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La NASA se prepara para lanzar una misión espacial que buscará evitar la caída a la Tierra del Observatorio Swift, un telescopio espacial que desde 2004 ha detectado explosiones de rayos gamma, agujeros negros y otros eventos extremos del cosmos.
Antes de explicar cómo buscará eso, hay que entender por qué Swift está perdiendo altura. “Swift es la herramienta multiusos de la NASA para el estudio del cosmos”, declaró Bradley Cenko, investigador principal de Swift en el Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland. “Observa el cielo utilizando un amplio espectro de luz y detecta rápidamente erupciones efímeras, alertando a otras instalaciones en el espacio y en la Tierra para coordinar observaciones posteriores. Durante las últimas dos décadas, Swift ha sido fundamental en los esfuerzos de la NASA por comprender el funcionamiento del universo, y esperamos retomar este trabajo una vez finalizado el lanzamiento”.
Swift orbita a una altura relativamente baja, donde todavía existe una atmósfera de la Tierra extremadamente tenue. Aunque es casi un vacío, esas pocas partículas de aire generan un pequeño rozamiento (o arrastre atmosférico) que, con el paso de los años, hace que el telescopio pierda velocidad y descienda poco a poco. Ese proceso se aceleró recientemente porque el Sol atraviesa un período de alta actividad. Las tormentas solares calientan y expanden las capas más externas de la atmósfera terrestre, haciendo que esta llegue a altitudes mayores. Como consecuencia, Swift encuentra más partículas en su camino, el rozamiento aumenta y su órbita decae más rápido de lo previsto.
A eso se suma un segundo problema: Swift no tiene combustible ni un sistema de propulsión que le permita elevar su órbita por sí mismo. Por eso, la NASA quiere enviar una nave robótica que se acople al observatorio y lo impulse hasta una órbita más alta.
La agencia estadounidense contrató a la empresa Katalyst Space para desarrollar LINK, un satélite robótico de servicio que viajará al espacio a bordo de un cohete Pegasus XL, de Northrop Grumman. Una vez en órbita, la nave se acoplará al observatorio Swift, lo sujetará y elevará gradualmente su altitud durante varios meses, con el objetivo de evitar su reingreso a la atmósfera terrestre previsto para finales de este año. La misión tiene previsto despegar no antes del martes 30 de junio a las 6:23 a. m. EDT (10:23 p. m. UTC+12), desde el atolón de Kwajalein, en la República de las Islas Marshall, en el Pacífico.
LINK es una nave robótica relativamente pequeña: pesa unos 400 kilogramos, mide cerca de 1,5 metros de altura (lo que es aproximadamente un tercio del tamaño de Swift) y despliega casi seis metros de paneles solares que alimentan tres propulsores iónicos y tres brazos robóticos. Antes del lanzamiento, el vehículo superó pruebas ambientales que simulaban tanto las condiciones del despegue como las del espacio, además de otras evaluaciones realizadas en las instalaciones de Katalyst Space, en Colorado.
La misión también tiene un margen de tiempo limitado. Según la NASA, Swift debe mantenerse por encima de unos 300 kilómetros de altitud (185 millas) para que la maniobra tenga altas probabilidades de éxito. A finales del año pasado, las proyecciones indicaban que el observatorio alcanzaría ese límite en julio. Para ganar tiempo, el equipo de operaciones modificó la orientación del telescopio y redujo al mínimo su consumo de energía, con el fin de colocarlo en una posición más aerodinámica y disminuir el rozamiento con las capas más altas de la atmósfera. Gracias a esas medidas, las estimaciones actuales indican que Swift permanecerá por encima de la altitud crítica hasta el otoño boreal.
Una vez en órbita, LINK pasará varias semanas verificando el funcionamiento de sus sistemas de propulsión, navegación y sensores. Solo entonces comenzará una aproximación lenta hacia Swift, lo inspeccionará antes de sujetarlo con sus brazos robóticos y, finalmente, utilizará sus propulsores para elevar gradualmente la órbita del observatorio hasta casi 600 kilómetros de altura.
“Esta es una misión de alto riesgo y alta recompensa”, declaró Shawn Domagal-Goldman, director de la división de Astrofísica de la sede de la NASA en Washington. “Swift desempeña un papel fundamental en nuestra flota. Tenemos mucho que ganar con este impulso, que resulta más económico que intentar reemplazar las capacidades de Swift y permite a la NASA impulsar la industria de servicios satelitales, en beneficio de todos”.
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