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La colombiana que analiza, en la NASA, los datos de la Estación Espacial Internacional

La colombiana Pilar Archila, de Cúcuta, migró en su adolescencia a Estados Unidos, donde realizó un doctorado en Neurociencia del Desarrollo Cognitivo. Ahora trabaja en el programa de investigaciones de la NASA, en el Centro Espacial Johnson. Allí se dedica a analizar datos que provienen de la Estación Espacial Internacional. El Espectador conversó con ella.

13 de septiembre de 2026 - 07:00 p. m.
Pilar Archila es doctora en Neurociencia del Desarrollo Cognitivo.
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En este instante, a unos 400 kilómetros de la Tierra, la Estación Espacial Internacional se encuentra orbitando nuestro planeta a una velocidad de más de 27.000 kilómetros por hora. Más grande que una casa de seis habitaciones, la ISS (por sus siglas en inglés) cuenta con un gran ventanal con vista de 360 grados, dos baños y hasta un gimnasio. Fue lanzada en 1998 por Estados Unidos, Rusia, Canadá, Japón y los países que integran la Agencia Espacial Europea, en una de las “colaboraciones internacionales más complejas jamás emprendidas”, según describe la NASA.

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Desde hace 25 años, la estación ha permanecido tripulada hasta convertirse en un laboratorio científico orbital y de vanguardia. Allí es posible realizar estudios que, de otro modo, serían muy difíciles o incluso imposibles de llevar a cabo aquí en la Tierra. La colombiana Pilar Archila es la encargada de revisar esos hallazgos que hace la ISS y de diseminar los resultados, a través de los denominados “análisis bibliométricos”.

Archila nació en Cúcuta y vivió gran parte de su infancia en Bucaramanga. Migró desde muy joven a Houston, en Estados Unidos, donde estudió un doctorado en Neurociencia del Desarrollo Cognitivo. Actualmente trabaja en el Centro Espacial Johnson de la NASA. Hace unos días estuvo en Bogotá como una de las invitadas especiales de LIBERA 2026, la Feria del Libro de No Ficción organizada por la Universidad de los Andes, que en esta edición reunió a varios científicos, astrónomos, divulgadores y autores para conversar sobre el universo y la exploración espacial.

Durante su paso por la ciudad, Archila, psicóloga, conversó con El Espectador acerca de las investigaciones de la ISS y los impactos que esos avances están teniendo para la ciencia y para nuestra vida en la Tierra.

Usted se dedica a analizar datos que llegan desde la Estación Espacial Internacional. Cuéntenos un poco sobre ese trabajo y sobre la bibliometría.

El trabajo consiste en recopilar todas las publicaciones asociadas con las investigaciones que van a la estación. De esa manera podemos entender cómo van emergiendo nuevos resultados, analizamos qué áreas de la investigación de la ISS están proporcionándonos más datos y si nos debemos enfocar en áreas de ciencias humanas o de tecnología o de ciencias del espacio. Entonces, la bibliometría nos ayuda a tener una imagen de qué está surgiendo de toda esa inversión que se ha hecho con la estación; que son más de USD 100.000 millones. Es importante conocer el camino de la ISS, a dónde nos está llevando, qué sale y qué beneficia ahora a la sociedad, con todos esos esfuerzos de 25 años. Es ver el horizonte de todo el programa.

¿Cómo deciden qué estudios se llevan a cabo? ¿Cuáles son esas prioridades en las distintas áreas del conocimiento? 

Es difícil de decirlo desde el punto de vista de la estación porque las prioridades se deciden desde los directorios que financian esas investigaciones… Pero ahora, la ISS está cambiando de un laboratorio hacia un tipo de fábrica, yendo más hacia el mundo de la comercialización.

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Ahorita hay mucho énfasis en qué investigaciones pueden generar productos, servicios, algo que beneficie a la humanidad desde el punto de vista del consumismo y de la economía. Es decir, cómo pueden ayudar estos estudios no solamente en el ámbito científico, sino desde el punto de vista de negocios, de generar empleos y de utilizar el mundo de la ciencia para ampliar el mundo de la manufactura, por ejemplo. Que la gente pueda ver que hay nuevas oportunidades y esa ciencia nos ayude a crecer como humanidad.

