Hace 53 años, con la última misión del programa Apolo en 1972, la humanidad se marchó de la Luna y no regresó. Este 1° de abril—luego de algunos ajustes al cohete más potente de la historia de la agencia espacial estadounidense, la NASA— se abre una nueva ventana para una misión que no solo busca regresar a los humanos al satélite natural de la Tierra, sino que llevará a astronautas más lejos que nunca de la Tierra: hasta unos 443.849 kilómetros de distancia.
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Mientras usted lee estas líneas, el Space Launch System (SLS), el vehículo de lanzamiento principal —que mide 98 metros, pesa alrededor de 4.990 toneladas y cuyo funcionamiento puede ver en la infografía que acompaña estas páginas— se encuentra aparcado en el Kennedy Space Center, en Florida (EE. UU.) y apuntando a un destino que la humanidad lleva milenios contemplando: la Luna.
“Es nuestra esperanza que esta misión sea el inicio de una era en la que cada persona en la Tierra pueda mirar a la Luna como un destino”, contó en una rueda de prensa previa al posible lanzamiento Cristina Koch, astronauta de la misión Artemis II y la primera mujer en realizar un viaje a la Luna.
Se trata de una misión de “primeras veces” para la NASA y otras agencias espaciales involucradas en el programa espacial, como la europea (ESA) y la canadiense (CSA). El piloto, por ejemplo, será Victor Glover, el primer afroamericano en viajar a la órbita lunar, y Jeremy Hansen, especialista de misión, será el primer canadiense en viajar a la Luna. Y esto no es todo. Será la primera vez que una tripulación humana, que contará con cámaras de última generación para compartir la experiencia con la humanidad, verá con sus propios ojos, si dan las condiciones lumínicas, el denominado lado oscuro de la Luna.
Incluso el regreso romperá récords, pues se estima que la velocidad de ingreso a la Tierra de la nave Orión, diseñada por la ESA y que será la encargada de transportar a los astronautas, sea de más de 40.233 kilómetros por hora antes de amerizar en el océano Pacífico.
A pesar de estas novedades y de un largo historial de retrasos, los equipos de la NASA se mostraron seguros durante las últimas ruedas de prensa, en las que se confirmó un 80 % de favorabilidad de lanzamiento de la misión y en las que se contó cómo, durante la última reunión del equipo de manejo del programa, no hubo preguntas o dudas adicionales sobre el lanzamiento. Además, se señaló que se tiene la confianza de más de 25 años de operaciones en la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés).
Como expresó en una rueda de prensa Charlie Blackwell-Thompson, la directora de lanzamientos del programa, “es un momento emocionante para la humanidad. Vamos a ver si está listo, pero todos los indicadores apuntan a que va a ser así”.
“Estamos viendo hoy planes que hace un par de años parecían de ciencia ficción, pues la Luna es solo un paso para llegar, por ejemplo, a Marte o Venus. Es algo que llevamos esperando por muchos años, y que sin duda tendrá profundas implicaciones sociales y culturales, como ocurrió con el programa Apolo”, aseguró Santiago Vargas, investigador del Observatorio Astronómico de la Nacional de la Universidad Nacional (Unal), a este periódico.
¿Qué pasará este miércoles?
El conteo para el lanzamiento ya inició, y según precisaron los investigadores de la NASA, se deberán cumplir más de 500 condiciones técnicas antes de que se dé la luz verde para el despegue, que podría darse, en caso de que se presenten complicaciones, a más tardar el 6 de abril, cuando culmina la ventana de tiempo en que la Luna está más cerca de la Tierra —a unos 386,000 kilómetros—. Para este miércoles se contará con un espacio de dos horas en el que el lanzamiento será posible.
Entre los factores clave para que suceda estarán las condiciones meteorológicas, en especial la nubosidad,que, según la más reciente rueda de prensa de la NASA, sigue siendo favorable , así como la actividad solar. Esta última ha mostrado un ligero aumento por erupciones recientes, aunque por ahora se mantiene apenas por encima de los niveles habituales.
Por su parte, según precisó Blackwell-Thompson de la NASA, de darse las condiciones, los astronautas pasarán al famoso “cuarto blanco” alrededor de la 1:00 p.m. (hora colombiana), momento que representa una antesala entre la Tierra y el espacio. Se trata de una pequeña sala ubicada al final del brazo de acceso en la torre de lanzamiento, justo antes de la nave. Es el último punto por el que pasan los astronautas antes de abordar la nave espacial. Se trata de un ambiente limpio y controlado en el que técnicos realizan revisiones finales a sus trajes y equipos, verifican sistemas de comunicación y abren la escotilla para que ingresen a la cápsula Orión.
