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Un grupo de científicas desarrolló la primera clasificación de 13 tipos de huellas de manos que se encuentran en paredes de la Amazonia colombiana. En Cerro Azul, ubicado en San José del Guaviare, se encuentra uno de los lugares analizados en el estudio.
En su investigación, publicada en la revista World Archaeology, las científicas exploran cómo las formas de las manos, las decoraciones que las acompañan y su comparación con otros muros de arte rupestre alrededor del mundo dan pistas sobre las interacciones de las comunidades que las plasmaron.
En países como Australia, detallan las científicas, también es posible encontrar este tipo de muros con plantillas de manos en diferentes direcciones y colores. Es una forma de expresión extendida en gran parte del mundo.
“Las manos humanas aparecen en el arte rupestre de todos los continentes del mundo, formando uno de los motivos más duraderos y extendidos. Ya sean impresas, con plantilla o estilizadas, las imágenes de manos marcan un encuentro directo entre el cuerpo y la superficie, un acto que es a la vez personal y material”, escribieron las científicas en el artículo.
Para analizarlas, se fijaron en varios elementos de estas expresiones. La forma, los detalles y las decoraciones, así como el tipo de técnica que se utilizó para plasmarlas. Eso les permitió crear una clasificación.
“La característica más notable de los conjuntos de Cerro Azul y Paredones del Potrero (Guaviare) es el predominio de huellas de manos decoradas. De las 496 huellas de manos registradas en ambos sitios, el 70% (348) están decoradas. Se identificaron trece categorías, once de las cuales están decoradas de forma distintiva. Las diferencias entre los yacimientos son principalmente numéricas: Paredones del Potrero tiene 41 huellas de manos de siete tipos, mientras que Cerro Azul tiene 455 de trece tipos”, detallan en el estudio.
De acuerdo con sus resultados, las paredes de arte rupestre de estas dos ubicaciones en Guaviare son una de las muestras más diversas de plantillas de manos en el continente. Las dos características que más sobresalen en estos lugares, señalan las investigadoras, son su variedad decorativa y su organización en el espacio.
“Su disposición sugiere una puesta en escena deliberada, tanto por la dificultad de su ejecución como por la creación de puntos focales en los paneles. La restricción de ciertos tipos decorativos, como espirales específicas, a subpaneles limitados podría indicar la producción por parte de grupos o individuos particulares, señalando así una diferenciación social”, añaden las científicas en la publicación.
Todavía persisten dos retos en el estudio de estas expresiones antiguas. La primera es establecer con certeza su origen temporal. Aunque hay algunas pistas de la época, por el uso de materiales del Holoceno temprano, se requieren más investigaciones para establecer con certeza a qué momento de la historia pertenecen.
Una vez se establezca esto, dicen las científicas, las investigaciones futuras deberían centrarse en trabajar con las comunidades descendientes de quienes las pintaron, con el objetivo de tener una comprensión más completa sobre su significado.
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