
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Investigadores encontraron que un metabolito presente en la sangre de las grandes serpientes pitón actúa como una potente señal química que, tras las comidas y con algo de ayuda del microbioma, activa circuitos del cerebro que reducen el apetito y ayudan a regular el equilibrio energético del cuerpo. El hallazgo sugiere una vía prometedora para estudiar nuevos tratamientos contra la obesidad en humanos.
Los científicos, adscritos a las universidades estadounidenses Stanford Medicine, Colorado Boulder y Baylor, partieron de una idea simple: no todos los animales comen igual. Por ejemplo, mientras la mayoría de los mamíferos comen varias veces al día, las pitón pueden pasar semanas o incluso meses sin comer y luego ingerir una sola comida enorme. Ese “todo o nada”, escriben los autores, las convierte en un laboratorio natural para entender qué ocurre en el cuerpo después de comer.
Cuando los investigadores analizaron la sangre de estas serpientes tras alimentarse, encontraron que una molécula llamada pTOS se disparaba de forma extrema: aumentaba más de mil veces. Eso, dicen en el artículo, es una señal muy potente de que el organismo está reaccionando de manera intensa a la comida.
La siguiente pregunta natural fue: ¿de dónde sale esa molécula y para qué sirve? Descubrieron que el pTOS surge de una especie de “trabajo en equipo” entre la dieta (en este caso, un aminoácido llamado tirosina), las bacterias del intestino y los procesos químicos del organismo. Luego, observaron que el pTOS actúa directamente en el cerebro, en una región llamada hipotálamo ventromedial.
Esta zona, explican los investigadores en el estudio, funciona como un centro de control del apetito y del equilibrio energético. Cuando el pTOS activa ciertas neuronas allí, se desencadena una respuesta: disminuyen las ganas de comer. Para comprobar que esto no era algo exclusivo de las pitones, hicieron experimentos con ratones. Y vieron algo muy consistente: si se administra pTOS, los animales comen menos. Más aún, si se bloquean esas neuronas del cerebro, el efecto desaparece. Esto demuestra que no es una coincidencia, sino un mecanismo biológico concreto.
Los científicos explican que en modelos de ratones con obesidad, el efecto fue aún más interesante: al recibir pTOS durante un tiempo, redujeron su ingesta de alimentos y también su peso corporal. Finalmente, los autores del artículo creen que este sistema no es exclusivo de estos animales. El pTOS también está presente en humanos y, al igual que en las pitones, sus niveles aumentan después de comer. Esto sugiere, dicen, que estamos ante un mecanismo compartido.
Aunque los resultados son prometedores, los propios investigadores insisten en que todavía están muy lejos de una aplicación clínica real. Por ahora, todo lo que se sabe sobre este metabolito proviene de estudios en animales y análisis experimentales, lo que significa que aún falta un largo camino antes de pensar en un medicamento para personas. Por ejemplo, aún no se sabe si el pTOS tendrá el mismo efecto en humanos que en ratones, ni si sería seguro administrarlo a largo plazo. Tampoco está claro cómo se comporta en personas con distintas condiciones metabólicas, especialmente teniendo en cuenta que en algunos casos (como en la diabetes tipo 2) su respuesta tras las comidas parece alterarse.
👩🔬📄 ¿Quieres conocer las últimas noticias sobre ciencia? Te invitamos a verlas en El Espectador. 🧪🧬