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Un ciudadano llamado Joël Lapointe estaba trazando un viaje a través Google Maps, cuando se percató de un gran hoyo, de cerca de 25 kilómetros, en la región de Côte-Nord, en Quebec (Canadá). A simple vista, a Lapointe, que es astrónomo aficionado, le pareció un cráter de meteorito. Sin embargo, no estaba registrado en ninguna de las bases de datos que conocía, por lo que consultó a expertos.
Ahora, tras visitar e inspeccionar la zona, un grupo de investigadores ha confirmado que, en efecto, se trata de un cráter de meteorito de casi 390 millones de años de antigüedad que nunca antes había sido identificado. “Fue un descubrimiento realmente emocionante”, dijo a la CBC/Radio-Canada Gordon Osinski, profesor de geología planetaria en Western University y quien formó parte de la expedición.
Osinski dirige Impact Earth, un sitio web de impactos de cráteres verificados. Aunque suele recibir muchas falsas alarmas en su correo electrónico, luego de ver la imagen satelital de Lapointe, decidió investigar el asunto en persona, junto a su equipo. La tarea no fue nada sencilla, pues el área era de difícil acceso.
El hidroavión en el que se transportaron no pudo llegar hasta la costa y los científicos tuvieron que caminar en agua poco profunda para llegar a tierra irregular, con desniveles y llena de densa vegetación. Pero tras superar esos obstáculos, los científicos lograron observar grandes acantilados de roca fundida por el impacto del meteorito.
“Cuando un asteroide lo suficientemente grande impacta contra la Tierra, se pueden derretir literalmente decenas de kilómetros cúbicos de la corteza terrestre”, explicó Osinski. Los investigadores, además, identificaron conos de fragmentación, que son las huellas que las ondas de choque dejan en la roca y se ubican exclusivamente en cráteres de impacto o en lugares de prueba de bombas nucleares.
Luego de estudiar en su laboratorio varias de las muestras recolectadas, el equipo presentará sus hallazgos el próximo mes, durante la Reunión Anual de la Sociedad Meteorítica de 2026, en Alemania. Según Osinski, apenas se conocen unos 200 cráteres de meteoritos en el planeta, y este es quizás uno de los más grandes que se han descubierto en los últimos años. El cráter se denominará Uhackatik, un nombre que el equipo escogió junto con la comunidad indígena Innu de Ekuanitshit.
Otro de los investigadores, Jérôme Gattacceca, geólogo del Centro Europeo de Investigación y Enseñanza en Geociencias Ambientales, dijo en entrevista con Radio-Canada que este caso es una “hermosa lección de que nuestro planeta, a pesar de que lo hemos estudiado mucho, todavía guarda sorpresas y continúa asombrándonos”.
Por su parte, Lapointe animo a la ciudadanía a “no ignorar la intuición o una observación, incluso si no forma parte de su campo de especialización”.
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