En una excavación arqueológica conocida como Tequendama I, muy cerca de Bogotá, un grupo de científicos encontró la evidencia más antigua que se conoce en el mundo de la treponematosis, un grupo de infecciones bacterianas dentro de las que se encuentra la sífilis.
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Los científicos lograron identificar la enfermedad por medio de la secuenciación genética de los rastros contenidos en un esqueleto sepultado hace aproximadamente 5.500 años en este lugar. Tras varios análisis de laboratorio, lo confirmaron: se trata de Treponema pallidum, una de las bacterias asociadas a este grupo de enfermedades.
Antes de conocerse los resultados de esta investigación, publicada recientemente en la revista Science, la evidencia más antigua de esta bacteria en restos humanos databa de épocas coloniales, y los registros genéticos se extendían hasta unos 2.500 años atrás.
Este hallazgo es, también, un punto de quiebre importante para una discusión histórica, que se pregunta por el origen y la evolución de enfermedades como la sífilis. Como la gran mayoría de reportes corresponden a la época colonial, la ciencia no ha logrado definir si la enfermedad estaba presente en Europa antes de los viajes de Cristóbal Colón, o si fue un patógeno llevado desde América tras el primer contacto.
Los científicos que encontraron esta evidencia a pocos minutos de Bogotá tienen nuevas pistas para guiar la discusión.
¿La sífilis salió de América?
Tequendama I, una de las excavaciones arqueológicas más importantes de Colombia, se encuentra en Soacha, Cundinamarca, a un kilómetro de la cuenca del río Bogotá. Es un lugar fascinante para la ciencia, pues contiene arte rupestre y al menos 22 puntos de sepultura. Se cree que el lugar fue habitado por humanos desde hace 11.000 años y que su utilización terminó alrededor de 2.200 años atrás.
Allí fue enterrado hace cerca de 5.500 años un cazador. Se trataba de un hombre adulto, que superaba los 50 años, cuyo cuerpo fue dispuesto en un sitio rocoso, en donde era usual sepultarlos. Allí encontraron, en los restos de una de sus piernas, la evidencia a partir de la cual secuenciaron la treponematosis.
En sus análisis, los investigadores encontraron que los huesos del individuo no presentaban afectaciones esqueléticas derivadas de esta infección. Allí ya empezaron a encontrar diferencias con los reportes más recientes de esta infección, en los que sí se presentan afectaciones visibles en los huesos.
“Hasta donde sabemos, este es el primer caso en el que se ha recuperado ADN de Treponema a partir de una muestra de una sección no patológica de hueso cortical de la tibia”, explican los científicos en la publicación.
El grupo de enfermedades que agrupa la treponomatosis ha ido evolucionando, según lo que saben los científicos, a lo largo de varios milenios. La bacteria causante de estas infecciones, en medio de ese proceso, se ha diversificado en varias subespecies, dando lugar a enfermedades como la sífilis, la pinta o el bejel.
Es decir que los rastros de la bacteria que encontraron cerca de Bogotá corresponden a un ancestro común de esas subespecies, que aparecieron miles de años más tarde, según los reportes coloniales que se tienen de esas enfermedades.
Lo que sí plantean los científicos es que la historia genética de la treponematosis es, al menos, 3.000 años más antigua de lo que se creía y que es probable que su evolución se diera en América, pues esta evidencia es 5.000 años más antigua que la colonización europea en el continente.
El momento en el que fue enterrado el cazador, conocido como Holoceno medio, corresponde a años previos a una gran expansión agrícola que vivió lo que hoy es el continente americano. Como se tiene muy poca información sobre cómo se comportaba la bacteria en ese momento, es difícil saber si la ausencia de afecciones en los huesos se debe a que la infección estaba en una etapa temprana, o si se trata de una variante de la misma bacteria.
Aunque la investigación no da una respuesta certera, sí plantea nuevos elementos para la discusión sobre el origen de la treponematosis y su expansión en todo el mundo.
Una tarea pendiente
Las enfermedades del grupo de la treponematosis, como la sífilis, son conocidas por afectar principalmente la piel y transmitirse por contacto directo. Sin embargo, sus afectaciones van mucho más allá de eso.
Como menciona la investigación, es usual encontrar rastros de la infección a nivel esquelético, pues son enfermedades que suelen afectar los huesos y, en casos graves, hasta las conexiones neurológicas del sistema nervioso.
Por eso, para los científicos es crucial haber encontrado un rastro tan antiguo de la treponematosis, pues quiere decir que hay tres milenios de la historia de esta infección que aún desconocemos.
Desde 1998, cuando se describió por completo el genoma de la T. pallidum, la ciencia se ha centrado en tratar de entender cómo combatirla, pero también por qué se comporta de la forma en la que lo hace. Seguir su rastro hacia el pasado abre la puerta a responder nuevas preguntas sobre esto, para entender cómo ha mutado o en qué momento se hizo más virulenta. También, para completar el mapa sobre su dispersión mundial.
“Estos hallazgos abren nuevas preguntas sobre el tiempo, las rutas y los impulsores de la propagación treponémica, y sobre la interacción de larga data entre Treponema pallidum, los huéspedes humanos y los paisajes socioecológicos más amplios en los que estas enfermedades han evolucionado, persistido y se han propagado para afectar a las poblaciones humanas", concluyen los científicos.
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