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Gwynne Shotwell, la mujer detrás del regreso de EE. UU. a la carrera espacial

La ingeniera mecánica consiguió junto a Elon Musk convertir a Space X en la primera empresa privada en enviar un vuelo tripulado a la Estación Espacial Internacional. Además, logró el contrato más importante de la compañía (US$ 2.600 millones) para realizar seis vuelos tripulados para la NASA. Ahora es la presidenta y encargada de las operaciones de lanzamiento.

Paula Casas Mogollón

19 de junio de 2020 - 06:38 p. m.
Gwynne Shotwell logró el contrato más importante de Space X: US$ 2.600 millones para realizar seis vuelos tripulados para la NASA.
Foto: Agencia Bloomberg
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El sábado 30 de mayo Estados Unidos volvió a la carrera espacial. Casi una década después de que terminó el Programa del Transbordador Espacial envió astronautas al espacio desde la Plataforma de Lanzamiento 39, del Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral, ese mismo lugar que, entre una densa nube de vapor, fue testigo del despegue del Apollo 11, que llevó al hombre a conquistar la Luna en 1969. La empresa Space X fue la responsable de esta hazaña, y aunque el nombre de Elon Musk, su propietario, es el que más fuerza ha tomado en este hito, lo cierto es que detrás también está una mujer: Gwynne Shotwell. (Lea: Una mujer estará a cargo de la dirección de los vuelos tripulados de la NASA)

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A las 2:22 de la tarde, en un segundo intento después del aplazamiento del miércoles 27 de mayo, partieron Doug Hurley y Bob Behnken, primeros seres humanos puestos en órbita por una compañía privada. Los astronautas de la NASA arribaron en un Tesla Model X y, a través de una pasarela elevada a 70 metros del piso, embarcaron en la cápsula Crew Dragon, que estaba en la parte superior del cohete Falcon 9. “5, 4, 3, 2, 1… Despegue”, como una jabalina ascendió el cohete y ya en el espacio se desprendió la cápsula, consiguiendo con éxito la primera misión tripulada privada a la Estación Espacial Internacional (EEI).

Mientras Gwynne, presidenta y responsable de las operaciones diarias de Space X, observaba cómo el telón de nubes le daba la bienvenida a la cápsula Crew Dragon, rememoró el primer lanzamiento exitoso de uno de sus cohetes: el Falcon 1. Eran los últimos días de septiembre de 2008, y Gwynne estaba con su esposo, Robert Shotwell, ingeniero en el laboratorio de Propulsión de la NASA, y otros trabajadores de Space X en un hotel de Escocia para realizar una conferencia. En la noche era el despegue y, para no molestar a su esposo que estaba durmiendo, ella se encerró en el baño, abrió la ducha y en su portátil vio la hazaña.

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Al observar cómo el Falcon 1 se elevó y logró entrar en órbita sin ningún contratiempo, Gwynne, que estaba en pijama, salió a correr por el pasillo del hotel en el que se estaba hospedando. Entre gritos comenzó a celebrar con sus compañeros. Así lo recordó en una entrevista en CNBC. Ese mismo año asumió el cargo más importante: presidenta de la empresa y directora de operaciones de lanzamiento. (Puede leer: Kathy Sullivan, la primera mujer en caminar en el espacio y en llegar a lo más profundo del océano)

A Space X llegó en 2002 por casualidad, luego de un almuerzo con Hans Koenigsmann, un ingeniero aeroespacial con el que había trabajado. Koenigsmann sirvió de puente para conocer a Elon Musk, que para ese entonces era reconocido por ser el fundador del sistema de pagos en línea PayPal. Musk le presentó su nuevo proyecto, que se basaba en vender cohetes en los precios más bajos posibles y apostarle a su reutilización. Dos semanas después Gwynne se convirtió en la séptima empleada de la empresa, y su función principal era vender lanzamientos de cohetes a clientes potenciales. La NASA fue uno de ellos, con un contrato por US$2.600 millones.

Aunque ahora Gwynne es reconocida como una de las mujeres más importantes en el mundo aeroespacial, de pequeña no le deslumbraban estos temas. De hecho, admite que no le vio tanta relevancia al aterrizaje de Armstrong y Aldrin. Su pasión estaba en los automóviles, en comprender cómo es el funcionamiento de sus motores. Su madre apoyó ese amor y le compró libros en los que podía conocer esos detalles. Gwynne se destacó en el Libertyville High School, en Chicago, por sus altas calificaciones y por su talento en básquetbol.

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Gwynne cuenta al portal ElonX que en la secundaria no tenía claro a qué se dedicaría, solo sabía que su gusto por la mecánica persistía. En 1979, cuando tenía 16 años, su madre la convenció de asistir a un evento de la Sociedad de Ingenieras en el Instituto de Tecnología de Illinois. A pesar de que al comienzo los oradores le parecieron aburridos, una ingeniera mecánica llamó su atención. La observó detenidamente, se deslumbró por todas las funciones que realizaba en su trabajo, tenía su propia empresa y, además, notó que llevaba un vestido fabuloso y unos zapatos preciosos. “En ese instante dije: quiero ser ingeniera mecánica”, recuerda.

Solo aplicó a una universidad, a la de Northwestern, para estudiar ingeniería mecánica, y pasó. Su curso estaba conformado por 36 estudiantes, de los cuales solo tres eran mujeres y, aunque esa brecha de género nunca le representó un problema como estudiante, en su vida laboral sí lo hizo. Una empresa de climatización la había contratado como pasante, sin embargo, tres días antes de que comenzara su jefe la llamó. Al notar que era una niña, le dijo que no había forma de que pudiera realizar ese trabajo. (Podría leer: De Quibdó a la NASA, las pequeñas científicas del Chocó)

Gwynne le respondió que “era un atleta, jugué al baloncesto en la escuela y estuve en el equipo de lacrosse. Como estudiante de primer año en la universidad probablemente podría patear el trasero de todos los chicos que vas a contratar como pasante. Él dijo que era imposible y colgó”, recuerda en el portal ElonX. Empezó a trabajar en la compañía automotriz Chrysler, pero en el camino se encontró con uno de sus amigos que estaba en Aerospace Corp., el centro de investigación que supervisa el aspecto técnico de los contratos espaciales militares. En ese entonces, 1998, inició su carrera en el sector aeroespacial.

Se desempeña en programas enfocados en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, aunque es un campo que ha sido dominado por los hombres. Según un informe de ONU Mujeres, en la actualidad solo el 26 % está representado por mujeres. Combina sus labores con charlas en universidades. Su objetivo es motivar a más mujeres para que estudien ingeniería y carreras afines, para que el campo de investigación y ciencia comience a equilibrarse. De hecho, en la compañía, el 15 % de sus trabajadores son mujeres. Mientras tanto, sigue trabajando de la mano de Musk para cumplir el sueño que tenían planeado desde que comenzó Space X: llevar una misión tripulada a Marte y ofrecer viajes turísticos a la Luna. (Le puede interesar: La colombiana que trabaja para el regreso de los humanos a la Luna)

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