La tortuga marina más pequeña del mundo, conocida como tortuga Iora (Lepidochelys kempii), podría estar habitando una porción del mar con demasiado ruido. Eso sugieren un grupo de investigadores en un estudio publicado en la revista The Journal of the Acoustical Society of America, en el que analizaron la sensibilidad auditiva de esta especie.
La Iora es una tortuga que no supera los 90 centímetros y, en su etapa adulta, puede alcanzar los 45 kilogramos de peso, un tamaño modesto en comparación con otras especies marinas.
Considerada en peligro crítico por la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, esta tortuga habita en las aguas del Golfo de México, una zona de alto tránsito marítimo.
En ese contexto, los científicos buscaron analizar la sensibilidad auditiva que tendría la tortuga Iora. Para hacerlo, instalaron sensores que permitían medir la actividad de los nervios auditivos de los individuos.
“Los resultados del presente estudio demuestran que los umbrales auditivos de la tortuga lora son lo suficientemente bajos como para detectar ruido antropogénico repetido o prolongado en zonas con actividad industrial”, escribieron en el artículo sobre sus hallazgos.
Esto se hace más problemático si se tiene en cuenta que, según el estudio, la tortuga es particularmente sensible a las frecuencias de ruido bajas. En las aguas del Golfo de México, señalaron los autores, se han encontrado niveles de ruido de baja frecuencia que se mantuvieron por encima de los 110 decibeles por más de 250 en un período de menos de un año y medio.
La actividad industrial, como los grandes buques de carga o los pesqueros a gran escala, suele estar asociada al ruido en frecuencias bajas. Teniendo en cuenta que se trata de una especie en riesgo, el impacto en sus hábitos de alimentación, vida y tránsito puede ser crucial para su supervivencia.
Los autores, además, aclaran que sus hallazgos deben tomarse como una medida conservadora de los niveles de sensibilidad auditiva de la tortuga, pues podrían estar subestimando la sensibilidad a otro tipo de frecuencias, algo que podría aumentar su susceptibilidad a un entorno en el que hay ruido constante.
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