que están investigando este tipo de cosas y necesitan repasar su árbol genealógico. No es muy agradable decir que no. Entonces, si tienes 20 personas en el árbol, es bastante trivial buscar a la persona que estás buscando, que es bastante mayor, es hombre, vive en California y, según algunas de las víctimas, tenía los ojos de color claro”

El caso ha vuelto a despertar los riesgos de privacidad asociados a estas empresas que ofrecen a sus clientes la posibilidad de rastrear familiares, su árbol genealógico o posibles riesgos de enfermedades. “No es que las personas comprendan completamente las consecuencias de poner su ADN en una base de datos pública”, comentó Erlich. Para Sandler, la mujer víctima del violador, la discusión sobre privacidad es trivial al lado de la posibilidad de justicia. Luego de ser contactada por dos investigadores le dijo al diario The Island Packet : “Estoy superada por la alegría. He estado llorando y sollozando”.

 

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