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Las melodías de las canciones más populares se han vuelto cada vez más simples

¿Significa esto que la música es “mala”? No necesariamente. Una canción podría mantener acordes complejos, texturas ricas o patrones rítmicos intrincados, con melodías relativamente simples.

05 de julio de 2024 - 11:42 a. m.
Los resultados revelaron dos revoluciones melódicas: una en 1975 y otra en 2000. Además, encontraron evidencia moderada de una tercera revolución, sucedida en 1996.
Los resultados revelaron dos revoluciones melódicas: una en 1975 y otra en 2000. Además, encontraron evidencia moderada de una tercera revolución, sucedida en 1996.

¿Hay alguna forma de evaluar científicamente los grandes éxitos musicales de nuestros tiempos? Al parecer, sí. Una investigación publicada este 4 de julio en Nature examinó la música más popular de América del Norte y Europa, así como de otras regiones relacionadas culturalmente, con un énfasis en las canciones que han alcanzado la cima de las listas musicales de Billboard de Estados Unidos desde 1950 hasta la actualidad.

Billboard es una reconocida revista estadounidense que se especializa en la industria musical y es famosa por sus listas de popularidad, como el Hot 100 y el Billboard 200, que clasifican las canciones y álbumes más vendidos y más escuchados en diversos géneros musicales. Estas listas se consideran una referencia clave para medir el éxito comercial y la popularidad de la música en el mercado estadounidense y mundial.

Para investigar la historia de la melodía popular contemporánea, entonces, los científicos utilizan algo denominado BiMMuDa, una base de datos que contiene las principales melodías vocales de las cinco canciones más populares de cada año desde 1950 hasta 2022, según las listas de sencillos de fin de año de Billboard. Los científicos querían saber dos cosas principalmente: si las melodías más escuchadas durante estos años habían tenido cambios importantes con el paso del tiempo, y cuándo ocurrieron.

Para responder a esas preguntas, transcribieron las melodías en un formato llamado MIDI, que es como una partitura digital. Luego, calcularon varias medidas para cada melodía, como la cantidad de tonos diferentes y la duración de cada nota, con el objetivo de entender la complejidad de esa melodía. Promediaron estas melodías por año para saber cómo cambiaban con el tiempo, y aplicaron una técnica para detectar cambios importantes en la música, a lo que llamaron “revoluciones melódicas”. Esto les permitió dividir la historia de la música en diferentes eras. En cada era, analizaron cómo se relacionaban entre sí las melodías.

Los resultados revelaron dos revoluciones melódicas: una en 1975 y otra en 2000. Además, encontraron evidencia moderada de una tercera revolución, sucedida en 1996. Las melodías de la primera era (1950-1974) se caracterizaron en la investigación por una alta complejidad rítmica y tonal. El intervalo promedio entre tonos era de aproximadamente 2.3 semitonos, con dos tercios de los tonos dentro de un rango de 7 semitonos. Además, había alrededor de 1.8 notas por segundo y 4.2 notas por compás.

Durante la segunda era (1975-1999), la complejidad rítmica y tonal disminuyó. El intervalo promedio entre tonos se redujo a 2.1 semitonos, y dos tercios de los tonos se encontraban dentro de un rango de 6 semitonos. La velocidad de las melodías aumentó ligeramente a 2 notas por segundo y 5 notas por compás. Finalmente, a partir del año 2000 y hasta 2022 (tercera era), las melodías se volvieron aún menos complejas, rítmica y tonalmente. El intervalo promedio entre tonos disminuyó a 2.0 semitonos, con dos tercios de los tonos dentro de un rango de 5.5 semitonos. La velocidad de las melodías aumentó a 2.8 notas por segundo y 6.3 notas por compás.

¿Por qué midieron esas características? Una de las medidas clave es el intervalo promedio entre tonos, que muestra cómo los cambios de altura entre las notas en una melodía se han vuelto más predecibles y menos variados. Además, la densidad y velocidad de las notas han aumentado significativamente, lo que podría reflejar una simplificación en la estructura rítmica de las melodías, con patrones más regulares o repetitivos que podrían percibirse como menos complejos en comparación con estructuras más elaboradas. En conclusión, tanto el ritmo como el tono de la música más masiva ha disminuido un 30% en complejidad.

Los investigadores dejan claro que su estudio es incapaz de señalar que la música más reciente es “mala” o que sus oyentes tienen “mal gusto”, pues eso sería “ir más allá de la evidencia científica hacia el ámbito de la opinión subjetiva”. En el contexto de la estética musical, dicen, la complejidad de una pieza no siempre se correlaciona directamente con el placer que experimentan los oyentes. Además, dicen, la disminución en la complejidad de las melodías no sugiere automáticamente una disminución en la complejidad de otros componentes musicales, como el timbre, la armonía o la estructura rítmica. Estos aspectos pueden seguir siendo complejos y variados, incluso si las melodías en sí se vuelven más simples, como dice el estudio.

Por ejemplo, agregan en la investigación para explicar este punto, una canción podría mantener acordes complejos, texturas ricas o patrones rítmicos intrincados, mientras que las melodías utilizadas son relativamente simples en cuanto a sus intervalos tonales y densidad de notas. “Esto muestra que la complejidad musical es multidimensional y que diferentes aspectos pueden evolucionar de manera independiente, dependiendo de varios factores como las preferencias culturales, las técnicas de producción musical y las tendencias estéticas contemporáneas”, escriben en el artículo.

Ahora, los autores se hacen una pregunta interesante: ¿por qué ha bajado la complejidad de las melodías? La respuesta puede estar asociada a aspectos de la actualidad, aventuran. Recuerdan que el director de cine y compositor Yuval Shrem sostiene que las tendencias lingüísticas y musicales son reflejos mutuos. En la era digital actual, la comunicación se ha reducido a caracteres y titulares breves. Según Shrem, existe una presión por simplificar los mensajes. Una hipótesis es que esto podrían estar provocando que las melodías sean más simples para captar la atención rápida del oyente en un entorno saturado de información.

El filósofo y crítico musical Mark Fisher, por otro lado, añade que el ritmo acelerado de la cultura moderna y el avance tecnológico podrían estar contribuyendo a una sobrecarga mental, limitando nuestra capacidad para apreciar o crear formas de arte más complejas y profundas. “Estamos abrumados por el ritmo rápido de la cultura moderna y el progreso tecnológico y, por lo tanto, no tenemos la capacidad mental para disfrutar o crear arte verdaderamente complejo o novedoso”.

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