20 Oct 2021 - 10:17 p. m.

Crean guía para estudiar con “estándares éticos” las muestras de restos humanos

Más de 60 especialistas, entre los que se encuentran arqueólogos, antropólogos, conservadores y genetistas de 24 países distintos, han desarrollado un decálogo ético internacional que regula la investigación en paleogenómica.

El rápido crecimiento de la investigación del ADN antiguo y su impacto en la arqueología ha provocado la necesidad de desarrollar estándares éticos para enmarcar esta disciplina.

Estos debates han llevado a la comunidad científica a considerar cuáles son las mejores prácticas para la toma de muestras de restos humanos y la realización de estudios científicos de forma que impliquen a los diversos grupos de interés.

Sin embargo, el enfoque adecuado para trabajar con el ADN humano difiere, según el contexto, en todo el planeta.

Esto ha llevado a un grupo de 64 especialistas de 24 países con participación activa en investigaciones sobre el ADN antiguo a desarrollar un conjunto de pautas, a las que se han comprometido en un artículo publicado en la revista Nature.

Un decálogo con participación española

El documento marco, que ya ha sido traducido a más de 23 idiomas, ha contado con la participación del Instituto de Biología Evolutiva (IBE), un centro mixto del CSIC y de la Universidad Pompeu Fabra.

El paleogenetista Carles Lalueza-Fox, investigador principal del laboratorio de paleogenómica en el IBE, ha formado parte del equipo de trabajo que ha desarrollado este marco ético para el estudio del ADN antiguo.

“Se trata del primer marco global para hacer una investigación ética en restos humanos antiguos. Proponemos no sólo seguir las normativas administrativas locales sino también minimizar la destrucción de los restos humanos, que merecen todo nuestro respeto, y priorizar una investigación abierta y flexible en la que los datos generados sean accesibles a todo el mundo”, comenta Lalueza-Fox.

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El documento recoge que hasta ahora gran parte de la escritura sobre ética del ADN antiguo proviene de especialistas que piensan en cuestiones que afectan a los estadounidenses nativos de EE UU, con una historia terrible de explotación colonial de tribus de nativos americanos por parte de descendientes europeos.

A partir de esta historia, algunos informes han sugerido que las decisiones sobre la viabilidad de algunos estudios deberían ser determinadas por las propias comunidades indígenas u otros grupos descendientes naturales y administradores de los restos. Sin embargo, en muchas partes del mundo, poner la custodia de los restos en manos de las comunidades locales, que a menudo no tienen una relación plausible con las personas antiguas que estudian, no tiene sentido e incluso puede contribuir a la división y los conflictos.

Integrar a las comunidades locales en la investigación

El decálogo ético señala cómo en Europa los especialistas han trabajado durante décadas para deconstruir narrativas que reclaman la propiedad del patrimonio por parte de grupos específicos, ya que se utilizaban para justificar las reclamaciones de territorio en el período nazi.

En el continente africano, los problemas éticos clave para la investigación del ADN sobre los restos humanos no consisten en identificar qué grupos son indígenas y, por tanto, representar adecuadamente a los muertos, sino a afrontar los legados coloniales de los restos recogidos de manera poco ética y enviados a menudo al extranjero para su investigación.

“Creo que en los estudios de ADN antiguo también deben involucrarse las partes interesadas los grupos indígenas en la discusión de los resultados científicos y en su integración en concepciones tradicionales sobre la identidad de cada colectivo; todas estas ideas son elementos importantes en la concepción compleja del pasado humano”, añade el investigador español.

El equipo de expertos de diversas disciplinas, que incluye arqueólogos, antropólogos, conservadores y genetistas de 24 países, ha trabajado para enmarcar un conjunto de cinco pautas que consideran sólidas y aplicables universalmente y a las que se han comprometido en su propio trabajo:

  • Cumplir todas las normativas de los lugares donde trabajan y de donde se originan los restos humanos.
  • Preparar un plan detallado antes de comenzar cualquier estudio.
  • Minimizar los daños a los restos humanos.
  • Asegurar que los datos son accesibles después de la publicación para permitir una reevaluación crítica de los hallazgos científicos.
  • Colaborar con otros grupos de interés y garantizar el respeto y la sensibilidad a las perspectivas de los grupos de interés.

La identidad cultural y el legado colonial

El estudio apunta a la necesidad de revisar las diferencias globales en el significado de ser indígena. De acuerdo con Lalueza-Fox, “hay que tener en cuenta que la concepción de ser indígena no es la misma en diferentes partes del mundo; a menudo se han intentado aplicar en América central y del sur las normativas sobre las muestras humanas que rigen en EE UU, lo cual no deja de ser una forma de paternalismo, especialmente porque en países como México o Perú el patrimonio indígena está ya incluido en nociones de identidad nacional y por tanto no necesitan importar estas normativas”.

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El nuevo documento marco busca que no se repitan prácticas poco inclusivas y poco equitativas en el estudio del ADN antiguo de poblaciones humanas.

Uno de los mayores desafíos lo imponen los legados coloniales de los restos humanos provenientes de África (entre otros lugares) recogidos de manera poco ética y a menudo enviados al extranjero para su estudio.

El nuevo acuerdo propone que los equipos de investigación trabajen tanto con las instituciones depositarias oficiales como con académicos del país de origen a la hora de estudiar los restos de individuos antiguos, y también que participen en discusiones sobre la procedencia, las injusticias históricas, la repatriación y la restitución como parte de su trabajo.

“El documento que suscribimos los investigadores líderes en ADN antiguo nos compromete a no repetir errores del pasado colonial y a generar una información científica que pueda revertir en beneficio de los grupos indígenas y en el desarrollo de los países de origen. En realidad, esta guía ética se debería aplicar también a los estudios genéticos que se llevan a cabo en poblaciones actuales”, concluye Lalueza-Fox.

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