En las horas previas al lanzamiento, los ingenieros de la NASA empezarán a llenar el cohete principal con más de 537.000 galones de hidrógeno líquido y 196.000 galones de oxígeno líquido que, al mezclarse, propulsarán a la nave espacial Orion.
De cumplirse las condiciones, iniciará la ignición de los cohetes que sacarán a los astronautas y a su equipamiento fuera de la órbita de la Tierra. Durante un día, los astronautas, a bordo de la nave Orión, darán dos vueltas alrededor del planeta revisando el estado de la nave, así como de los sistemas de navegación y monitoreo de la misión Artemis II. Al comprobarse que se cumplen los requerimientos, la nave utilizará la gravedad de la Tierra para catapultarse hacia la Luna, en un viaje que tomará cerca de cuatro días.
La NASA transmitirá casi la totalidad del viaje a través de sus redes sociales (como Youtube, X, Facebook y, entre otros, Twitch), y además dará ruedas de prensa casi diarias sobre la evolución de la misión.
Un impulso a la ciencia internacional
Uno de los objetivos de la misión es avanzar, según explica la NASA, en investigaciones científicas que sirvan de base para futuras misiones espaciales tripuladas. Uno de los puntos centrales será la salud de los astronautas durante viajes espaciales, por ejemplo, al supervisar su bienestar, su actividad y sus patrones de sueño, así como investigar los efectos del aumento de la radiación y la microgravedad en la salud de la tripulación.
Aunque se trata de la primera misión tripulada del programa, la misión Artemis I transportó dos maniquíes llamados Helga y Zohar para medir las dosis de radiación y asegurar la seguridad de los astronautas. “Durante estas pruebas se encontró que la navegación alrededor de la Luna es algo diferente de lo que se esperaba, pues ocurren, por ejemplo, menos eclipses, por lo que tenemos buenas experiencias de aprendizaje”, comentó Emily Nelson, directora de vuelo de la misión Artemis II.
Además de esto, los astronautas documentarán sus observaciones mediante fotografías y grabaciones de audio para contribuir a que los científicos comprendan mejor la Luna y uno de sus lados menos explorados.
La misión también llevará seis de los denominados Cubsats, que son instrumentos del tamaño de una caja de zapatos para realizar demostraciones tecnológicas y experimentos científicos. Entre estos se encuentran instrumentos construidos por científicos alemanes, coreanos, saudíes y argentinos.
En el caso de este último, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales de Argentina (Atenea) recopilará datos sobre las dosis de radiación en distintos métodos de blindaje, medirá el espectro de radiación alrededor de la Tierra, captará datos de GPS para ayudar a optimizar el diseño de futuras misiones y validará un enlace de comunicaciones de largo alcance.
Sobre la importancia de estas misiones, Vargas, de la Unal, señala que a menudo se pasa por alto un como la tecnología espacial, como los satélites, no solo sirve para explorar el universo, sino que ha permitido entender mejor la Tierra, al monitorear fenómenos como la capa de ozono o la deforestación. “Algo similar ocurre con la exploración de otros planetas: al estudiarlos, también nos vemos reflejados en ellos. Casos como Venus y Marte, que en el pasado tuvieron condiciones parecidas a las de la Tierra, funcionan como un espejo para comprender la evolución y los posibles futuros de nuestro propio planeta”, sostiene Vargas, de la Unal.
Vargas asegura que en Colombia se están adelantando iniciativas para que el país desarrolle los Cubsats para avanzar en la participación colombiana en la exploración del universo. “Vale señalar que siempre en estos equipos de la NASA hay científicos e ingenieros colombianos, pero hay que insistir para que el país invierta más en este campo”.
Según contó en una rueda de prensa Amit Kshatriya, administrador adjunto de la NASA, luego de esta misión se tiene programado un aterrizaje no tripulado para 2027, y para 2028 se tiene la fecha para un alunizaje, con el objetivo de que mujeres y hombres den pequeños pasos sobre la superficie lunar, pero gigantes para la humanidad y la exploración del universo.
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