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Científicos encuentran la evidencia más antigua conocida de peste en humanos

Un análisis de ADN antiguo ha encontrado rastros de Yersinia pestisen comunidades prehistóricas de Siberia. El estudio sugiere que la enfermedad afectó a pequeños grupos humanos siglos antes de lo que se creía y apunta a que los niños fueron especialmente vulnerables.

Ana Hernando / Agencia Sinc

18 de junio de 2026 - 07:53 a. m.
(Imagen de referencia) Los resultados proceden del análisis de ADN antiguo de 42 individuos enterrados en cuatro cementerios situados alrededor del lago Baikal, en el sureste de Siberia.
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La peste, responsable de algunas de las epidemias más devastadoras de la historia, ya causaba brotes mortales entre grupos de cazadores-recolectores hace unos 5.500 años. Así concluye un estudio publicado en Nature que documenta lo que podría ser la evidencia más antigua conocida de esta enfermedad en seres humanos.

Los autores sostienen que estos brotes ocurrieron varios siglos antes de las infecciones documentadas hasta ahora en poblaciones neolíticas, lo que adelanta la cronología conocida de la enfermedad y aporta nuevas pistas sobre su origen. El trabajo ha sido realizado por un equipo de investigadores de la Universidad de Oxford, la Universidad de Copenhague y otras instituciones internacionales.

Los resultados proceden del análisis de ADN antiguo de 42 individuos enterrados en cuatro cementerios situados alrededor del lago Baikal, en el sureste de Siberia. Los investigadores identificaron la bacteria Yersinia pestis en 18 personas, una proporción inusualmente elevada para este tipo de estudios. Además, detectaron dos episodios distintos de infección ocurridos entre hace 5 520 y 5 265 años, y entre hace 5 315 y 4 235 años.

Al reconstruir los vínculos familiares entre los individuos enterrados, los autores comprobaron que pequeños grupos de parientes se vieron afectados por la enfermedad, un patrón compatible con la transmisión entre personas. También encontraron familiares enterrados en tumbas distintas, lo que sugiere que murieron en momentos diferentes y no durante un único episodio de mortalidad masiva.

“Es un hallazgo muy emocionante porque cuestiona realmente la idea de que la agricultura, el pastoreo y los primeros asentamientos fueron imprescindibles para crear las condiciones necesarias para grandes brotes de enfermedades”, explica a SINC Ruairidh Macleod, investigador de la Universidad de Oxford y primer autor del estudio.

Durante décadas, numerosos investigadores sostuvieron que las enfermedades epidémicas no podían mantenerse en grupos humanos pequeños y móviles, y que solo prosperaron con la aparición de sociedades agrícolas densamente pobladas. Macleod recuerda a SINC que esta interpretación fue popularizada por el científico y divulgador estadounidense Jared Diamond y otros autores. Los nuevos resultados, añade, muestran que incluso comunidades dispersas de cazadores-recolectores podían sufrir brotes graves.

Zoonosis prehistóricas

Según Macleod, a medida que se obtengan más genomas antiguos de poblaciones prehistóricas, podrían aparecer más ejemplos similares. El investigador considera que el hallazgo pone de relieve el carácter universal de las enfermedades zoonóticas y su capacidad para resultar devastadoras incluso en pequeños grupos de cazadores-recolectores.

Los niños fueron las principales víctimas

Uno de los aspectos más llamativos del trabajo es el perfil de mortalidad observado en los enterramientos. Los investigadores detectaron una concentración anómala de muertes infantiles, especialmente entre los 8 y 11 años, que no aparece en otros yacimientos contemporáneos sin evidencias de peste.

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“Está muy claro que existe un exceso considerable de niños fallecidos, especialmente cuando se compara con otros yacimientos donde no encontramos evidencias de infecciones por peste”, señala Macleod a SINC. El autor destaca que los dos principales cementerios afectados muestran un pico de mortalidad precisamente en esas edades.

