Alfonso Enrique Chinguad durante un intercambio de semillas en Cumbal (Nariño).
Foto: César Giraldo Zuluaga
No han pasado ni diez minutos desde que llegamos a la casa de Alfonso Enrique Chinguad, en la vereda Tasmag del Resguardo Indígena del Gran Cumbal (Nariño), y sobre un costal blanco, en el piso, ya reposan más de 15 variedades de papas (Solanum tuberosum L.).
Un par de ellas resultan familiares. Tienen la forma y el color de dos de las papas más conocidas por la mayoría de los colombianos, la pastusa y la criolla: una redondez irregular, tan grandes como una pelota de tenis y de ping-pong, de un café polvoriento y un amarillo...
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