¿Qué significa hacer ciencia desde el espacio? ¿Cómo esto nos está impactando ya en la Tierra?

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Hay estudios que están generando resultados impactantes y ya están cambiando la medicina. Uno de ellos, muy importante y reciente, tiene que ver con el medicamento Keytruda (pembrolizumab), que ya existía desde antes, pero siempre se había utilizado como una inmunoterapia donde la persona con cáncer tenía que ir al hospital y estar sujeta a una infusión intravenosa durante horas.
Esto se llevó al espacio para ver si los cristales que se forman se podían cristalizar de una manera más uniforme. Los científicos querían observar si, al estar en microgravedad, se optimizaba la formulación de la medicina. Eso fue exactamente lo que encontraron y esta medicina, que antes era una inmunoterapia, ahora se puede aplicar como una inyección.

El impacto en los pacientes es gigantesco porque, en vez de tener a una persona en un hospital por horas, llevarla a una cita u otra, puede dársele la inyección de pronto en la casa y toma solo cinco minutos. Mejora su calidad de vida. Y todo fue posible gracias a información que se obtuvo a través de resultados de la ISS. Se dieron cuenta de que mejora la formulación de Keytruda porque ahora no son grandes «chunks», sino pedacitos chiquitos, partículas pequeñas, que se pueden poner en una inyección y no tiene que ser intravenoso.

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La Food and Drug Administration (FDA) la aprobó a principios de este año, así que ya ves el impacto.

¿Cómo se llega a este tipo de resultados? Usted menciona el cáncer, por ejemplo. ¿Qué condiciones en la ISS facilitan este análisis para entender mejor la enfermedad y sus posibles tratamientos?

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Hay otras investigaciones que también miran tratamientos para el cáncer. Hay algo llamado “modelos organoides”, que es como un platillo donde se hacen cultivos de células. Lo fabuloso, lo que estamos descubriendo, es que todo ese proceso de enfermedad se acelera en el espacio.

Entonces, en vez de esperar a que una persona desarrolle cáncer o envejezca durante diez o 20 años, en el espacio se pueden acelerar todos esos procesos. Así como puedes ver cómo se desarrolla una enfermedad rápidamente en el espacio, también puedes ver cómo rápidamente se puede tratar.

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Ya que usted es especialista en el área del desarrollo cognitivo, ¿cómo se están evaluando los efectos de las condiciones espaciales en el cerebro, en la función cognitiva, y esto cómo se vincula al estudio de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer?

Generalmente, la forma en que se evalúan los efectos del espacio en los astronautas es que se les hace un MRI (una resonancia magnética) antes y después de ir al espacio. Así se observan los cambios neurofuncionales o cambios neuroanatómicos. Se han encontrado bastantes diferencias.

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Lo que sucede en el espacio es que los fluidos del cuerpo humano suben hacia la cabeza y esa presión intracraneal hace que partes del cerebro se expandan, mientras que otras se contraen más. Los ventrículos se expanden y el líquido cefalorraquídeo incrementa, especialmente en astronautas que están en el espacio por mucho tiempo. Increíblemente, el cambio se ha visto a nivel arquitectónico en el cerebro, en la parte física. Mientras que en el área cognitiva no se han observado todavía muy claramente los cambios. Tal vez lo que se necesita son exámenes más sensibles, porque son cambios muy mínimos. Eso se ve mucho en neurociencia: el comportamiento parece normal, pero el cerebro, en realidad, actúa de manera muy distinta: está adaptándose, encuentra otras formas de llegar a la misma información o cómo se expresa. La gente no lo nota, pero por dentro el cerebro está trabajando más fuerte.

La conclusión que tenemos ahora es que hay adaptación del cerebro a la microgravedad y luego readaptación a la Tierra. Algunos aspectos de esa adaptación pueden ser beneficiosos, y otros pueden ser riesgosos, lo cual debemos seguir estudiando más y más. Hasta ahora, el astronauta de la NASA que más tiempo ha estado en el espacio, lo ha hecho por casi un año, así que no sabemos qué pasaría si una persona fuera a la Luna o a Marte por mucho más tiempo. Entonces, seguimos analizándolo y aprendiendo de esto.

