12 Feb 2019 - 10:25 p. m.

Las mujeres arhuacas que rescataron 146 años de historia de su pueblo

Es el mayor archivo documental recuperado y clasificado de un pueblo indígena del país. Son cerca de 100 mil registros desde 1873, que narran sus eternas luchas por el territorio, su potente organización política y los 66 años que estuvieron bajo el yugo de los curas españoles.

Carolina Guitiérrez Torres

Yuneydi Villazón (der.), coordinadora del archivo documental del pueblo arhuaco, junto a las mujeres de la comunidad arhuaca de Simonorwa.  / María Durán
Yuneydi Villazón (der.), coordinadora del archivo documental del pueblo arhuaco, junto a las mujeres de la comunidad arhuaca de Simonorwa. / María Durán

“Estas paredes son de esa época; de cuando estaban los curas”, dice la indígena arhuaca Cecilia Zariwan Zalabata acariciando el muro en el que está recostada. Es 11 de noviembre de 2018 y estamos en el orfelinato Las Tres Avemarías de Nabusímake, en la Sierra Nevada de Santa Marta: una edificación enorme, de paredes gruesas y blancas, techos triangulares como de chalet, salones de clases, un comedor escolar y una iglesia sellada, que durante más de medio siglo estuvo bajo el dominio de los capuchinos españoles. “Este era un orfelinato, pero no estudiaban niños huérfanos —continúa Cecilia, quien durante tres décadas resguardó unos 100.000 documentos que contienen la historia de esta comunidad—. Aquí estudiaban niños con papá y mamá que los curas les arrancaban a la fuerza para educarlos. Y esos no son cuentos”. (Lea: Arhuacos, un siglo después en la Casa de Nariño)

Esos no son cuentos. Y las pruebas están en esos documentos que Cecilia amparó con recelo en una oficina, con una única llave que mantenía escondida en su casa, y que hoy constituyen el mayor archivo documental recuperado y clasificado de un pueblo indígena del país. Estamos aquí porque el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) le hará entrega oficial al pueblo arhuaco de este archivo, después de cuatro años de trabajar en su limpieza, inventario y digitalización de la mano de Cecilia y Yuneydi Villazón, comunicadora arhuaca. En una de esas páginas amarillentas, en letras escritas a máquina hacia 1982, se lee que “en 66 años de acción educativa de los misioneros capuchinos no han dado respuestas positivas a las aspiraciones de la comunidad (...) La educación impartida durante este tiempo ha sido netamente impositiva; sin tener en cuenta para nada nuestra cultura, las costumbres, ni mucho menos las autoridades”. O sea que, como dice Cecilia, las historias de maltrato, abuso, apropiación de tierras y adoctrinamiento de los curas, que narran los más viejos de Nabusímake, definitivamente no son cuentos.

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