El cabezazo es un recurso clave en el fútbol. Para anotar goles tras un centro desde la esquina o de tiro libre, para rechazar en defensa y, en algunas ocasiones, para hacer un pase a un compañero.
Pero golpear el balón con la cabeza podría tener efectos negativos en las personas, algo por lo que la neurociencia se ha preocupado desde hace varios años. Estudios de la Universidad de Columbia han llamado la atención en el pasado sobre el riesgo de daño cerebral acumulativo en jugadores de fútbol amateur que cabecean con frecuencia un balón.
Ahora, un grupo de científicos de los Países Bajos, miembros del Amsterdam University Medical Center, hizo una investigación para testear esto en un grupo de 302 jugadores amateur de fútbol. Todos eran adultos y se dividían entre quienes cabeceaban el balón y quienes no lo hacían durante un partido.
El estudio se realizó durante 11 partidos y tomaba tres muestras de sangre en cada uno. Una de las muestras se tomaba antes del partido, la segunda se tomaba justo al terminar el partido, y una más entre 24 y 48 horas después de terminar el partido.
Los científicos, que publicaron sus resultados en la revista JAMA Neurology, se centraron en analizar ocho proteínas que se han relacionado con el deterioro cerebral y como biomarcadores de enfermedades neurodegenerativas, como el alzhéimer.
En su análisis, encontraron dos proteínas que incrementaban sus niveles en las personas que cabeceaban el balón dos o más veces durante un partido, en comparación con aquellos que no lo hacían. Se trata de las proteínas p-tau217 y S100B, que son indicadores de deterioro cerebral.
Al revisar las muestras de sangre tomadas hasta 48 horas después del partido, el estudio encontró que los niveles de ambas proteínas volvían a sus niveles habituales en ese período de tiempo. Para los científicos, eso plantea varias preguntas.
Por una parte, plantean los investigadores, aunque la presencia de estas proteínas no es un indicador inequívoco sobre la aparición de enfermedades neurodegenerativas, sí abre una invitación a la ciencia para realizar más investigaciones que permitan entender si hay un efecto a largo plazo.
También abre un debate sobre lo que ocurre en el cuerpo cuando los niveles de estas proteínas incrementan y luego vuelven a sus niveles habituales. Una pregunta fundamental para los científicos es si, a pesar de regresar a la normalidad, su incremento genera un daño que persiste en el tiempo.
Otras investigaciones, como la de la Universidad de Columbia publicada en 2024, o una de la revista Frontiers publicada en 2016, han advertido de posibles efectos del cabeceo frecuente entre adultos que practican el deporte de manera amateur. Aunque los indicios ya cuentan con evidencia, los científicos insisten en que se requieren más investigaciones para establecer su relación con la aparición de enfermedades neurodegenerativas u otras consecuencias del deterioro cerebral.
👩🔬📄 ¿Quieres conocer las últimas noticias sobre ciencia? Te invitamos a verlas en El Espectador. 🧪🧬