21 Mar 2018 - 3:00 a. m.

La carta que cambió las matemáticas

Robert Langlands fue galardonado con el Premio Abel, considerado el Nobel de esta disciplina. Su teoría revolucionó este campo de estudio.

Redacción VIVIR

El profesor Robert Langlands, de 81 años, acaba de ganar el Premio Abel. / AFP
El profesor Robert Langlands, de 81 años, acaba de ganar el Premio Abel. / AFP
Foto: DAN KOMODA

Puede decirse que en 1967, Robert Langlands se jugó su destino académico en 17 páginas. En un manuscrito lleno de tachones, anotaciones y ecuaciones de varias páginas, Langlands expuso por primera vez la teoría que hoy lo convirtió en el ganador del Premio Abel, considerado el Nobel de las matemáticas.

La carta estaba dirigida al francés André Weil, quien en ese entonces doblaba en edad a Langlands y era, además, el mejor matemático del planeta. Langlands sabía que corría un gran riesgo al exponerse de esa forma ante una eminencia del tamaño de Weil. En ese entonces, el canadiense era un modesto profesor de la Universidad de Princeton en épocas navideñas. “Si está dispuesto a leerla como pura especulación, se lo agradecería. De lo contrario, estoy seguro de que tendrá una papelera a mano”, le escribió a Weil.

La mirada aguzada de Weil supo de inmediato que lo que Langlands esbozaba era más que simple especulación. Allí, el matemático planteó la base de lo que hoy es conocido como el Programa Langlands, “un programa visionario que conecta la teoría de la representación con la teoría de los números”, según señaló el presidente de la Academia Noruega de Ciencias y Letras, Ole M. Sejersted.

En resumen, lo que hizo el canadiense “juega un gran papel en la unificación de las matemáticas, en particular entre la teoría de números, el análisis y la geometría, así como en su relación con la física teórica”, según le dijo a la agencia de noticias Efe el profesor de investigación del Instituto de Ciencias Matemáticas (Icmat) Óscar García-Prada.

La unificación de la teoría matemática era un viejo sueño de Weil. Veintitrés años atrás se lo había confesado a su hermana a través de una carta, que escribió en una celda en la ciudad francesa de Ruan, donde había sido puesto por desertar en la Segunda Guerra. En esa misiva, con fecha del 26 de marzo, Weil describía su deseo de unificar campos distintos de las matemáticas a través de una nueva “piedra de Rossetta”, aquella piedra escrita en tres idiomas que permitió descifrar la clave para leer jeroglíficos egipcios.

Tras leer la carta de Langlands, Weil mandó a transcribirla a máquina y la difundió entre la comunidad matemática global. Nacía el Programa de Langlands, que llevó al profesor asociado a un cargo en Yale y, más tarde, a ocupar la misma oficina en la que se sentó Albert Einstein varios años antes en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton.

“Ningún otro proyecto de las matemáticas modernas tiene un alcance tan amplio, ha producido tantos resultados relevantes y ha implicado a tanta gente trabajando en él. Su profundidad y amplitud han crecido y actualmente este programa se considera a menudo una gran teoría unificada de las matemáticas, especialmente de la teoría de números con la geometría”, se explica en el fallo de la Academia Sueca.

Robert Langlands recibirá los 623.000 euros del premio de manos del rey Harald V el 22 de mayo, en Oslo.

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