La Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC) acaba de autorizar a la empresa Reflect Orbital Inc. a lanzar y operar un satélite experimental llamado “Earendil-1″, destinado a probar una tecnología inédita y que está inquietando a los científicos: reflejar la luz del Sol desde el espacio hacia zonas específicas de la Tierra.
La propia empresa describe a Earendil-1 como un “banco de pruebas crucial” para una tecnología de reflectores espaciales que podría servir para dirigir luz solar reflejada hacia áreas específicas. Según la solicitud, esta tecnología tendría posibles aplicaciones gubernamentales, comerciales y humanitarias, como prolongar las horas de funcionamiento de paneles solares o iluminar zonas donde se desarrollen operaciones críticas, por ejemplo, durante emergencias o desastres. Básicamente, lo que se busca es que cuando naturalmente sea de noche en un lugar, un reflector ubicado en el satélite desvíe parte de la luz del Sol hacia esa zona para generar iluminación adicional durante algunos minutos.
Según se detalla, el satélite operaría inicialmente a unos 510 kilómetros de altura y luego se ubicaría en una órbita de aproximadamente 625 kilómetros, desde donde realizaría los experimentos con el reflector. La licencia tiene una duración de dos años una vez que el satélite entre en operación y la empresa tiene plazo hasta 2032 para lanzarlo.
La autorización de la FCC no implica que la tecnología ya funcione. Lo que autoriza es precisamente realizar las pruebas en el espacio para comprobar si el concepto es viable. Además, la aprobación estuvo acompañada de varias condiciones y revisiones, ya que organizaciones como la American Astronomical Society (AAS) expresaron preocupaciones.
La AAS es la principal organización profesional de astrónomos de Estados Unidos. Es una sociedad científica fundada en 1899 que reúne a más de 8.000 miembros, entre ellos astrónomos, astrofísicos, científicos planetarios, educadores y estudiantes. En una petición formal presentada ante la FCC, la organización argumentó que un satélite diseñado para reflejar deliberadamente la luz solar podría interferir con las observaciones realizadas desde telescopios terrestres. Además, advirtió que, aunque Earendil-1 es un satélite experimental, podría sentar el precedente para el despliegue de una futura constelación de miles de reflectores espaciales, multiplicando ese impacto.
La sociedad científica también alertó sobre los posibles efectos del brillo del reflector en equipos de observación muy sensibles. Según la AAS, la intensidad de la luz reflejada podría dificultar o incluso afectar ciertas observaciones astronómicas, comprometiendo investigaciones que dependen de cielos nocturnos oscuros y estables. Otra de las inquietudes planteadas tiene que ver con la seguridad. La organización sostiene que reflejos intensos de luz solar podrían provocar deslumbramientos temporales en pilotos de aeronaves o incluso en conductores, dependiendo de la posición del satélite y del ángulo con el que la luz fuera reflejada hacia la superficie terrestre.
Finalmente, la AAS también advirtió sobre un posible aumento de la contaminación lumínica. Si este tipo de tecnología llegara a desplegarse a gran escala, dice, el cielo nocturno podría verse alterado por fuentes artificiales de luz, afectando no solo el trabajo de los astrónomos profesionales y aficionados, sino también a especies animales cuyos ciclos biológicos dependen de la oscuridad y, potencialmente, a los ritmos circadianos de las personas. Más allá de los posibles impactos, la organización cuestionó la decisión de la FCC de aprobar la licencia. A su juicio, la Comisión consideró que los efectos de reflejar luz solar desde el espacio están fuera de sus competencias regulatorias, lo que deja un vacío sobre quién debería evaluar las consecuencias ambientales, científicas y de seguridad de una tecnología como esta antes de que pueda escalarse comercialmente.
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