Los análisis arqueológicos y genéticos sugieren además que algunos familiares murieron en momentos distintos y fueron enterrados en tumbas separadas, un patrón compatible con cadenas de transmisión que se prolongaron en el tiempo.

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Una peste diferente a la conocida

Las cepas identificadas en Siberia pertenecen a una rama muy antigua de Yersinia pestis, distinta tanto de las variantes históricas como de las actuales. Los autores estiman que esta línea surgió antes de hace aproximadamente 5 700 años.

Los brotes pudieron comenzar tras el contacto con marmotas infectadas. Después, la enfermedad habría pasado de unas personas a otras, posiblemente por vía respiratoria, aunque el mecanismo exacto de transmisión sigue siendo objeto de estudio.

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Estas bacterias carecían de ymt, un gen clave para la transmisión mediante pulgas que caracteriza a la peste bubónica clásica. Según explica Macleod, esta ausencia llevó durante años a cuestionar si las primeras formas de la enfermedad podían provocar brotes tan graves como los documentados en épocas posteriores.

Sin embargo, los nuevos resultados apuntan en sentido contrario. Las cepas halladas en Siberia poseían una variante del gen ypm, ausente en las formas históricas posteriores de la enfermedad. Este gen actúa como un superantígeno capaz de desencadenar una intensa respuesta inflamatoria y, según el autor, los niños fueron especialmente sensibles a sus efectos.

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Además, estas cepas conservaban otros factores de virulencia, lo que refuerza la idea de que podían ser tan mortales como las variantes históricas de la peste, aunque por mecanismos diferentes.

Macleod plantea que, si esta variante aumentaba la letalidad del patógeno pudo desaparecer posteriormente porque reducía demasiado la supervivencia de los huéspedes y dificultaba su transmisión. En cualquier caso, subraya que la combinación de este factor con otros genes de virulencia indica que “estas cepas prehistóricas eran tan capaces de resultar mortales como las históricas, aunque de una manera diferente”.

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Posible origen asiático

Los hallazgos también refuerzan la hipótesis de que la peste surgió en Asia central o septentrional. Hasta ahora, algunas de las evidencias más antiguas procedían de Europa y tenían una antigüedad cercana a los 5 300 años.

El análisis filogenético indica que la separación entre Yersinia pestis y su pariente más próximo probablemente ocurrió entre hace 5 700 y 9 800 años. Para Macleod, los resultados respaldan la idea de un origen asiático de la enfermedad y sugieren una historia más profunda de la peste en humanos de la que se conocía hasta ahora.

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Según el investigador, la capacidad de estas cepas para provocar brotes graves entre cazadores-recolectores apunta a que la enfermedad ya afectaba a poblaciones humanas fuera del contexto de las sociedades agrícolas del Neolítico europeo, donde se habían encontrado hasta ahora las evidencias más antiguas.

Pistas para comprender las zoonosis actuales

El estudio aporta información sobre uno de los primeros episodios conocidos de salto de un patógeno animal a los seres humanos.

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Macleod recuerda que la peste es una zoonosis cuyo principal reservorio son los roedores y que ha saltado repetidamente a los seres humanos con consecuencias devastadoras. A su juicio, poder estudiar directamente uno de los primeros episodios conocidos de salto de la enfermedad desde animales a humanos permite comprender mejor cómo evolucionan los patógenos y por qué algunos resultan tan mortales.

“Hoy vivimos en ciudades densamente pobladas e interconectadas por el transporte internacional. Estos cazadores-recolectores representaban justo lo contrario”, concluye. “Por eso ofrecen una especie de modelo de referencia para entender qué ocurre cuando una zoonosis emerge en poblaciones humanas y para comprender riesgos que siguen siendo relevantes en la actualidad”.

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A través de este enlace puede leer el estudio completo.

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Por Ana Hernando / Agencia Sinc

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