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Científicos descubren cómo el cuerpo percibe el frío. ¿Qué implica para el dolor?

Científicos explican paso a paso cómo el frío activa un “interruptor” en nuestras neuronas, revelando qué ocurre dentro del cuerpo cuando baja la temperatura.

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25 de marzo de 2026 - 11:44 p. m.
El cómo el cuerpo percibe el frío es una respuesta que podría ayudarnos a gestionar el dolor.  EFE/David Aguilar
El cómo el cuerpo percibe el frío es una respuesta que podría ayudarnos a gestionar el dolor. EFE/David Aguilar
Foto: EFE - David Aguilar
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Hoy sabemos bastante sobre cómo el cuerpo percibe el frío. Parece una pregunta cualquiera, pero no lo es tanto. Sabemos, por ejemplo, que hay unos pequeños receptores en las terminaciones nerviosas de la piel que funcionan como sensores de temperatura. Uno de los más importantes es el conocido como TRPM8, una especie de “interruptor” molecular que se activa cuando la temperatura baja o cuando entra en contacto con sustancias como el mentol.

Cuando esto ocurre, el receptor se abre y deja pasar partículas cargadas (iones) hacia el interior de la célula. Ese movimiento genera una señal eléctrica que viaja por los nervios hasta el cerebro, donde finalmente se interpreta como sensación de frío. Es, en esencia, un sistema bastante directo: el cuerpo detecta un cambio físico en el ambiente y lo traduce en una señal que podemos sentir.

Sin embargo, lo interesante es que, aunque se entiende más o menos bien este “circuito general”, todavía quedan preguntas abiertas. Por ejemplo, no está del todo claro cómo el frío, a nivel microscópico, logra “activar” ese interruptor. Es decir, qué cambios exactos ocurren en la estructura del receptor para que pase de estar cerrado a abierto. Un grupo de investigadores dice que ha logrado saberlo.

“Todo el mundo siempre quiere saber cómo funciona la detección de temperatura, pero resulta ser una pregunta técnicamente muy compleja de responder”, afirmó el coautor principal David Julius, doctor en Fisiología, catedrático de Fisiología y titular de la Cátedra Morris Herzstein de Biología Molecular y Medicin, ambos en la Universidad de California, citado por esa institución en una nota de prensa. “Por lo tanto, tener finalmente una idea clara al respecto es realmente muy emocionante”.

En un estudio publicado en Nature, los científicos informan que el frío no “enciende” el receptor de una, sino que lo va empujando a cambiar de forma. Usando técnicas precisas para observar proteínas, vieron que el canal pasa por varios estados, como si fuera una puerta que primero se afloja, luego se reacomoda y finalmente se abre. En ese proceso, hay partes del receptor que se mueven, especialmente una especie de “compuerta” interna que controla el paso.

Lo que proponen es que el frío estabiliza una zona externa del canal, y eso desencadena un efecto en cadena: una pieza interna se desplaza, el poro se abre y, además, se acopla una molécula grasa que ayuda a mantener la puerta abierta. Así, el canal no solo se activa, sino que puede quedarse abierto el tiempo suficiente para enviar la señal al cerebro. En palabras mucho más simples, proponen los científicos, el frío no es solo una temperatura que sentimos, sino una fuerza que empuja físicamente a estas moléculas a reorganizarse. Ese cambio de forma es, en última instancia, lo que permite que nuestro cuerpo detecte y perciba el frío.

Este hallazgo podría tener implicaciones futuras con cosas como el manejo del dolor. Sucede que estos mismos sensores de temperatura no solo permiten percibir el frío o el calor, sino que también pueden activar vías de dolor cuando algo no funciona como debería. Por un lado está el TRPM8, el receptor del frío. En condiciones normales, su activación simplemente le dice al cerebro: “esto está frío”. Pero en algunas personas o enfermedades, ese mismo sistema se vuelve hipersensible. Entonces, estímulos que deberían ser neutros o leves, como una brisa fría, se interpretan como dolor. A eso se le llama alodinia por frío.

Por otro lado, está el TRPV1, otro canal que responde al calor y a sustancias como la capsaicina (la del picante). Este receptor está directamente relacionado con la sensación de ardor y dolor, y fue descubierto por David Julius. Lo interesante es que ambos canales, aunque detectan cosas distintas, funcionan con lógicas similares: cambian de forma y se abren para enviar señales al sistema nervioso.

Lo que están haciendo ahora los investigadores es aplicar la misma estrategia usada en este estudio, es decir, observar con mucho detalle cómo cambian estas proteínas, pero enfocándose también en el dolor. Por ejemplo, quieren ver cómo actúan los compuestos que bloquean TRPM8, algunos de los cuales ya se están probando como posibles tratamientos. La idea es que, si se entiende exactamente cómo se abre o se cierra este canal, se pueden diseñar medicamentos que lo modulen con mayor precisión.

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