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Sin muchos detalles, SpaceX, la empresa propiedad de Elon Musk, ha anunciado que durante los próximos años quiere lanzar al espacio hasta un millón de satélites como centros de datos orbitales para la computación de inteligencia artificial.
El solo anuncio ha puesto en alerta a científicos y astrónomos. Hace unos años, en 2021, un grupo de investigadores publicó una predicción sobre cómo se vería el cielo nocturno con 65.000 satélites de cuatro megaconstelaciones planificadas: Starlink de SpaceX, Kuiper de Amazon (ahora Leo), OneWeb del Reino Unido y Guowang de China. En ese momento y con ese número, concluyeron que uno de cada 15 puntos visibles en el cielo nocturno sería un satélite, no una estrella.
Ahora, ese mismo grupo de científicos hizo una actualización rápida de su modelo con el anuncio de un millón más de satélites, y, por supuesto, el escenario es mucho más complicado. “Si permitimos que SpaceX lance estos satélites, veremos más satélites que estrellas durante gran parte de la noche y del año, en todo el mundo. Esto dañará gravemente el cielo nocturno para todos los habitantes de la Tierra”, escriben los científicos en una columna publicada en The Conversation.
Hoy, y para poner en perspectiva lo que se pierde, el ojo humano puede distinguir menos de 4.500 estrellas en un cielo nocturno sin contaminación lumínica.
Los investigadores publicaron la simulación del cielo nocturno completo, visto desde una latitud de 50 grados norte a medianoche en el solsticio de verano.
La imagen muestra una simulación del cielo nocturno en dos escenarios distintos. A la izquierda aparece el caso de los centros de datos orbitales de SpaceX (SXODC), donde los puntos de colores representan la posición y el brillo de los satélites: los tonos amarillos indican los más brillantes y los azules los más tenues. En este escenario, se proyecta que habría más de 64.000 objetos iluminados por el Sol y cerca de 37.000 visibles a simple vista desde un mismo punto.
A la derecha se muestra, como comparación, una constelación de 42.000 satélites Starlink. Aunque también se trata de una red muy grande, en un momento dado solo unos cientos estarían iluminados y unas decenas serían visibles a simple vista.
“Cada una (de las imágenes) de nuestras simulaciones muestra que habrá más satélites visibles que estrellas durante gran parte de la noche y del año. Es difícil exagerar esta idea: si se lanzaran un millón de nuevos satélites, en las órbitas y con los tamaños propuestos, las estrellas que podemos ver por la noche quedarían completamente eclipsadas por satélites artificiales en todo el mundo”, escriben los investigadores. En su columna, agregan que la propuesta de SpaceX no incluye ninguna mención al acuerdo de coordinación para cielos oscuros y silenciosos exigido por la FCC: “Es como una bofetada en la cara” de los astrónomos.
El “acuerdo de coordinación para cielos oscuros y silenciosos” de la Federal Communications Commission (FCC) no es un tratado formal con ese nombre exacto, sino una forma de referirse a un conjunto de lineamientos y compromisos que buscan reducir el impacto de los satélites sobre la astronomía y el entorno espacial.
En términos sencillos, surge del crecimiento de grandes constelaciones satelitales como las de SpaceX, que han generado preocupación por dos efectos principales: la contaminación lumínica (satélites visibles que interfieren con la observación del cielo) y la interferencia radioeléctrica (ruido que afecta a los radiotelescopios). Frente a esto, la FCC, junto con agencias científicas, ha promovido medidas de coordinación para mitigar esos impactos. Estas medidas incluyen, por ejemplo, reducir el brillo de los satélites, ajustar sus órbitas, compartir información sobre trayectorias y frecuencias, y coordinar con observatorios astronómicos.
La idea detrás de “cielos oscuros y silenciosos” es preservar la capacidad de observar el universo desde la Tierra, incluso en un contexto donde cada vez hay más infraestructura en órbita, algo que para los investigadores no se cumple con la propuesta de la empresa de Musk de lanzar un millón más de máquinas.
Finalmente, los científicos que escriben en The Conversation recuerdan algo que parece obvio: el espacio orbital es un recurso finito. En otras palabras, no se trata de un entorno ilimitado donde se puedan ubicar satélites sin restricciones, sino de un espacio con capacidad limitada, donde cada nuevo objeto aumenta la congestión, el riesgo de colisiones y la generación de desechos espaciales. “No se debería permitir que una sola corporación con sede en un solo país arruine la órbita, el cielo nocturno y la atmósfera para todos los demás en el mundo”, concluyen.
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