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Evaluar todos estos efectos de las condiciones espaciales no solo sobre el cerebro, sino sobre el resto del cuerpo, sobre los músculos, es parte de un objetivo: que la humanidad llegue más lejos y, eventualmente, a la Luna o Marte. Háblenos un poco sobre esa apuesta. ¿Está pensada a mediano o largo plazo? ¿Cuánto falta?

La NASA tiene su parte privada, de contratistas que hacen trabajo científico y de ingeniería, y, por otro lado, está la parte gubernamental, donde se está estableciendo la misión y visión del programa. Desde ese punto de vista gubernamental, la idea es que en la órbita terrestre baja se le va a dar más campo a las empresas privadas para que ellas entren a implementar sus propios proyectos, sus propias estaciones comerciales.

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Se quiere hacer eso, dejar ese lado de comercialización a las empresas, para que la NASA gubernamental pueda empezar a enfocarse en misiones a la Luna y, luego, en misiones a Marte. Son pequeños pasos; lo que se aprendió en la estación, se va a aplicar en la Luna, y lo que se aprende en la Luna, se va a aplicar en Marte.

Es algo que va a tomar años, pero estamos en una línea del tiempo acelerado. Vamos rápido. Los últimos siete meses yo he notado la diferencia y la gente está entusiasmada. Desde 2025, ha habido muchos cambios dentro de la organización, han salido personas que tenían maneras de pensar de pronto muy antiguas o no estaban dejando que la administración de la ciencia pudiera ser de pronto más fácil.

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Ahora, con tanta gente y tantas cosas nuevas, nuevas metas, eso nos está haciendo todo más rápido. Artemis 4 está programada para el 2028; entonces ya estamos hablando de infraestructura en la Luna, más o menos, para ese año. Por lo tanto, es mucho más acelerado. No está tan lejos. Puede tomar años llegar a Marte, pero a la Luna ya estamos bastante cerca. Artemis 2 ya ocurrió, Artemis 3 está para marzo o abril de 2027 y con Artemis 4 es cuando están pensando en empezar a establecer infraestructura.

En ese camino es fundamental la investigación y todo ese trabajo que usted hace. ¿Cuál ha sido, en estos años, uno de los hallazgos que más la ha sorprendido?

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Ese aspecto de cómo puede acelerar la estación los estudios de cáncer. Y generalmente los modelos organoides se están haciendo no solo con cáncer, sino también con la construcción de tejidos del corazón, de células madre, todo eso para acelerar los procesos.
Hay cosas que aquí podrían tomar diez años y allá puede ser más rápido, aunque no aplica a todos los estudios. Es decir, algunas investigaciones, con ciertos objetivos, se benefician de la microgravedad, y hay otras que puede que no se beneficien tanto.

Es como cuando yo estudiaba neurociencia y utilizaba el escáner; no todas las personas necesitan un escaneo cerebral. Cuando quieres descubrir algo del cerebro, quizás otro tipo de examen es mejor. Yo estaba interesada en neurociencia, en la parte neurofuncional y la neuroanatomía, donde tenía sentido utilizar esa metodología.

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La ISS es también como una metodología. Algunas personas, especialmente si están en el campo de semiconductores, de biología celular, de la construcción de materiales, se benefician mucho de la estación. Los efectos de la convección y de la sedimentación se reducen en el espacio, y cuando esas variables disminuyen, puede cambiar mucho cómo se forman los tejidos microscópicamente, cómo se forma el tejido de un corazón, un material nuevo o las células de cáncer.

Ese tipo de investigaciones, donde hay cosas microscópicas, se pueden beneficiar mucho de la estación y es posible incluso reducir costos haciéndolo en el espacio, en comparación con la Tierra. Esos son los proyectos que van a servir mucho. 

