27 May 2018 - 2:00 a. m.

Estudiantes colombianos recolectan datos para la NASA

El colegio Rochester es una de las 93 instituciones que han enviado observaciones ambientales a Globe, uno de los programas más grandes en el mundo de ciencia ciudadana. Próximamente se podrá hacer seguimiento a los mosquitos a través de una aplicación que lanzó esta iniciativa.

Maria Mónica Monsalve /@mariamonic91

Alejandro Torres, Sofía Palomino y Luis Carlos Pardo fueron seleccionados para presentar su proyecto en Globe. / Cristian Garavito – El Espectador
Alejandro Torres, Sofía Palomino y Luis Carlos Pardo fueron seleccionados para presentar su proyecto en Globe. / Cristian Garavito – El Espectador

Alejandro Torres, estudiante de décimo del colegio Rochester lanzó un disco sobre un reservorio de agua y lo dejó colgado de una cuerda. El disco, que en realidad se llama Secchi, está dividido en cuatro partes, dos blancas y dos negras, que le van a permitir medir la turbulencia del agua. “Cuando se dejan de ver los colores, miramos en la cuerda qué tan profundo está y eso nos da la medida”, explica. Junto con sus dos compañeros de grado, Sofía Palomino y Luis Carlos Pardo, el grupo se dedicó a hacer este mismo procedimiento cada viernes, durante la clase de Science, desde noviembre del año pasado hasta marzo de 2018.

Durante una hora, los tres, y de manera voluntaria, se pusieron en la misión de caracterizar a fondo el reservorio de agua artificial que tiene el colegio, ubicado junto al peaje del norte de Bogotá. Después de tomar dos muestras de agua en frascos, una que debía ser cerrada bajo el agua para no contaminarse con el oxígeno, y otra que no, se dirigían al laboratorio para medir distintas variables: la alcalinidad, el pH, el oxígeno disuelto, los fosfatos y los nitratos. Todos indicadores con los que buscaban resolver si el reservorio artificial ya era apto para introducir vida.

Pero cada dato que iban tomando, así como muchos otros que ha ido recolectando el Rochester desde 2015, tienen una particularidad: son subidos a Globe, una plataforma de la NASA que busca que los estudiantes sean los encargados de verificar la información que ha recopilado sus satélites desde el espacio.

En el edificio del Instituto de la Paz en Estados Unidos, ubicado en Washington, Lyn Wigbels, coordinadora internacional de Globe, comenta que este proyecto, uno de los más grandes sobre ciencia ciudadana, nació en 1994, en un Día de la Tierra. Un año después, cuando fue lanzado oficialmente, ya eran 33 países los que estaban recolectando datos. “Tenemos expertos que hicieron el protocolo, pero pensaron en uno para científicos y otro para educadores, así nos aseguramos de que los datos recolectados tengan el mismo método”, aclara.

El kit que llevan al laboratorio los estudiantes del Rochester, por ejemplo, es uno LaMotte, para monitorear el agua recomendado por Globe. Se trata de tres cajitas azules que adentro tienen tubos, regletas de color y reactivos calibrados que permiten hacer las medidas más fáciles. Alejandro, Sofía y Manuel saben de memoria la cantidad de gotas o pastillas que deben mezclar con el agua, así como lo que significa cada color que da la mezcla. “Si tiende a estar morada, significa que tiene un pH alto, y si en cambio es más roja, el pH es bajo”, menciona Luis Carlos.

Además de enviar la información a la NASA, estos estudiantes también utilizaron los datos para terminar la primera investigación sobre el reservorio del colegio. Un trabajo que enviaron a Globe y que ha sido seleccionado para participar y competir contra estudiantes de otras partes del mundo en un simposio digital internacional que se llevará a cabo en octubre de este año.

