21 Mar 2017 - 1:57 p. m.

El hombre que inmortaliza los insectos

Ricardo Pérez es la única persona en la U. de Harvard especializada en conservar insectos antiguos. Su trabajo le apasiona: debe digitalizar para la posteridad los más de 60.000 especímenes fósiles de una colección. Con extrema delicadeza, insecto a insecto, él y su equipo están creando un gran banco del pasado.

Agencia de Noticias Sinc

De toda la colección, ya lleva un 70% digitalizado. / amigoco 17/7 imágenes
De toda la colección, ya lleva un 70% digitalizado. / amigoco 17/7 imágenes

En un megaedificio de laboratorios de Harvard, descansan y acumulan horas, días y semanas cientos de miles de fósiles, los restos de organismos que vivieron y murieron hace millones de años y que esperan su turno de ser digitalizados para la posteridad.

En el caso de los insectos fosilizados, el encargado de hacerlo se llama Ricardo Pérez de la Fuente. Es alto, nació hace 30 años en Barcelona y es paleoentomólogo. Este investigador y su equipo de técnicos desarrollan una actividad pensada para el fin de los días: en las profundidades del Museo de Zoología Comparada, digitalizan con paciencia los más de 60.000 especímenes de insectos fosilizados que componen una de las colecciones de este tipo más grandes del mundo, la generada durante 90 años por el metódico profesor Frank M. Carpenter: hormigas, avispas, libélulas, cucarachas y polillas, muchas de ellas ya extintas.

“Es maravillosa –dice, cargado de entusiasmo, este científico español–. La colección estuvo durante décadas a la sombra, oculta del mundo. Ahora la estamos compartiendo con investigadores y con el público. La joya es la mariposa fosilizada mejor conservada. También un ala de libélula gigante, un insecto que era tan grande como una gaviota. La colección está colmada de secretos: uno puede llegar a descubrir tesoros guardados durante años en un cajón. Aquí veo bichos que nadie jamás ha visto antes”.

La eternidad digital

Como todo niño –y todo adulto–, Ricardo Pérez de la Fuente cayó bajo el influjo de Jurassic Park. “Los dinosaurios siempre son lo que más engancha”, reconoce. Pero en 2008, un profesor de la facultad lo invitó a una expedición y, sin dudarlo, se sumó a ella.

Desde entonces, exploró y estudió los tesoros del yacimiento de El Soplao descubiertos en 2008 en Cantabria, el más extenso y rico en ámbar en Europa de mediados del periodo Cretácico, hace unos 100 millones de años.

En la resina fosilizada alguna vez secretada por los árboles, los insectos han quedado aprisionados, congelados en el tiempo, como en una fotografía de antiguos ecosistemas. Allí, por ejemplo, este investigador encontró en 2012 un ejemplar único: una larva depredadora a la que llamó Hallucinochrysa diogenesi que aparece recubierta por una maraña de pequeños filamentos de origen vegetal recolectados con sus mandíbulas con el fin de confundirse así con el entorno.

“Se trata la evidencia de camuflaje en insectos más antigua conocida hasta ahora”, cuenta hoy uno de los apenas 50 paleontomólogos que hay en el mundo. Con la ayuda de artistas como el español José Antonio Peñas, este insecto de unos cuatro milímetros de longitud ya extinguido que convivió con los dinosaurios ha sido recreado digitalmente.

“Lo que intentamos hacer es reconstruir la historia de la vida –explica Pérez de la Fuente–. El único modo de comprender el presente y el futuro es estudiar el pasado. Descifrarlo. Para muchos, mirar hacia atrás puede parecer un ejercicio absurdo. Pero grabada en el registro fósil y en la tierra hay una infinidad de procesos que, si somos capaces de comprender, nos permitirán adelantarnos a lo que puede llegar a acontecer. Cada muestra de un insecto fosilizado es una pieza de un puzle gigante”.

Lo primero es tomarles varias fotografías. "No podemos captar la riqueza del fósil en una sola imagen –dice–. La mano siempre va debajo de la muestra. Siempre. Por suerte, aún no he tenido ningún accidente. Toco madera”.

Y entonces, como parte de la Fossil Insect Collaborative –un proyecto de digitalización pionero en Estados Unidos en los que se aúnan los esfuerzos de instituciones como Yale, la Universidad de Colorado, el American Museum of Natural History y Harvard–, ingresa a una base de datos para, finalmente, fomentar estudios globales con Big Data.

Pero, curiosamente, no todas las muestras de la colección que digitaliza este científico español han sido correctamente identificadas. En caso de detectar un error, él es el único con la potestad de rectificarlo.

De toda la colección, ya lleva un 70% digitalizado. “Me encantaría hacer algo así en España –confiesa–, pero en estos momentos es impensable”.

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