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Con científicos colombianos, arman el rompecabezas de la historia de los murciélagos

Investigadores de 64 países, incluido Colombia, se unieron en un esfuerzo sin precedentes para reconstruir la historia genética del único mamífero capaz de volar: el murciélago. Su trabajo fue publicado en la revista "Nature" y resuelve preguntas que han inquietado a los científicos por décadas como su lugar de origen.

24 de septiembre de 2026 - 08:39 p. m.
Imagen de un individuo de "Vampyressa thyone" hallado en Perú.
Foto: Burton Lim
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Los últimos años no le han hecho justicia a los murciélagos. Cada vez que hay un brote de ébola, como el que sucedió recientemente en la República Democrática del Congo, las sospechas sobre el animal que actuó como reservorio recaen sobre los murciélagos (aunque sobre eso aún hay cierto grado de incertidumbre). Con el Sars-CoV-2, el virus que causó la pandemia del covid-19, sucedió algo similar: los llamados murciélagos de herradura fueron considerados como reservorios primarios, aunque hay evidencia de hubo un huésped intermediario entre ellos y los humanos. Hasta la imagen de la portada del célebre libro Contagio, la evolución de las pandemias, de David Quammen, es de un murciélago negro con ojos rojos en pleno vuelo.

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“La mayoría de los humanos piensan que los murciélagos son asquerosos, pero me olvido de eso porque son increíbles en lo que hacen”, sintetizó Juliette Rubin, una científica que trabajaba con estos animales, al periodista Ed Yong, para su último libro, La inmensidad del mundo. En el capítulo que les dedicó, Yong calificaba a los murciélagos como un “espectáculo glorioso”, que ha sido “incomprendido” y que, incluso, hemos usado como un “símbolo del mal”.

Quienes se han dedicado a estudiarlos, coinciden en llenarlos de halagos. Danny Rojas, biólogo y director del Departamento de Ciencias Naturales y Matemáticas de la Universidad Javeriana de Cali, tiene una lista larga para detallar por qué le han parecido alucinantes: además de ser el segundo grupo más abundante de mamíferos (después de los roedores), dice, polinizan flores, dispersan semillas, controlan poblaciones de otros animales y, como si fuera poco, son los únicos mamíferos capaces de volar.

Además, añade la profesora Liliana M. Dávalos, tienen la increíble capacidad de ecolocalizar, un sistema que les permite emitir sonidos de alta frecuencia, con los cuales pueden construir un “retrato” detallado del insecto que van a cazar en la oscuridad.

Dávalos, bióloga colombiana y PhD en Ecología, Evolución y Biología Ambiental, habla desde Estados Unidos, donde encabeza un laboratorio en la Universidad Stony Brook, en el que, entre otras cosas, tratan de comprender qué hace única a la biodiversidad. Desde allí, precisamente, lideró uno de los mayores esfuerzos para comprender la historia evolutiva de los murciélagos.

La profesora colombiana Liliana M. Dávalos fue una de las científicas que lideró el estudio.

Los primeros resultados de ese trabajo, en el que participaron 137 investigadores de 64 países y del que ella es una de las autoras principales, fueron publicados el 23 de septiembre en la prestigiosa revista Nature y resuelven algunos de los misterios que han inquietado a Dávalos y a sus colegas por décadas. Entre ellos, cuál es el origen de estos mamíferos voladores que están en todos los continentes (a excepción de los polos, claro), distribuidos en más de 1.500 especies.

Mientras que algunos análisis previos, escriben en ese artículo, habían ubicado el origen de los murciélagos en América del Norte, en África o en Asia, sus hallazgos sugieren que el punto de origen fue otro: Europa, hace 65 millones de años. De allí, probablemente, se dispersaron a África y, luego, al resto de territorios.

Además, su trabajo les permitió responder otros dos interrogantes que siempre han inquietado a quienes trabajan con murciélagos: ¿En qué momento empezaron a volar? ¿En qué punto de su evolución adquirieron la capacidad de ecolocalizar?

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Para resolverlos, tuvieron que reunir la colección más grande genomas de alta calidad de murciélagos que se ha logrado hasta el momento: abarcaron 103 especies, que representaron a las 21 familias en las que se dividen los murciélagos. El material genético de una de esas especies fue extraído de un individuo hallado en el municipio de Santa María, al sur de Boyacá.

¿Cómo se reconstruye una historia de 65 millones de años?

Imagen de un murciélago "Rhinolophus ferrumequinum".
Foto: Daniel Whitby

Mailyn González, líder del equipo de genética del Instituto Alexánder von Humboldt, recuerda bien esos días de 2019 en los que hicieron una expedición al municipio de Santa María (Boyacá). En compañía de otros investigadores (también autores del artículo de Nature), entre los que estaba Dávalos, Danny Rojas y Paola Pulido Santacruz, hoy profesora de la Escuela de Ciencias e Ingeniería de la Universidad del Rosario, viajaron a colectar murciélagos.

