A mediados de 2025, el cometa 3I/ATLAS capturó la atención de la comunidad científica y del público en general al ser apenas el tercer objeto interestelar confirmado en entrar a nuestro sistema solar.
Desde entonces, se han realizado varios estudios para caracterizar y mejorar la comprensión que se tiene de este cometa. Investigaciones, por ejemplo, apuntan a que su composición muestra anomalías (como una proporción elevada de dióxido de carbono frente al agua), lo que sugiere un entorno de formación más frío o distinto al de los cometas que se originaron en el sistema solar.
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Ahora, una investigación publicada a finales de abril de 2026 en la revista Nature Astronomy analizó las características del agua detectada en este objeto a través de observaciones realizadas por el conjunto de telescopios ALMA, el mayor proyecto astronómico del mundo.
En concreto, se encontró que el cometa es notablemente rico en un tipo específico de agua que contiene deuterio. Este dato es clave, pues da pistas sobre el “lugar de nacimiento” del objeto.
Como explica la Universidad de Michigan en un comunicado, “el agua está compuesta por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno, de ahí su fórmula H₂O. Sin embargo, en las moléculas de agua normales, esos átomos de hidrógeno solo tienen un protón en su núcleo. En el agua del cometa, una gran proporción de sus moléculas contiene deuterio, una forma de hidrógeno que, además del protón habitual, tiene un neutrón”.
En particular, la proporción de deuterio-hidrógeno (D/H) en este objeto presenta una concentración de deuterio más de 40 veces superior a la de los océanos terrestres y 30 veces mayor que la de los cometas típicos del Sistema Solar.
¿Cómo se llega a estas lecturas? El conjunto de telescopios ALMA es capaz de detectar, a través de diferentes sensores, la diferencia entre el agua deuterada y la convencional, lo que permitió, en este caso, al equipo determinar la proporción entre ambas.
Estos hallazgos ofrecen nueva información a los investigadores sobre las condiciones que estuvieron presentes durante su formación. En particular, se concluyó que 3I/ATLAS viene probablemente de un entorno más frío y con menos radiación que la registrada en el sistema solar.
“Esto demuestra que, fuesen cuales fuesen las condiciones que dieron lugar a la formación de nuestro sistema solar, no son habituales en todo el espacio. Puede parecer obvio, pero es una de esas cosas que hay que demostrar”, sostiene, en un comunicado, Teresa Paneque-Carreño, codirectora del nuevo estudio y profesora adjunta de astronomía en la Universidad de Michigan.
Según los investigadores, se trata de la primera vez que científicos han podido realizar este tipo de análisis en un objeto interestelar. Esto, sostienen, abre la posibilidad para realizar este tipo de caracterizaciones en el futuro.
“Nuestras nuevas observaciones muestran que las condiciones que dieron lugar a la formación de nuestro sistema solar son muy diferentes de cómo evolucionaron los sistemas planetarios en otras partes de nuestra galaxia”, afirmó Luis Salazar Manzano, autor principal del nuevo estudio y estudiante de doctorado en el Departamento de Astronomía de la Universidad de Michigan.
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