
La inteligencia artificial requiere otra clase de metabolismo diferente al cerebro, como los centros de datos, sistemas de refrigeración, cables submarinos.
Foto: Pixabay
El cerebro humano es una máquina prodigiosa. Con menos de veinte vatios —la potencia de una pequeña lámpara— es capaz de convertir pan, frutas y salchichas en pensamiento, memoria, música, teoremas... Esa masa blanquecina, húmeda y gelatinosa, de poco más de un kilo, ha escrito la Ilíada, demostrado el teorema de Gödel, compuesto la Pasión según san Mateo, inventado el cálculo infinitesimal, formulado la relatividad y la mecánica cuántica, construido el transistor, descubierto la penicilina, descifrado el genoma humano y, finalmente,...
Por Klaus Ziegler
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