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El consumo de chocolate y los premios Nobel

De la misma forma que tenemos un capital científico en el país desfinanciado, somos productores de uno de los mejores cacaos del mundo, pero importamos el chocolate terminado. Tenemos las materias primas del conocimiento, pero no financiamos la investigación que les da valor.

Yenny Hernández*

13 de abril de 2026 - 07:45 p. m.
Una vez más, el rubro para Ciencia en el proyecto de presupuesto presentado al Congreso de la República bajó.
Foto: El Espectador
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En 2012 se publicó un artículo muy divertido en la revista de medicina de Nueva Inglaterra donde Franz Messerli examinaba los beneficios cognitivos del consumo de chocolate mediante una correlación entre el número de premios Nobel de un país con el consumo de barras de chocolate per cápita. Aunque claramente hubo correlación positiva (ej. Suiza consume mucho chocolate y tiene muchos premios Nobel), muchos no entendieron el objetivo de Messerli de mostrar como la sobre interpretación de los datos pueden llevar a inferir relaciones de causalidad que no existen a partir de simples correlaciones.

El artículo tuvo mucho impacto no solo en el público en general y los vendedores de barras de chocolate, sino también en la comunidad científica. En 2013, un equipo de investigadores de Bélgica se dio cuenta que había una variable que Messerli no había tenido en cuenta: es el producto interno bruto (PIB) de los países. En el Journal of Nutrition (Editorial Elsevier), añadieron esta nueva correlación a la discusión: países con mayor PIB tienen más premios Nobel.

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Algo que tienen en común muchos de los países que consumen muchas barras de chocolate, es la relación entre un PIB alto, la inversión sostenida en investigación básica y los aportes científicos que el comité Nobel reconoce con sus premios. La investigación básica es aquella que hacemos los científicos para resolver preguntas sobre el funcionamiento de la naturaleza y es la que rompe paradigmas para el desarrollo tecnológico y social.

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Traigo esto a colación porque, una vez más, el rubro para Ciencia en el proyecto de presupuesto presentado al Congreso de la República no sólo bajó, sino que lo hizo a un punto en que el Ministerio ha tenido que solicitar más del doble de lo asignado para poder cumplir sus funciones. La caída acelerada en los últimos cuatro años de los rubros asignados a Minciencias en el presupuesto dificulta el trabajo y el impacto que puede tener ese ministerio y hace que se pierdan capacidades y oportunidades en investigación básica en el país.

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Normalmente, cuando los científicos levantamos este tipo de alertas, se nos recuerda que existe la financiación a partir de recursos de regalías. Una primera mirada a los datos y que ha sido reportada por comunidades científicas y varios medios de comunicación es la preocupante ejecución de esos recursos, ya sea porque los mecanismos quedaron mal diseñados, por la alta rotación de los miembros del OCAD o por cambios en las reglas de juego.

Además, excluyendo las convocatorias de formación de capital humano, apenas el 8-13% de los recursos de las convocatorias de los bienios 2023 - 2024 y 2025 – 2026 ha ido a proyectos en ciencia básica. Esto es sin desconocer que el Ministerio busca recursos y abre convocatorias, pero esto ocurre a pesar del presupuesto, no gracias a él: abrir una convocatoria requiere que el Ministerio haga un ejercicio de ingeniería financiera, reuniendo recursos de múltiples fuentes para compensar lo que el presupuesto ordinario no cubre.

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De la misma forma que tenemos un capital científico en el país desfinanciado, somos productores de uno de los mejores cacaos del mundo pero importamos el chocolate terminado. Tenemos las materias primas del conocimiento — los estudiantes, los laboratorios, las preguntas — pero no financiamos la investigación que les da valor. Messerli propuso con humor que para ganar más premios Nobel había que comer más chocolate. La respuesta seria es otra: hay que invertir en ciencia básica con la misma constancia con que Suiza, Alemania y el Reino Unido (altos consumidores de barras de chocolate) lo han hecho por décadas, independientemente del ciclo político. Esa correlación sí es causal.

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*Profesora Departamento de Física y Vicedecana de Investigación – Facultad de Ciencias. Universidad de los Andes.

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Por Yenny Hernández*

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