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Eligieron ese punto por la diversidad de especies y porque, añade González y Pulido Santacruz, era un lugar que les permitía ciertas facilidades logísticas para transportar y manipular los artefactos con los que iban a hacer parte del trabajo genético. Creen que fue la primera vez que en Colombia se usó el MinION —un aparato portátil que cabe en la palma de la mano— para secuenciar el ADN de murciélagos en campo y no en un laboratorio.

En esa expedición, asegura Danny Rojas, obtuvieron muestras de varias especies. El genoma de un individuo del murciélago orejudo pequeño (Micronycteris megalotis) fue incluido, posteriormente, en el análisis que publicó Nature.

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Así como la expedición a Santa María, para construir lo que los científicos llaman el “árbol filogenético” de los murciélagos (algo así como el “árbol” que muestra cómo han evolucionado a partir de un ancestro común), fueron necesarias muchas muestras y datos recolectados en todo el mundo. Desde especies en Norteamérica y Nueva Zelanda, dice Dávalos, hasta evidencia fósil recopilada por paleontólogos, que les ayudó a resolver algunos de los misterios que había sobre estos mamíferos.

Por ejemplo, señala el equipo de investigadores, el fósil del murciélago Vielasia en el linaje más antiguo de ese árbol, indica que la ecolocalización y el vuelo propulsado —ese par de características tan particulares de estos animales— se establecieron cerca del momento en el que se originó el grupo, lo que “ayuda a explicar su extraordinario éxito evolutivo a lo largo de los siguientes 65 millones de años”.

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Imagen de un fósil de "Palaeochiroptery tupaiodon" hallado en Alemania. Fue una especie que vivió hace, aproximadamente, 47 o 48 millones de años.
Foto: Matthew F Jones

“Es extraordinario que, tras décadas de investigación y hallazgos contradictorios, finalmente contemos con un árbol filogenético sólido que nos permite entender adecuadamente cómo evolucionaron los rasgos únicos de los murciélagos”, dijo, a través de un comunicado, Emma Teeling, del University College Dublin y otra de las autoras principales del estudio.

Pero construir el árbol filogenético de todo un orden del reino animal no fue una tarea sencilla. “Llevamos casi 10 años en esta misión de secuenciar el genoma a todas las familias de murciélagos”, detalla la profesora Dávalos en una llamada. “Desde que nos trazamos ese objetivo, sabíamos que íbamos a tener un montón de dificultades porque muchas especies están en sitios remotos”.

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Por mencionar solo un par de casos, necesitaron muestras de especies raras como el murciélago abejorro de Tailandia y Myanmar (Craseonycteris thonglongyai), considerado como el mamífero más pequeño del planeta: cabe con facilidad en dos falanges de un dedo. También obtuvieron el genoma del murciélago con pies de ventosa de Madagascar (Myzopoda aurita), que se puede adherir a las hojas lisas.

Foto: Daniel Whitby

La misión, que quedó establecida como la principal meta del consorcio Bat1K —como llamaron a la iniciativa que hoy reúne a científicos de todos los continentes—, tenía que enfrentar otro desafío gigante: desarrollar métodos que les permitieran modelar la evolución de especies fósiles y vivas juntas. Saltándonos muchos detalles de ese proceso, los autores se valieron de secuenciación de ADN de última generación, de herramientas computacionales y modelos estadísticos para hacer esas comparaciones de todos los genomas y poder hacer inferencias correctas.

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“Esa parte metodológica es increíble. En el futuro podrá extrapolarse a otros grupos taxonómicos”, dice González, del Instituto Humboldt y autora de la publicación. “Yo creo que va a ser un tipo de ciencia que veremos con más frecuencia”.

“Sin duda, fue un trabajo que necesitó de una gran colaboración de diferentes investigadores con diversos niveles de experticia. Gracias a ese esfuerzo, tenemos mucha más claridad de la historia de los murciélagos”, resalta Pulido Santacruz. “Esta es una muestra de que para resolver algunas de las grandes preguntas de la ciencia, se requiere la participación de instituciones y de investigadores de muchos lugares”, agrega Rojas.

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Lo otro que todos los investigadores consideran valioso del trabajo es lo que permitirá en el futuro. Creen que la creación de esta enorme base de datos genéticos abrirá las puertas a otros colegas para indagar sobre los genes que están detrás de otras particularidades que hacen de los murciélagos unos animales excepcionales. Por ejemplo, su sistema inmune les causa mucha intriga a los científicos, pues les otorga cierta resistencia a algunas enfermedades.

Además, añade Dávalos —que integra el comité ejecutivo del consorcio Bat1K—, algunas especies viven una cantidad de años inusual: “Unos, por ejemplo, pesan solo 10 gramos y viven hasta 40 años. ¡Eso, dentro de los mamíferos, es inaudito!”.

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Foto de un "Myotis californicus" colectado en Estados Unidos.
Foto: Elizabeth Clare

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Por Sergio Silva Numa

Editor de las secciones de ciencia, salud y ambiente de El Espectador. Hizo una maestría en Estudios Latinoamericanos. También tiene una maestría en Salud Pública de la Universidad de los Andes. Fue ganador del Premio de periodismo Simón Bolívar. SergioSilva03 ssilva@elespectador.com
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