22 Mar 2018 - 5:32 p. m.

En Medellín hablan sobre la ciencia que esconde el fútbol

Mauricio Molina fue el elegido para inaugurar la última exhibición del Parque Explora: ¿De qué está hecho un gol? Una muestra interactiva diseñada por bioingenieros y creativos quienes indagaron durante los últimos meses un tema que le apasiona a muchos.

Redacción ciencia

Mauricio Molina celebra el título del Medellín junto a David González. / AFP
Mauricio Molina celebra el título del Medellín junto a David González. / AFP

Cientificamente: un arquero tiene apenas 0.13 segundos para reaccionar ante un gol. Un tiempo mínimo si se tiene en cuenta que el partido depende de su elección. De la dirección y el movimiento que decida. Toda una maquinaria neuronal se escode detrás de esas acciones y consagran jugadas memorables dentro del fútbol, como el gol imposible de Roberto Carlos contra Francia en 1997. 

Mauricio Molina fue el elegido para inaugurar la última exhibición del Parque Explora: ¿De qué está hecho un gol? Una muestra interactiva diseñada por bioingenieros y creativos quienes indagaron durante los últimos meses un tema que le apasiona a muchos.

La ciencia detrás de este deporte ha estado en la banca por largo tiempo. Para hablar de ella y de su papel dentro de la cancha, el Parque Explora de Medellín inauguró ayer su exhibición "Fútbol: ¿De qué está hecho un gol?". Una muestra que aprovecha la coyuntura, a menos de tres meses del Mundial de Rusia, para hablar de un tema en el que participan activamente más del 4% de la población mundial según una encuesta de la FIFA hecha hace una década. 

Para inaugurar la exhibición, los expertos del Explora atinaron en invitar a Mao Molina, exjugador estrella del Independiente Medellín (DIM), y al doctor Jaime Gallo, especialista en medicina aplicada a la actividad física y al deporte, para hacerle justicia a la ciencia. Mostrar a través de evidencia la inginería dentro del cuerpo de un futbolista. 

Así lo hicieron. Por más de dos horas, el experto realizó una serie de pruebas en el corazón de este jugador, quien en noviembre pasado anunció su retiro del fútbol después de 20 años de carrera deportiva. La primera fue una ecocardiografía, una técnica no invasiva en la que se ponen cuatro electrodos en el pecho para analizar el funcionamiento de este órgano.

Los resultados, proyectados en una pantalla frente a casi 280 personas que asistieron al evento llamado Corazón de futbolista, mostraron un registro de actividad eléctrica en perfectas condiciones. El sonido de su corazón y un flujo de sangre a través de la vena aorta evidenciaban, explicaba Gallo, un aumento en el tamaño de las cavidades y las paredes del corazón.

Otra muestra clara de sus años de entrenamiento fue el número de latidos que alcanza su corazón en un minuto, alrededor de 50 a 52, expulsando 80 milímetros de sangre. En una persona promedio la frecuencia cardíaca normal es mayor, entre 60-100 latidos por minuto. De hecho, para que fuera más claro el ejercicio, las pruebas hechas en Mao Molina se realizaron también en un asistente del público. Alguien que no realizara actividad física con frecuencia para así comparar ambos órganos. 

Para ello les pusieron una serie de pruebas conectados a aparatos. Caminar, trotar, correr en cargas elevadas sobre una caminadora eléctrica. Los corazones de Molina y de Daniel Mejía, el asistente, mostraron que mientras en la frecuencia cardiáca del futbolista era de 128 por minuto durante una carga pesada, la del menos atleta era de 172. Incluso, al terminar la evaluación, sus organos seguían mostrando que la capacidad de recuperación era más rapida en el exmediocampista que en Mejía. 

"Aquí nos enfocamos en la memoria explícita e implícita, que es como funciona la mente. Memoria implicita son las acciones que uno hace cotidianamente, las que no tiene que pensar tanto porque las interiorizas como caminar. Es lo mismo que patear un arco para un futbolista porque es algo que hacen un montón, sin embargo, cuando piensan en hacer el movimiento es un proceso de memoria experimental o explicita, por ejemplo un penal. Ahí hacen que el cerebro encuentre una ruta distinta para resolver un problema que suele mantener bajo control", explica Daniela Ortega, ingeniera biomédica de la Universidad de Antioquia. 

Esta joven paisa y su colega David Grajales, acompañados por cuatro diseñadores de la ciudad, investigaron desde diciembre pasado el retrato de la ciencia dentro de las jugadas, los personajes, la historia y los elementos que están dentro del fútbol. De esa manera diseñaron la muestra que estará hasta el 20 de agosto en el museo interactivo. El plan de los científicos fue hablar de cada rol, para los directores técnicos, el ejemplo más claro que encontraron fue mostrar sus estrategias a la hora de armar su equipo. 

O, en el caso de los arqueros, el tiempo de reacción que tienen con base en la visión. En palabras de Ortega, "el tiempo que te toma entre lo que ves y lo que haces y cómo con base en eso, deben aproximar la trayectoria del balón". Para los árbitros eligieron una muestra sobre el alcance de este sentido, como por ejemplo cuando en la cancha de juego puede que queden puntos ciegos que no se alcanzan a ver  en el panorama.

Entre otras exhibiciones, está la de realidad aumentada, líneas históricas y diseños de balones, guantes y guayos. Hasta datos curiosos sobre las principales lesiones en el mundo del balompié, como la lesión del ligamento cruzado. De esa manera el Explora concluye ese recorrido que, como todas las muestras del parque, no pretende tener una única respuesta sobre los fenómenos físicos y químicos que a veces nos cuesta entender. 

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