En Colombia, prender la luz, cargar el celular o ver televisión sigue siendo una posibilidad lejana para miles de familias. Aunque las cifras han mejorado, y para 2025 el país alcanzó casi 18 millones de viviendas con electricidad, según el Índice de Pobreza Energética Multidimensional del año pasado, eso también significa que hay alrededor de un millón de hogares todavía no cuentan con ese servicio.
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Esto se traduce en la limitación de realizar actividades en horas nocturnas, especialmente, pero también en la imposibilidad de conservar alimentos como lácteos, o medicamentos como la insulina. Ese fue uno de los aspectos más inquietantes que llamó la atención de Isabel Pulido, Paola Camacho y otros compañeros de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de los Andes cuando visitaron una zona rural del país donde no existía el acceso constante a la energía.
“Tenían cortes de entre 10 y 14 horas. Cuando entrevistamos a estas familias nos dimos cuenta que el reto más grande no es la iluminación, sino la falta de refrigeración. Si tenían un pollo debían comérselo todo el mismo día o de lo contrario al día siguiente se pudriría”, cuenta Pulido.
El equipo de estudiantes se propuso buscar una solución, que ahora es una empresa y que ha recibido premios internacionales por entender cómo generar frío sin depender de un suministro constante de electricidad. La respuesta apareció en un microorganismo conocido por los científicos desde hace décadas.
Una bacteria que congela el agua
Pulido recuerda que en 2018 empezaron a buscar alternativas y encontraron la bacteria Pseudomonas syringae, la misma que forma el granizo y la nieve. De acuerdo con un estudio publicado en la revista científica Plos One, este es un patógeno vegetal ampliamente extendido que tiene proteínas que permiten que el agua se congele a temperaturas relativamente altas.
Los autores de ese estudio, publicado en 2022, señalan que la capacidad de las bacterias para iniciar la congelación del agua a temperaturas cercanas a cero se descubrió por primera vez en 1974 utilizando justamente Pseudomonas syringae. Sus propiedades se atribuyen a unas proteínas llamadas InaZ.
Esas son las proteínas que usaron Pulido y sus compañeros, después de seis meses de experimentos, para crear NanoFreeze, unos productos capaces de mantener el frío sin necesidad de electricidad, y otros que ahorran hasta el 44 % de energía.
La primera solución que crearon son unas bolsas de gel que contienen la proteína procesada (a la que llaman nanotecnología) y que permiten mantener el frío hasta por 24 horas. “Eso quiere decir que si un agricultor necesita transportar sus productos de Medellín a Bogotá no necesita un camión refrigerado, sino que con esas bolsas, que llamamos capas frías, puede llevarlos de manera segura”, explica Isabel Pulido. También, hay otra presentación que permite congelar por 48 horas, y sirve para transportar medicamentos y biológicos a zonas apartadas.
Cuando el contenido de las bolsas se derrite y deja de congelar, se puede empacar en unos paneles de gel que se ubican en el interior de los refrigeradores. Estos artículos permiten ahorrar el 44 % de energía, y por ende disminuir las emisiones de dióxido de carbono (CO2), uno de los principales gases de efecto invernadero.
El proyecto contó con el apoyo de las profesoras de Los Andes, Giovanna Danies, bióloga y microbióloga, y Carolina Obregón, diseñadora sostenible. En 2019, tanto las docentes como los estudiantes que participaron recibieron el premio de la competencia internacional Biodesign Challenge, que reúne a estudiantes de secundaria y universidades de todo el mundo para idear soluciones sostenibles que integren procesos vivos en la vida cotidiana.
En esa oportunidad, Daniel Grushkin, fundador, y ahora exdirector del Biodesign Challenge, dijo que la iniciativa es la muestra de que “los estudiantes están repensando la medicina. Su pensamiento visionario va a ayudar a crear el camino para importantes cambios a través de la industria”.
Pero, el proyecto ya no es solo una iniciativa universitaria. En 2020, Pulido y su compañera Paola Camacho, junto a las docentes, crearon la empresa donde ahora comercializan los productos. Recientemente, Nanofreeze recibió en Bangkok un premio de Cartier Women’s Initiative, una convocatoria internacional que reconoce y financia emprendimientos liderados por mujeres desde 2006.
Cada edición premia a nueve regiones del planeta y distingue además una sola categoría global, la de ciencia y tecnología, dedicada a las empresas basadas en descubrimientos científicos o en ingeniería avanzada. Esa fue la que recibió Isabel Pulido, quien se convirtió en la primera colombiana en ganar esta categoría.
Para Pulido, quien es la gerente general de NanoFreeze, lo más importante del premio es “demostrar que desde Colombia podemos generar tecnologías nuevas, crear ciencia y tecnología, negocios sostenibles que generen impacto social, y solucionen problemáticas reales en países desiguales”.
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