Es bien sabido que los humanos apreciamos el ritmo, sobre todo en la música y la danza. Sin embargo, el ritmo, en forma de presentación regular de estímulos, está presente en muchos aspectos del mundo natural, y cabría esperar que también se diera en otras especies.
Hasta ahora, reconocer un ritmo y sincronizarse con él (por ejemplo, moverse al compás de la música) se ha documentado de forma clara sobre todo en algunas aves y mamíferos con aprendizaje vocal, como los loros, algunas aves canoras, delfines y, por supuesto, humanos.
La idea detrás es que estas especies tienen circuitos cerebrales más desarrollados para imitar sonidos, lo que facilitaría también seguir un ritmo. Pero una nueva investigación publicada esta semana en la revista Science, referencia de la mejor ciencia del mundo, encuentra que otro animal también puede hacerlo: los abejorros. Según los investigadores, pueden discriminar un patrón rítmico incluso entre diferentes tempos y estímulos sensoriales. Esto sugiere, agregan en su artículo, que dicha capacidad podría tener profundas raíces evolutivas.
Lo que hicieron los investigadores fue entrenar abejorros usando patrones de luces que parpadeaban con cierto ritmo. Los insectos aprendieron a distinguir entre diferentes secuencias, pero lo importante es que no se basaban en pistas simples (como un destello específico), sino en el patrón completo del ritmo. Luego, los científicos cambiaron la velocidad de esos patrones, haciéndolos más rápidos o más lentos, y aun así, lograron reconocerlos. Además, hicieron otra prueba: entrenaron a los abejorros, que pertenecen a la misma familia de las abejas (Apidae) con vibraciones (en lugar de luces) y luego vieron si podían reconocer ese mismo ritmo cuando se les presentaba como luz intermitente. Y sí, lo hicieron. Eso significa que no solo reconocían un estímulo específico, sino el ritmo en sí, sin importar el “formato”.
La coautora de la investigación, Cwyn Solvi, neuroetóloga cognitiva de la Universidad Médica del Sur, resume el experimento así, consultada por la sección de noticias de Science: “Imaginen que están escuchando una canción, y aunque la hayan ralentizado o acelerado, aún pueden reconocerla. Eso no se debe a que hayan memorizado un solo detalle, sino a que han comprendido la estructura completa”.
Los resultados sugieren que incluso cerebros muy pequeños, como los de los insectos, pueden procesar y generalizar patrones complejos en el tiempo. Esto cambia la idea de que la percepción del ritmo es algo exclusivo de animales con cerebros grandes y apunta a que esta capacidad podría tener raíces evolutivas mucho más antiguas y extendidas en el reino animal.
“El hecho de que los abejorros se desempeñaran tan bien en estas pruebas de aprendizaje rítmico cambia nuestra forma de pensar sobre lo que se necesita para percibir y aprender el ritmo. En los seres humanos y los mamíferos, el aprendizaje del ritmo es muy complejo e involucra múltiples regiones de nuestros cerebros, que son grandes y complejos. Pero quizás existan maneras más sencillas en que un cerebro pequeño pueda lograr lo mismo”, escribe Andrew Barron, uno de los autores, en un artículo publicado en The Conversation.
“El cerebro mismo está lleno de ritmos, ya que las neuronas pulsan con impulsos. Muchos circuitos neuronales utilizan las propiedades rítmicas de los impulsos nerviosos síncronos y asíncronos para organizar su funcionamiento. Quizás exista algo en las propiedades rítmicas del cerebro que lo predispone a detectar ritmos en la naturaleza. Si logramos captar esa idea y dotar a los sensores en miniatura de la capacidad de detectar estructuras temporales rítmicas, podrían surgir todo tipo de aplicaciones: desde soluciones ligeras para el reconocimiento de voz y música hasta el diagnóstico de irregularidades cardíacas u ondas cerebrales preepilépticas”, concluye Barron, profesor de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Macquarie.
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