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Buscan revivir aves extintas con huevos sintéticos, pero el proceso genera dudas

Una empresa aseguró haber desarrollado un “huevo sintético” con potencial para traer de vuelta especies extintas. Sin embargo, algunos científicos cuestionan que existan datos que respalden estas afirmaciones.

Redacción Ciencia

21 de mayo de 2026 - 09:45 p. m.
¿Podría este huevo sintético devolver a la vida a aves extintas? La comunidad científica pide cautela
Foto: Colossal Biosciences
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En su sitio web, con un diseño que evoca las interfaces digitales de la ciencia ficción, la empresa de “deextinción” Colossal Biosciences aseguró haber logrado un avance en su controvertida apuesta por traer de vuelta a especies extintas, como el dodo o la moa gigante.

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En su nuevo anuncio, la empresa informó haber desarrollado un sistema sintético, construido con una membrana de silicona, en el que se consiguió que nacieran 26 polluelos sanos.

En contexto: Empresa que despertó controversia por clonar a lobo extinto ahora lo hará con un ave.

Según explica la empresa, el “huevo artificial” es un sistema de dos componentes: una membrana semipermeable, hecha a base de silicona, alojada dentro de una estructura rígida con forma hexagonal. La membrana está diseñada para imitar la función de intercambio de gases de una cáscara natural al permitir el paso de oxígeno, mientras retiene la humedad y bloquea contaminantes.

De acuerdo con los investigadores de la compañía, este sistema ha logrado un intercambio gaseoso comparable al de una cáscara biológica.

El anuncio generó revuelo en redes sociales, pero también en la comunidad científica, que cuestionó, por ejemplo, que este “avance” de la compañía se diera sin un artículo científico, revisado por pares, que respalde las afirmaciones de la compañía.

Por ejemplo, en una entrevista con la revista Nature, Paul Mozdziak, biólogo especializado en células madre de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, aseguró que “podría ser realmente importante, podría ser fantástico, pero sin datos, es realmente imposible evaluar cuál es su verdadero impacto”.

No es la primera vez que esta empresa estadounidense hace este tipo de afirmaciones. A mediados de 2025, la compañía anunció que había logrado con éxito “regresar de la extinción” al lobo terrible (Aenocyon dirus), una especie que habitó hace 10.000 años toda América.

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En ese momento, la empresa aseguró que reconstruyó el genoma de esta especie utilizando el ADN de un diente de este lobo que tenía 13.000 años de haberse extraído, además de un cráneo de 72.000 años.

Después, aislaron las células de lobo gris (Canis lupus), una especie que aún está viva. Lo hicieron por medio de su sangre. El objetivo era editar estas células para que coincidieran con el perfil genético del “lobo terrible”.

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Sin embargo, parte de las inquietudes que generó el proyecto es que no está claro si reconstruyeron el genoma completo, pues no lo han publicado, ni cuántas modificaciones tuvieron que hacer a las células de las especies cercanas para lograr el resultado que tuvieron.

Imagen divulgada por la compañía del "huevo sintético".
Foto: Colossal

A esta especie se suman las otras que ha anunciado Colossal Biosciences como parte de su objetivo, que también incluye al mamut y al tigre de Tasmania.

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Según le contó a la revista Nature, al preguntarle sobre el reciente descubrimiento, el CEO de la compañía aseguró que no tienen, por el momento, la intención de someterse a un proceso de un artículo científico. Sin embargo, la compañía aclaró que sí tiene la intención de vender esta tecnología para esfuerzos de conservación para especies en peligro.

La empresa también asegura que su objetivo es recuperar las especies para garantizar su conservación y la recuperación de los ecosistemas. Pero, tampoco se ha estudiado si las especies clonadas tendrían la capacidad de cumplir la misma función de las extintas en los ecosistemas.

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Una corta historia sobre “huevos sintéticos”

Como explicó, a través de un comunicado, Mike McGrew, embriólogo del Instituto Roslin y asesor científico de Colossal en materia de células madre aviares, “los sistemas de incubación sin cáscara utilizados hasta ahora se han enfrentado a un obstáculo constante: la mayoría requiere grandes cantidades de oxígeno concentrado adicional durante las últimas etapas del desarrollo, lo que conlleva el riesgo de dañar el ADN del embrión en formación. Las tasas de éxito con el uso de vasos de plástico, film transparente y otros recipientes artificiales han sido históricamente bajas”.

En ese sentido, esfuerzos para desarrollar este tipo de sistemas se vienen realizando desde hace décadas. Uno de los primeros modelos exitosos ocurrió en Japón, como se cuenta en esta nota, en 1998 con embriones de codorniz. En ese momento, los investigadores transfirieron el contenido de huevos naturales fertilizados a recipientes de vidrio después de incubarlos durante dos días.

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En particular, los investigadores buscan transferir estos contenidos a recipientes transparentes para poder hacer seguimiento de lo que ocurría en esos embriones.

Una de las complicaciones con estos sistemas, según le contó a Nature Yutaka Tahara, profesor del instituto Oihama de Chiba (Japón), es que estos requerían altos niveles de oxígeno suplementario, en particular a medida que se acerca el momento de la eclosión.

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En sus experimentos, Tahara encontró que con sus técnicas solo el 50 % de los huevos eclosionaban. Esta cifra, en el caso de la empresa, no ha sido revelada por Colossal Biosciences.

¿Un paso para la desextinción?

Según la compañía, este avance busca consolidar una de las etapas clave en la desextinción de aves: permitir el monitoreo de las ediciones genéticas y asegurar la fase final del proceso de traer de vuelta especies extintas.

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La moa fue un ave que alcanzaba los tres metros de altura y vivió en Nueva Zelanda.
Foto: Colossal Biosciences

“En el caso de las aplicaciones de desextinción, el huevo artificial está pensado como un recipiente de incubación para las últimas fases del desarrollo, no como el punto de intervención genética. Para crear un ave parecida al dodo o al moa gigante, los científicos de Colossal tendrían que introducir modificaciones genéticas específicas de la especie en una fase celular mucho más temprana”, explica la compañía en su página web.

En contraste, Nic Rawlence, genetista evolutivo de la Universidad de Otago (Nueva Zelanda), en conversación con Nature, aseguró que, de ser cierta, esta tecnología debería utilizarse para esfuerzos de conservación. “Eso es en lo que Colossal debería centrarse, en lugar de plantearlo todo desde el punto de vista de la desextinción”, sostuvo.

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