22 Mar 2018 - 3:00 a. m.

El científico GPS de Colombia

Héctor Mora ha trabajado más de 30 años para entender cómo se desplaza la corteza terrestre bajo nuestros pies. Su trabajo podría advertir los riesgos que corre una región de sufrir un terremoto.

Camila Taborda

El geólogo Héctor Mora lleva más de tres décadas consolidando una red de antenas que podrían predecir los sismos en Colombia, como esta de la represa Teatinos, en Boyacá.  / Alejandra Cardona Mayorga - Servicio Geológico Colombiano
El geólogo Héctor Mora lleva más de tres décadas consolidando una red de antenas que podrían predecir los sismos en Colombia, como esta de la represa Teatinos, en Boyacá. / Alejandra Cardona Mayorga - Servicio Geológico Colombiano

Si usted tiene una finca, Héctor Mora no perderá la oportunidad de preguntarle si puede instalar en ella una de sus estaciones: una antena clavada en el suelo que mide el movimiento de las placas tectónicas cada segundo para saber cuánto se desplaza la corteza sobre la que vivimos. Sus datos le muestran qué está pasando en el interior de la Tierra. Ya ha dispuesto por todo el país los más de cien aparatos a su nombre que le advierten el riesgo de sismo que corre una región

Con su trabajo está matando dos pájaros de un tiro. Por un lado, hizo realidad su sueño de niño de investigar de qué hablaba Julio Verne en Viaje al centro de la Tierra y otras novelas fantásticas que le hizo leer su papá. Por el otro, está innovando en la geodesia espacial, una línea que se desconocía cuando terminó su pregrado de Ingeniería Catastral y Geodesia hace décadas en la Universidad Distrital de Bogotá. Además, su trabajo alimenta su fascinación por los mapas y brújulas de su época como boyscout.

El tema lo enredó definitivamente hace 33 años, cuando el Nevado del Ruiz hizo erupción. Para entonces su hoja de vida era robusta. Había colaborado con el Censo Nacional de Cafeteros, había trabajado en zonas de reforestación, ayudado a diseñar el mapa de Medellín y delimitado resguardos indígenas hasta que el Servicio Geológico Colombiano (SGC), llamado antes Ingeominas, le propuso estudiar la deformación de la corteza terrestre a través de sistemas de posicionamiento global (GPS), una tecnología que solo Estados Unidos se daba el lujo de tener.

Mora no se negó. La innovación era tal que Colombia, el único país de América ubicado sobre cuatro placas tectónicas (la de Nazca, la de Cocos, la del Caribe y la Sudamericana), accedería a datos en tiempo real sobre la latitud, la longitud y la altura de cada región con respecto a los satélites que orbitan en el espacio. Una información que apenas tarda 0,06 segundos en llegar a Bogotá y que le indica cómo se están moviendo los bloques terrestres sobre las que estamos asentados.

En otras palabras, le permite establecer zonas en donde puedan ocurrir sismos. “Lo que sucede en la Tierra es lo mismo que sucede cuando tienes un bloque de plastilina estilo lonja de bocadillo y lo empiezas a presionar con dos fuerzas similares contrarias. Se empieza a deformar, sin cambiar su volumen, pero se empieza a desfigurar y esto se manifiesta en su superficie hasta agrietarse. Es similar en la Tierra, solo que al hacer presión, esa serie de fuerzas tectónicas forman las montañas, generan fallas geológicas y generan una acumulación de energía que termina por liberarse con un sismo”, explica Mora.

Para intentar predecirlos con ciencia, este bogotano ha recorrido los 32 departamentos del país buscando los sitios perfectos para sus estaciones. En sus mapas están marcadas 111 estaciones, enterradas entre 5 y 25 metros de profundidad según la superficie. La mayoría están ubicadas sobre las tres cordilleras del país. ¿Por qué? La razón es que los Andes, formados por el choque entre dos placas tectónicas, son una de las zonas del planeta más propensas a terremotos. La Amazonia, por el contrario, es una formación terrestre mucho más antigua y, por ende, más estable. Por eso, apenas se divisa una marca en Mitú, Vaupés, que Mora ha puesto por seguridad.

Para instalar todos esos sistemas, compuestos por dos antenas, un panel que recibe la información y un cable subterráneo por donde se envían los datos, el geodesta sigue tres requisitos imprescindibles: el lugar elegido debe ser un área descubierta para que la antena pueda recibir información vía satélite, tiene que ser lo suficientemente seguro para que el equipo, estimado en $50 millones, perdure y debe tener un área de por lo menos 18 metros cuadrados disponibles para instalarlo.

Estas condiciones parecen fáciles de encontrar pero, en palabras de Mora, ha sido un “trabajo de mercachifle eso de convencer a las instituciones para que apoyen el proyecto”. Por ahora, la Armada Nacional, con estaciones en Malpelo y Vichada, entre otras, es una de sus mejores aliadas. La NASA, el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, la Autoridad del Canal de Panamá y universidades como la Nacional conservan en sus campos una estación o han financiado la compra e instalación de alguna a cambio de datos satelitales.

Sin embargo, instituciones como la Armada Nacional, la NASA, el Area metropolitana de Antioquia, la Autoridad de Canal de Panamá y Universidades como la Nacional conservan han llegado a un acuerdo con Mora. Como también les interesa acceder a datos satélitales, a veces el equipo instala gratis una estación que otro compra y entre ambos se comparten la información. 

Gracias a esos paquetes de números y códigos, el geodesta y su equipo han consolidado reportes significativos para estimar cuanto se mueve la corteza terrestre según la tecnología espacial. De ahi que en el cierre del año, después de constatar sus crifas, los investigadores entreguen un mapa con los desplazamientos que pueden calcular. 

En el caso del año pasado, los resultados indicaron que la placa oceánica de Nazca se está deslizando por debajo de la placa Continental a 52 milimetros cada año. Es decir que en muchos millones de años, islas como Malpelo y Galápagos se podrían acercar a Colombia. 

Pero ese panorama no es el único que intriga. El Bloque Norte de los Andes (NAB), sobre el que está la mayor parte de Colombia, se está moviendo hacia el norte a 8,6 milímetros por año. "Esto lo que nos dice es que la masa involucrada en esos sitios donde se da el movimiento impresionantemente grande y es allí donde hay que poner atención", sostiene Mora. 

Esos frutos lo enorgullecen inmensamente porque después de cargarse al hombro este proyecto ahora ha conseguido algo. Convertirse, como él mismo lo asegura,"en el hombre GPS de Colombia" y darle un empujón tecnoógico al país en términos de prevención de riesgos. Ahora solo voy por las montañas pensando ¡ay, que bueno montar una estacion GPS ahí!, fue mi decisión más afortunada y una de las mejores inversiones del Estado. 

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