Como todavía tengo la esperanza de vivir en una Colombia educada, con un cuerpo docente capacitado adecuadamente y sin afugias en su cotidianidad, que enseñe a sus estudiantes a pensar y alimente su curiosidad y capacidad de análisis, con una comunidad científica innovadora, que pueda dedicarse a producir nuevo conocimiento sin tener que gastar su tiempo en llenar requisitos interminables y muchas veces insensatos, el momento de las elecciones para elegir a un presidente de la República me hace responsable de pensar en quien pueda sentar las bases -o sembrar la semilla al menos- para que esto ocurra.
Dicen que ‘atrás ni para coger impulso’ y yo creo lo contrario: mirar el pasado para construir el futuro ha sido el lema que he tratado de aplicar en mi vida personal y profesional. Personal porque soy colombiana, vivo en Colombia y me enorgullezco de ello. Profesional, porque como periodista científica he buscado contarle a los colombianos los resultados de las investigaciones que adelanta la comunidad científica colombiana para que los ciudadanos vean que aquí, en nuestro país, también hay personas que dedican su vida a investigar; incluso buscando soluciones para los problemas que nos aquejan, por ejemplo en enfermedades infecciosas como dengue, leishmaniasis o paracoccidioidomicosis, estudiando no solo la enfermedad, sino sus causas, el bicho que las produce, el otro que las transmite, cómo prevenir y cómo curar.
Mutis, a través de la Expedición Botánica a finales del siglo XVIII, generó una escuela para conocer la biodiversidad del país, su geografía, su geología. Agustín Codazzi a mediados del siglo XIX continuó el estudio de nuestro territorio liderando la Comisión Corográfica; y a finales del siglo XX Colombia organizó el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología que profesionalizó la actividad en el país e impulsó así mismo iniciativas para convencer a los ciudadanos que aquí, en nuestro suelo, también es posible dedicarse a pensar, y en sus laboratorios científicos y sociales, la comunidad científica puede proponer originales iniciativas que podrían aportar a las decisiones políticas de nuestros dirigentes. Lo que se denomina ‘la toma de decisiones con base en la evidencia científica’. No es necesario mirar hacia el norte del planeta.
La ciencia no ha sido un renglón importante para ningún presidente colombiano. Ni se diga del actual gobierno que no ha manejado adecuadamente las convocatorias para disponer de los escasos recursos que se le asignan; que decidió además cazar peleas con entidades que, como la Asociación Colombiana para el Avance de la
Ciencia, Avanciencia (anterior A.C.A.C.) o Colfuturo históricamente han aportado al desarrollo de una conciencia científica y de formar científicos colombianos dándoles la oportunidad de prepararse en las mejores universidades del mundo.
Creo que el o la presidente de Colombia (2026-2030) debería comprometerse con una mirada en el largo plazo. No desconozco que hay problemas que exigen solucionarse rápidamente como la crisis del sistema que atiende la salud de los colombianos, o temas como la inseguridad, el orden público, la corrupción y el desempleo. Pero creo que, apostándole a la formación de los ciudadanos, una educación desde la cuna hasta la tumba como dijo nuestro Nobel García Márquez, podría en el largo plazo lograr una Colombia, la más educada, e ir disminuyendo paulatinamente los problemas que hoy nos aquejan y preocupan a la mayoría de los colombianos. Se trata de impulsar la educación, la ciencia, la tecnología, la innovación, el emprendimiento y la cultura. Eso sería lo que realmente transformaría al país.
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