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15 Mar 2022 - 11:20 p. m.

Ciencia y guerra

En esta columna de opinión, el profesor de la Universidad de Antioquia José David Ruiz Álvarez analiza las consecuencias en la ciencia del conflicto entre Occidente y Rusia.

José David Ruiz Álvarez

Imagen del lanzamiento del telescopio James Webb.
Imagen del lanzamiento del telescopio James Webb.
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Van más de dos semanas de la guerra que se ha desatado en territorio Ucraniano por parte de las fuerzas militares rusas. A medida que pasa más tiempo se van viendo más efectos de la confrontación. Más muertos, más desplazados, más destrucción, más sanciones, más movimientos geopolíticos, más histeria colectiva. Cada vez todos los aspectos de las sociedades que se enfrentan se ven de alguna forma alcanzados por la confrontación bélica. A la ciencia, como hija de la sociedad, le llegó su turno.

La ciencia ha sido un componente fundamental de muchas guerras. Se han instrumentalizado los avances científicos en nuevas maneras de matar, más eficientes, más crueles, más destructivas. De hecho, buena parte del estado actual del desarrollo de las posibles guerras entre las potencias mundiales tiene que ver con el poderío nuclear. No se cree que se pueda dar una confrontación directa entre las más grandes potencias, dado que se podría convertir con facilidad en una guerra nuclear. Guerra, que de darse, probablemente no acabe solo con las potencias en disputa, sino con todo el planeta.

Por el uso de la ciencia en la guerra, algunos han llegado a afirmar que las guerras hacen avanzar la ciencia y la tecnología. Claro, la hace avanzar pero en la vía de conveniencia para la guerra. El avance derivado de la guerra únicamente beneficia a la guerra misma. O al menos de forma prioritaria beneficia a la guerra. Los sectores de la ciencia que no tienen potencial para la guerra se verán detenidos forzosamente porque los conflictos bélicos absorben para sí todos los recursos económicos y humanos.

En los últimos días, se empezaron a ver los primeros efectos contraproducentes para la ciencia. El CERN, Centro Europeo para la Investigación Nuclear, anunció que pone en pausa su actual programa de investigación con Rusia y no comenzará nuevas colaboraciones con el país. Esta decisión pone fin, temporalmente, a la participación activa de Rusia en este laboratorio. Los efectos de esta decisión no son claros dado que los lazos con este país son muy fuertes a todos los niveles.

El CERN es el laboratorio de física de partículas más grande del mundo y su funcionamiento, tanto económico, como científico y administrativo, depende de la colaboración de muchos países. Si bien es primordialmente europeo, la participación de otros países como Estados Unidos, China, India y Rusia es vital. Los países no solo aportan recursos, también su experticia. Por ejemplo, los rusos son expertos mundiales en elaboración de detectores para física de partículas, son expertos en aceleradores y colisionadores, entre muchas otras áreas. Resulta difícil imaginarse de dónde se podrían sacar tantos expertos de la noche a la mañana en el CERN si se decide prohibir de tajo la participación de los rusos.

Hay que añadir que el CERN fue una de las tantas estrategias que se puso en marcha para unir a los países de Europa después de la Segunda Guerra Mundial. La idea de base es crear lazos tan importantes que sea tan extremadamente difícil disolverlos que una nueva guerra no sea factible. Y esta es una de las banderas de paz que el CERN se ha propuesto representar a nivel mundial. El CERN lleva más de 60 años generando lazos de cooperación y entendimiento entre muchos países, más allá de las diferencias lingüísticas y culturales. Esta noble tradición se ve interrumpida por la decisión de alejar a Rusia de sus intereses.

Antes de generar cualquier confusión con la opinión contenida en este texto, lo digo claramente, la guerra en Ucrania es absolutamente condenable, como todas las guerras. Los ataques de las fuerzas armadas rusas deben detenerse inmediatamente y se deben comenzar negociaciones hacia una reparación de los daños y a una solución pacífica de los conflictos en la región.

La decisión del CERN solo va a traer impactos negativos, nadie va a salir beneficiado de ella. Los rusos que viven y trabajan en el CERN verán su situación personal y familiar comprometida por decisiones en las que ellos nada tuvieron que ver. Los avances científicos en el área se van a ver, en el mejor de los casos, ralentizados o completamente detenidos. Se rompen los puentes de entendimiento construidos por decenios, se generan resquemores en la comunidad científica y se reactivan y cultivan viejos odios entre naciones. Hay que recordar que a Putin muy probablemente le importe muy poco lo que se hace en CERN, en todo caso él, ni los militares rusos, hacen la ciencia. La investigación rusa la hacen científicos rusos, quienes en su mayoría condenan abiertamente la guerra. Y muchos no pueden condenarla abiertamente por motivos de seguridad.

Después de la Segunda Guerra Mundial hubo voces que llamaron a terminar con toda traza de la cultura alemana, como si todo lo que hubiera producido Alemania durante su larga historia hubiera quedado inmediatamente condenado por los atroces hechos de la guerra. Sin embargo, el mundo no sería el mismo sin la filosofía alemana, sin el arte alemán, sin la ciencia alemana. Condenar, y desconocer, esta contribución cultural al mundo es una absoluta estupidez. Debemos recordar que Rusia no es solo el estado que hoy comete la guerra y no podemos caer en el facilismo de condenar todo lo ruso y a todos los rusos. Rusia ha sido vital para la construcción del mundo tal y como lo habitamos hoy en día. Debemos superar la vía fácil del odio y apoyar la cultura, la ciencia y a los seres humanos afectados por decisiones temerarias y criminales de los que tienen el poder. La ciencia debería ser uno de los escenarios para recordarnos esa humanidad que nos une, pero empezamos con el pie izquierdo.

*José David Ruiz Álvarez (Profesor Asistente, Instituto de física, Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, Fulbright Visiting Scholar, Universidad de Antioquia)

Twitter: @ruizjosedavid

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