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¿Cómo imagina el cerebro lo que no está viendo? La ciencia empieza a entenderlo

Según una nueva investigación, el cerebro utiliza fragmentos de recuerdos visuales y los reorganiza para formar imágenes mentales, en lugar de generarlas desde cero.

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28 de abril de 2026 - 08:49 p. m.
En los últimos años, la neurociencia ha mostrado que cuando imaginamos algo, nuestro cerebro activa muchas de las mismas zonas que usa cuando realmente vemos ese algo. /Getty
En los últimos años, la neurociencia ha mostrado que cuando imaginamos algo, nuestro cerebro activa muchas de las mismas zonas que usa cuando realmente vemos ese algo. /Getty
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Los científicos todavía tienen muchas preguntas alrededor de cómo funciona la imaginación en el cerebro. ¿Cómo es posible que podamos visualizar una imagen mental, por ejemplo, la cara de un amigo, sin que lo estemos viendo? ¿Cuáles son las áreas del cerebro que lo permiten?

En un artículo recién publicado en Psychological Review, un grupo de investigadores hablan de lo que se conoce como imaginería visual: la capacidad de “ver con la mente” sin que haya un estímulo real frente a los ojos. Durante años, los científicos han creído que esta capacidad se parece bastante a la percepción visual normal: cuando imaginamos algo, dicen, se activan muchas de las mismas áreas del cerebro que usamos cuando realmente lo estamos viendo.

Una de las ideas más extendidas entonces es que imaginar sería como una “percepción al revés”. En la percepción, la información entra por los ojos y viaja hacia áreas más complejas del cerebro. En la imaginería, en cambio, esas áreas superiores enviarían señales hacia atrás (lo que se llama “retroalimentación cortical”) para activar las zonas visuales, incluso la corteza visual primaria, que es una de las primeras estaciones del procesamiento visual.

Sin embargo, los científicos dicen que la evidencia no es del todo consistente. Algunos estudios muestran que esa retroalimentación no activa directamente las áreas visuales de forma tanto fuerte, como si realmente estuviéramos viendo algo, sino que más bien modula o ajusta su actividad, a veces incluso reduciéndola. Es decir, no sería simplemente “encender” la visión interna. Por eso, los autores de la nueva investigación proponen una idea distinta.

En lugar de pensar que la imaginería genera nuevas señales fuertes en las áreas visuales tempranas, los autores sugieren que reorganiza o moldea la actividad que ya está ocurriendo espontáneamente en el cerebro. Para entender eso, explican que en realidad el cerebro nunca está en silencio: siempre hay actividad de fondo. La imaginería, según esta hipótesis, ajustaría ese “ruido” interno para formar una representación mental.

“Así pues, cuando uno piensa en el rostro de un amigo, parte de una idea abstracta de él: un recuerdo o un nombre, extraído del archivo de regiones que se encuentran más allá del propio sistema visual. Esa idea se transmite a través de la secuencia visual hasta las primeras áreas visuales, que funcionan como el taller del cerebro donde normalmente se reconstruye un rostro a partir de sus partes: la curva de la mandíbula, el tono específico de un ojo. Estas señales descendentes se denominan ” actividad de retroalimentación“, explican Thomas Pace y Roger Koenig-Robert, dos de los autores del estudio, en la página especializada The Conversation.

Pace y Koenig agregan que “la imaginación no necesita construir un rostro desde cero. La materia prima ya está ahí”, en lo que ambos autores llaman “bullicio interno de tu visión”. Se refieren a recuerdos visuales de caras, objetos y escenas que la persona ha visto antes. Esos recuerdos no están siempre quietos ni perfectamente organizados; más bien, forman parte de una actividad continua del cerebro, como un flujo de fragmentos que pasan en segundo plano. Esas representaciones están ahí, pero de forma dispersa y débil. Para volver a la pregunta inicial, no se ve claramente la cara del amigo en todo momento, pero partes de esa información (rasgos, formas, colores) están presentes en la actividad interna del cerebro.

Esta propuesta, finaliza entonces el estudio, ayuda a explicar por qué la imaginería se parece a la percepción, pero no es igual de vívida ni precisa. En palabras de los autores en The Conversation: “La percepción visual llega con una fuerza y ​​regularidad que los patrones internos del cerebro no pueden igualar. La imaginación trabaja con esos patrones, en lugar de oponerse a ellos, transformando lo que ya existe en algo que casi podemos ver".

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