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Un grupo de científicos internacional presentó a lo que llamó “Ace”, la que dicen es la primera IA capaz de competir (y de ganarle) a jugadores de tenis de mesa de élite. Aunque la inteligencia artificial y los robots ya han demostrado que pueden alcanzar e incluso superar a los humanos en muchos videojuegos, en el mundo real la cosa se creía distinta. Deportes como el tenis de mesa, por ejemplo, son mucho más difíciles para una IA porque exigen reaccionar en fracciones de segundo, moverse con precisión física, anticipar jugadas y tomar decisiones en tiempo real, todo mientras se interactúa con objetos reales (la pelota, la mesa, el rival).
En ese contexto aparece entonces Ace, un sistema de inteligencia artificial integrado en un robot diseñado para jugar tenis de mesa. Lo que lo hace distinto, dicen los autores en un artículo publicado en Nature, referencia de la mejor ciencia del mundo, es la combinación de varias tecnologías: sensores visuales de alta velocidad que detectan el movimiento casi de inmediato, un sistema de aprendizaje por refuerzo que le permite mejorar a partir de la experiencia, y un hardware robótico capaz de ejecutar movimientos rápidos y precisos.
Cuando fue evaluado contra jugadores profesionales bajo las reglas oficiales del deporte, Ace no solo logró competir, sino que también ganó algunos partidos. Además, demostró ser capaz de devolver pelotas muy rápidas, manejar efectos complejos y mantener consistencia en el juego, algo especialmente difícil en este deporte. “Ace desafía a jugadores de élite y profesionales utilizando equipamiento y reglas profesionales sin modificaciones, demostrando por primera vez, hasta donde sabemos, que es posible que los sistemas de IA superen a los atletas humanos en juegos interactivos basados en habilidades físicas”, escriben los autores.
El buen desempeño de Ace no solo es un logro en el tenis de mesa, continúa el artículo científico, sino una señal de que este tipo de tecnología podría aplicarse en muchos otros campos. Gracias a su sistema de percepción rápida y a su forma de aprender a controlar sus movimientos, abre la puerta a usar técnicas similares en áreas donde se necesita reaccionar en tiempo real e interactuar con personas, como la robótica en fábricas o en servicios.
Sin embargo, los científicos también resaltan un reto importante: llevar lo que la inteligencia artificial aprende en simulaciones al mundo real no es tan sencillo. En un entorno físico, especialmente cuando hay humanos involucrados, las variables son muchas y difíciles de predecir. Modelar el comportamiento humano es complejo, escriben los autores, y sin ese modelo la IA no puede optimizar su objetivo final, por ejemplo, ganar un partido, por lo que debe apoyarse en objetivos intermedios o aproximaciones. Para seguir mejorando, los investigadores plantean dos caminos. Por un lado, estudiar más a fondo cómo juegan los humanos, es decir, entender sus tácticas y estrategias, podría ayudar a que la IA tome mejores decisiones. Por otro, permitir que el sistema aprenda continuamente mientras interactúa en el mundo real.
Aun con esos desafíos, el estudio sugiere que sistemas como Ace ya pueden estar empezando a cambiar la forma en que los humanos interactúan y juegan a deportes como el tenis de mesa. De hecho, un exjugador olímpico de tenis de mesa, Kinjiro Nakamura, se sorprendió al ver uno de los golpes de Ace en un partido y señaló, citado por el artículo científico: “(...) nadie más habría podido hacer eso. No creía que fuera posible. Pero el hecho de que fuera posible... significa que existe la posibilidad de que un humano también pueda hacerlo”.
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