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5 Jul 2016 - 6:27 p. m.

La radiación, el enigma de Júpiter

Además de ser uno de los principales objetos de estudio que tendrá la sonda Juno, los cinturones de radiación de este planeta también son su principal amenaza.

Redacción Ciencia

Es uno de los ambientes con mayor radiación del sistema solar.  / NASA
Es uno de los ambientes con mayor radiación del sistema solar. / NASA

Desde que Juno se envió a Júpiter son varias las misiones que se le encargaron: estudiar la gravedad y el campo magnético del planeta, explorar su atmósfera y descifrar los enigmas de su aurora. Pero entre todas las tareas que tiene la sonda, hay una con mayor relevancia que las demás: conocer los secretos de los cinturones de la radiación de Júpiter, uno de los ambientes con más radiación del sistema solar.

Según explica la página de la NASA, el espacio está lleno de partículas que se mueven a altas velocidades - fenómeno que se conoce como radiación-. Por esto uno de los mayores retos que tienen cada vez que mandan una sonda espacial, es que sean lo suficientemente fuertes para que la radiación no las “chamusque”. En estos días, con la llegada de Juno al gigante gaseoso, esta resistencia se pone a prueba más que nunca.

Los cinturones de radiación no son un fenómeno que ocurra solo en Júpiter, de hecho, la Tierra también está rodeada de ellos. Lo que los diferencia es que las partículas que están en los de Júpiter son tan fuertes que lo convierten en uno de los ambientes con más radiación del espacio.

¿Cuál es la razón? Primero Júpiter, a diferencia de la Tierra, tiene un campo magnético más fuerte, por lo que logra atrapar y acelerar las partículas a una velocidad mucho más rápida. Segundo, y también a diferencia de la Tierra, las partículas que circulan en los cinturones de Júpiter no solo vienen del espacio, sino de la actividad volcánica de la su luna Lo. Un insumo que le llega constantemente y que se convierte en la receta perfecta para que sus cinturones sean más fuertes e intensos de los que cualquier otro plantea del sistema solar. 

El problema, explica la NASA, es que esta misma radiación que Juno está destinada a estudiar, también puede representar su condena de muerte, pues estar tan cerca ella podría degradar la sonda.

“Los ingeniero tuvieron que tener en cuenta esta radiación para la construcción de Juno. La radiación puede degradar los instrumentos, inferir con las mediciones e, incluso, darle a la nave una carga eléctrica que no resultaría nada bueno para los aparatos electrónicos sensibles”, advierte la NASA en su página web.

Por esto Juno se armó como un escudo contra la radiación: la mayoría de sus equipos electrónicos están encerrados dentro de una bóveda de titanio de media pulgada de espesor y se planificó para que la órbita de Juno este por debajo de los intensos focos de radiación.

Hoy, superadas estas trabas, Juno empezará a enviar información de lo que parece ser su peor enemigo para que los científicos puedan conocer cómo la intensa radiación que emiten sus cinturones ayudó a crear el espacio.

 

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