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Esas variables de las que usted habla afectan a las plantas. En el espacio ya están sembrando especies vegetales y viendo su desarrollo, cuéntenos un poco sobre ese trabajo…

Sí, la biología vegetal es bastante popular en la estación, pero hay distintos objetivos dependiendo de las investigaciones. Algunas miran solamente la germinación de las semillas, otras se enfocan en el crecimiento y otras si dan frutos y si esos frutos se pueden comer, como han hecho con pimientos y tomates. Además, está el aspecto psicológico, pues estudios han observado el efecto psicológico de las plantas y cómo eso beneficia a los astronautas. Ellos han reportado que es bueno, que tiene efectos positivos.

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¿Qué implica todo esto para la ciencia en Colombia? ¿Cómo los jóvenes de nuestro país pueden acercarse y explorar estos temas?

Existen proyectos educativos los cuales, si bien se requiere más inversión económica, tienen mucho impacto en los estudiantes. Una serie de estudios en Canadá, aunque es más como un proyecto educacional. Se llama Tomatosphere y ya va en su octava etapa. Consiste, básicamente, en llevar semillas de tomate al espacio y se dejan otras semillas aquí en la Tierra.

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Cuando esas semillas se devuelven del espacio, después de alrededor de un año, se llevan a distintos colegios de Canadá y los niños empiezan a compararlas. Hacen experimentos a ciegas, en los que los estudiantes no saben cuáles semillas fueron al espacio y cuáles se quedaron aquí. Entonces tienen que decir, nada más observando la semilla, cuál viajó al espacio. Después miran su germinación, su crecimiento, generaciones de la planta.

Más de 400.000 estudiantes en Canadá han participado en este tipo de estudios. Pienso que Colombia se podría beneficiar, podría hacerse algo muy parecido, de pronto con semillas de café, con algo que sea relevante para la cultura colombiana, y que los niños y muchos colegios privados y públicos pudieran participar.

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Obviamente, se necesitaría colaboración de mucha gente para que se pueda hacer un proyecto así, a través de los profesores, pero al mismo tiempo no es tan difícil porque solamente es llevar semillas, exponerlas al espacio, devolverlas y distribuirlas. Requiere una logística, pero en comparación con otros proyectos que son mucho más complejos, como los de cáncer o medicinas, Colombia podría empezar con un proyecto así; expone más a los jóvenes a la ciencia espacial.

En su caso, su plan no era terminar en la NASA, pero lo hizo. ¿Cuál es ese llamado para las personas que quieran adentrarse más en la ciencia con estas oportunidades que mencionaba? ¿Qué les diría?

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Hay proyectos estudiantiles en los que Colombia, perfectamente, podría participar. El de radioaficionados de ISS Ham Radio es algo a nivel mundial, está abierto a todos los colegios. Lo que se necesita es que la institución cuente con la tecnología para conectarse con la estación, para hacer la llamada, y deben hacer la petición de querer participar. Toma unos meses estar en la lista y recibir la respuesta; que digan «ya listos para ustedes», pues es una larga lista de colegios que están pendientes para hablar con los astronautas.

El camino es muy difícil de predecir, especialmente cómo está la economía del mundo hoy. Uno puede empezar en un lugar y terminar en otro, puede que el plan funcione o no. Hay muchos altibajos en la vida, entonces no podemos cerrarnos y convencernos de que “si no hago esto, entonces no hago nada más”. No, la vida continúa y uno se adapta. Nos podemos adaptar al espacio; nos podemos adaptar a distintas carreras.

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Creo que es importante que en Colombia, en general, los estudiantes, los niños, las generaciones jóvenes, desde pequeños, estén expuestos a esta ciencia porque está en todo el mundo. Es como el internet en los años 90: decían que venía el internet y que iba a ser una onda gigante y de repente, sí, fue cierto. Entonces, lo que se predice sobre la ISS y lo que va a pasar con la comercialización es grande. Hay una meta y una visión grandes que va a impactar al mundo, y Colombia no tiene que competir con Estados Unidos ni con China, pero tampoco tiene que ser el último país en estar a la par, por lo menos en la parte educativa: que los niños ya estén viendo estos conceptos en los colegios.

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