16 Apr 2020 - 9:03 p. m.

Buscando una sorpresa del universo en el confín del mundo

Mientras varios países están en cuarentena, el trabajo no se detiene en el Polo Sur para los científicos del IceCube, un observatorio cuyo objetivo es medir una de las partículas más curiosas del universo: los neutrinos.

Juan Diego Soler

El IceCube, un observatorio en el suelo antártico, es el detector de neutrinos más grande del mundo.  / Sven Lidstrom, IceCube - NSF
El IceCube, un observatorio en el suelo antártico, es el detector de neutrinos más grande del mundo. / Sven Lidstrom, IceCube - NSF

Si las medidas de contención del brote de COVID-19 lo hacen sentir tan aislado como un astronauta, apenas atado al mundo por el cordón umbilical de una pantalla, a lo mejor le puede reconfortar saber que en este momento hay humanos que continúan con sus labores en la desolación del Polo Sur. Es abril, y para los 42 habitantes de la Estación Amundsen-Scott no hay amanecer ni atardecer. En una continua noche, solamente los acompañan la Luna y el brillo rojizo del Sol bajo el horizonte, que desaparecerá en unas semanas para dejar una profunda oscuridad. A 2.800 metros sobre el nivel del mar, para ellos una temperatura de 30 grados centígrados bajo cero en el pronóstico del clima puede llamarse un día cálido.

Hasta la fecha no se han reportado infecciones de COVID-19 en el continente antártico y para ellos el trabajo no se detiene. La mayoría de los habitantes del Polo Sur en este instante son científicos. Hay especialistas en glaciares, meteorólogos, geofísicos, investigadores de física atmosférica y estudios biomédicos, astrónomos y físicos. Dos de ellos son los encargados de mantener la operación de IceCube, un observatorio compuesto por miles de detectores ubicados bajo el hielo antártico, distribuidos en un volumen de un kilómetro cúbico. Su objetivo: medir unas de las partículas más elusivas y curiosas que existen en el universo, los neutrinos.

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