31 Jul 2017 - 2:00 a. m.

“En Japón, los robots son parte de la sociedad”: Diego Felipe Páez

El ingeniero colombiano Diego Felipe Páez Granados diseñó un robot que enseña a bailar. Más allá de su aplicación lúdica, el sistema podría ser útil en tratamientos de rehabilitación.

PABLO CORREA

Dante mide 1,8 metros y cuenta con ruedas y sensores de fuerza. / Cortesía: Diego Felipe Páez Granados
Dante mide 1,8 metros y cuenta con ruedas y sensores de fuerza. / Cortesía: Diego Felipe Páez Granados

Los primeros robots que diseñó Diego Felipe Páez Granados en la Universidad de Pamplona, en Norte de Santander, eran “seguidores de línea”, autómatas simples y básicos cuya principal tarea consistía en seguir una dirección demarcada en el suelo.

Luego se enfocó en aprender las destrezas básicas para crear robots manipuladores industriales. Uno de esos aparatos fue su trabajo de grado en la carrera de ingeniería mecatrónica, un proyecto que le abrió el camino hacia el país en el que sueña vivir cualquier enamorado de los androides y el resto de seres construidos con circuitos y programación. Gracias a una beca del gobierno de Japón entró al Laboratorio de Sistemas Robóticos en la Universidad de Tohoku.

Este año, con apenas 27 años, presentó en la Conferencia Internacional de Robótica y Automatización, que tuvo lugar en Singapur entre el 29 de mayo y el 3 de junio, a Dante. El robot de 1,8 metros, equipado con ruedas y sensores de fuerza, está diseñado para evaluar los movimientos de un aprendiz de baile, guiarlo y adaptarse a su nivel de destreza. Esta última es la principal novedad respecto a otros robots diseñados para bailar.

¿Cómo ha sido la adaptación para trabajar y competir en un país como Japón?

Lo más difícil siempre es el idioma, fue lo que más tiempo me tomó. Estudié un año japonés para aprender a comunicarme. Con respecto a la educación y la investigación, aquí el sistema es diferente, pero considero que en la Universidad de Pamplona salimos bien preparados. El nivel de pregrado en Colombia es tan alto como en Japón, porque, a diferencia de Colombia, el 95 % de los estudiantes en Japón van a maestría muy pronto y en el nivel de pregrado no hay tanta exigencia como uno cree.

De todas las ramas de la robótica, ¿cuál le interesa más?

Comencé con la idea de trabajar en interacción humanos-máquinas y por eso vine a este laboratorio. Siempre quise trabajar en esta área. Uno de los proyectos que me parecieron interesantes fue el diseño de un sistema de comunicación física entre robots y personas.

¿Es el primer robot que enseña a bailar?

En este laboratorio se creó hace algunos años un robot para predecir el movimiento de las personas. Era un robot para bailar, pero no se movía si la persona no lo guiaba. Reaccionaba a la persona. Decidí hacer lo contrario: que fuera el robot el que iniciara los movimientos, que tomara la información de bailarines profesionales, ejecutara los pasos y le enseñara a una persona.

¿Qué tipo de bailes enseña el robot?

Está diseñado para bailar vals. Hemos hecho diferentes pruebas, primero con 10 personas y luego con 12. Les enseña pasos básicos de vals. El robot va cambiando si la persona mejora. Si mejora, usa menos fuerza; si la persona no lo hace, continúa cometiendo los mismos errores, la guía con más firmeza.

¿Qué es lo más difícil a la hora de fabricar un robot como este?

Lo más difícil es la interacción con personas. Un robot tiene muchos componentes mecánicos y electrónicos, pero todo esto puede ser modelado y entendido. Sin embargo, en el momento en que entra en contacto con una persona no se sabe la respuesta. Lo más difícil es controlar el robot para que sea seguro.

¿Qué han dicho las personas que han tomado clases con el robot?

La mayoría de personas quedan sorprendidas. Siempre hay un poco de miedo al tocarlo, pero después de cinco minutos se sienten cómodas y tranquilas.

¿Qué espera mejorar del robot?

Estamos trabajando para mejorar el sistema de enseñanza y al mismo tiempo he comenzado otro proyecto más aplicado. Utilizar exoesqueletos para motivar a las personas a caminar más, a moverse más, basados en el mismo sistema de aprendizaje y adaptación al comportamiento de las personas.

¿Cuáles fueron los principales problemas para sacar adelante este proyecto?

Los japoneses reciben a los robots como parte integral de la sociedad, no tienen dudas sobre si se deben utilizar o no, para ellos es simplemente una necesidad. Eso hace que la investigación en robótica sea apoyada por la sociedad. Por eso aceptan y financian proyectos nuevos que nadie está dispuesto a hacer; por ejemplo, este robot para enseñar a bailar y que eventualmente se podría utilizar en tareas de rehabilitación médica. La sociedad japonesa permite estas ideas.

¿Qué tan lejos estamos de ver una inteligencia artificial muy potente?

La inteligencia artificial en robótica está muy lejos de acercarse al pensamiento humano. Aunque existen sistemas automáticos muy robustos, son muy locales y no tienen la capacidad cognitiva de entender el mundo. Aplicaciones como esta son específicas y el robot es inteligente porque puede manejar una gran cantidad de información.

¿Qué planes tiene ahora?

Tengo planeado quedarme en Japón dos o tres años trabajando, avanzar más en esta área y profundizar en otras, como la inteligencia artificial.

¿Qué cree que hace falta en Colombia para impulsar más la robótica?

Diría que la relación de universidades con industrias. Aquí en Japón es muy cercano, el 50 % de los trabajos que se hacen en las universidades son para la industria, pero en Colombia no existe esa confianza entre universidades e industria. Eso es un problema.

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