12 Mar 2018 - 6:14 p. m.

La quema de carbón pudo haber causado la más grande extinción masiva

La respuesta sobre la extinción masiva de especies hace 252 millones de años podría estar escondida en las montañas de Utah, Estados Unidos, de acuerdo con una investigación reciente.

Redacción ciencia

Pixabay
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Hace 252 millones el planeta tierra vivió la extinción masiva de prácticamente la totalidad de la vida que lo poblaba. La ciencia ha logrado probar que la tierra se convirtió en un lugar tan inhóspito que acabó con entre el 83 y el 97% de las especies que vivían en ese entonces en nuestro planeta.

Aunque existen varias teorías para explicar qué fue lo que desencadenó esta catástrofe desde lluvias ácidas hasta el debilitamiento de la capa de ozono o una actividad volcánica fuera de proporciones, para Benjamin Burger, un geólogo de la Universidad de Utah,existe una explicación más sencilla: la combustión de carbón en el subsuelo por el magma que liberaron una serie de erupciones volcánicas en lo que hoy es Siberia.

Burger llegó a la conclusión recorriendo las montañas de Utah, el estado donde se encuentra la universidad en donde imparte clases. Específicamente se dirigió a las montañas en el noreste del valle Sheep Creek, en donde el geólogo cree haber encontrado una capa del terreno que corresponde al periodo permiano, en el que sucedió “La Gran Muerte”, como se llamó a la quinta extinción masiva.

En esa época, Utah era la costa occidental del mega continente Pangea. Por eso, al analizar la composición química de estas rocas, el geólogo pudo observar una fotografía de lo que estaba sucediendo tanto en tierra firme como en los océanos.

El paper de Burger, que todavía está siendo evaluado por los pares de Burger para su publicación oficial, validó algunos datos ya conocidos sobre los últimos años del periodo permiano: un descenso en los niveles de cabonato de calcio en las rocas demuestra que los océanos se volvieron ácidos, y la pirita aparece como indicador de que en esas aguas ya no existía el oxígeno. 

Además, una presencia de gas de sulfuro de hidrógeno, que se libera en la descomposición de cadáveres por parte de bacterias, y que, al liberarse en la atmósfera, generó lluvias ácidas que terminaron de matar la poca vida que sobrevivía. 

Entonces, ¿cuál es la novedad del estudio de Burger? la respuesta está en las causas de la extinción. El doctor en ciencias geológicas señaló que la presencia –y ausencia– de ciertos minerales en la roca probarían que no fue un meteorito lo que causó el colapso, sino la quema del carbón que se había formado en el periodo geológicamente anterior, conocido como el período carbonífero o, simplemente “era del carbón”.

En las rocas evaluadas por Burger, el profesor no encontró los minerales raros que indicarían que un meteorito impactó la superficie terrestre, tal como han demostrado rocas en otras partes del mundo, especialmente en Asia.

Por el contrario, encontró altas concentraciones de mercurio y plomo, que apoyarían la teoría de que grandes erupciones volcánicos, justo en el extremo opuesto de Pangea, habrían sido clave para iniciar el proceso que generó La Gran Muerte. Estas erupciones habrían creado las montañas en forma de escalera en la actual Siberia, llamados Traps siberianos. 

Sin embargo, señala Burger, el impacto de estas erupciones “no fue suficiente para llevar al océano Panthalassa Ocean a las condiciones de acidez necesarias para que se redujeran de forma tan drástica los depósitos de carbonato”, como se observó en Utah y Asia.

La respuesta estaría en lo que estaba pasando bajo la tierra en ese entonces. De acuerdo con Burger, los efectos de las explosiones en los Traps siberianos tuvo un efecto regional, pues el magma caliente empezó a quemar depósitos de carbón durante una segunda etapa de actividad volcánica, hace 251.9 millones de años. 

De acuerdo con evidencia reciente recolectada en la cuenca Tunguska al norte de Irkutsk, Rusia, demuestra  el magma se filtró en rocas ricas en hidrocarburos, lo que habría liberado 100,000 gigatoneladas de CO2 que no habían sido tenidas en cuenta en los modelos anteriores. 

Esto habría aumentado la producción de dióxido de carbono, suficiente para acidificar el Océano Panthalassa, justo después de la actividad volcánica. “La combustión de grandes cantidades de carbón libera mucho dióxido de carbono, pero también azufre, Hg, Zn, Pb y Sr, que difieren geoquímicamente de la ceniza volcánica”, se lee en el paper. En palabras sencillas: esto explicaría la presencia de ciertos minerales que no necesariamente están vinculados a las explosiones volcánicas, pero que se han visto tanto en las piedras de Utah como de Asia. 

Lo más interesante de este estudio es que puede servir como reflejo de lo que podría llegar a pasar si los humanos no detienen la quema de combustibles fósiles y, con ello, la emisión de dióxido de carbono. Ya hay evidencia de que el oxigeno disuelto en los océanos está cayendo en picada. La lluvia ácida, si bien es un problema relativamente controlado, sigue siendo una preocupación global. Además, la liberación de metano del piso oceánico del Ártico es una preocupación latente, que aceleraría el calentamiento del planeta.

Hay quienes incluso hablan de una sexta extinción masiva, debido a que la taza de especies que vienen desapareciendo es 500 veces mayor a otras épocas. Los mamíferos, por ejemplo, han perdido el 80% de sus poblaciones desde los años 90 y, según datos de la IUCN, desde 1970 se ha perdido el 50% de los animales del planeta.

*Este artículo fue corregido gracias a las sugerencias de @Rocahontas quien señaló una confusión entre la extinción de dinosaurios hace 65 millones de años y la extinción masiva de especies hace 252 millones de años. 

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