Cuando ver nubes es una tarea de colegio

En su tiempo libre a Luis Carlos Pardo le gusta observar las nubes. Por eso, el año pasado decidió colarse en un proyecto que estaba pensado para los alumnos de once, así él no hiciera parte de este grado. Al igual que con el reservorio, los estudiantes, esta vez un grado entero, tenían la tarea de hacer mediciones. La diferencia era que, en vez de monitorear el agua, median periódicamente la atmósfera.

De una garita que está entre la cancha de fútbol y el parque donde juegan los de preescolar, Luis Carlos saca varios instrumentos. Un anemómetro, para medir la velocidad del viento; un higrómetro, para la humedad relativa, y un luxómetro, para capturar la radiación del sol. Después mira al cielo y trata de identificar cuáles son las nubes que lo cubren con base en una cartilla que tiene en las manos. Hoy, hacia la parte media del cielo, las nubes son altostratus y hay un 70 % de cobertura.

Los datos, que deben venir con día, fecha y coordenadas por GPS, también son enviados a Globe. Además, son usados por algunos estudiantes para hacer sus propios pronósticos del clima que anuncian por la emisora del colegio. “Hoy hay alta radiación, así que es conveniente echarse protector solar”.

Entender cómo funciona Globe, explica María del Pilar Tunarroza, directora de ciencias, fue un proceso. Aunque actualmente los 10 profesores de ciencias han hecho la capacitación en línea, llegar a este punto implicó mucho ensayo y error. Es más, al principio sólo se dedicaron a tomar datos y enviarlos a la NASA, sin entender del todo qué hacer con ellos. Pero ya que lo tienen descifrado, quieren hacer más proyectos como los del reservorio, donde se les da utilidad a las observaciones.

Como el Rochester, son varios los colegios que se han unido a la NASA para ayudar a recolectar datos. Desde que el gobierno de Estados Unidos y el de Colombia firmaron la colaboración en 1998, 78 profesores fueron capacitados, 93 colegios han enviado datos y Globe ha recibido 572 observaciones de distintas partes del país. Sólo una mínima parte de un enorme programa que ha venido extendiendo sus ramas por varias regiones del mundo con 120 países, 32.213 colegios, 31.375 profesores y 154’715.261 de datos al día de hoy.

Caracterizar mosquitos, la próxima misión de la NASA en Colombia

La doctora Rusty Low, del Instituto de Estrategias Ambientales Globales, entra a una sala del Departamento de Estado de Estados Unidos y lo primero que muestra es su celular. En éste hay un microscopio que permite ampliar la imagen hasta 60 veces justo en donde está el lente de la cámara. Una forma sencilla para identificar y rastrear las larvas de mosquito antes de que nazcan.

Low es la científica principal de Go Mosquito Habitat Mapper, la última aplicación de celular que lanzó Globe, con la que buscan que los estudiantes ayuden a prevenir los próximos brotes de enfermedades transmitidas por mosquitos, como el zika. La idea, que ya fue probada en Perú y en Brasil, es que las comunidades suban a la plataforma las fotos de las larvas para tener un conteo global de dónde se están criando los mosquitos. Además, busca que los estudiantes aprendan a identificar si se trata de un mosquito Culex o un Aedes aegypti, pues mientras el primero transmite enfermedades como la encefalitis viral, el segundo se ha encargado de difundir las enfermedades que han golpeado más fuerte la salud pública en los últimos años: el dengue, la fiebre amarilla, la chikunguña y el zika.

La aplicación empezará a moverse prontamente en Colombia, pues según explica Carlos Acuña, coordinador de Globe en Colombia a través de un nuevo convenio de Estados Unidos con Colciencias, en los próximos meses se desarrollarán seis talleres nacionales donde podrán participar maestros, lideres comunitarios y miembros de la salud pública. “Vamos a trabajar en zonas de mayor incidencia de enfermedades transmitidas por vectores, como el Putumayo, Santander, la Costa Atlántica, Antioquia, Valle del Cauca, Huila y Tolima”.

Es así como el país participará en una nueva meta de Globe: la de recolectar 100.000 datos de mosquitos sólo en 2018.

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