21 Apr 2018 - 3:00 a. m.

Los colombianos que estudian cómo la Luna afecta los temblores

La tesis de doctorado de la física Gloria Moncayo, de la Universidad de Antioquia, es el primer estudio que busca encontrar cómo las mareas afectan los eventos sísmicos del país.

Maria Mónica Monsalve / @mariamonic91

Jorge Zuluaga, astrofísico de la Universidad de Antioquia, y Gloria Moncayo, aspirante a doctora en física de la misma universidad, son dos de los tres autores del estudio.   / Luis Benavides
Jorge Zuluaga, astrofísico de la Universidad de Antioquia, y Gloria Moncayo, aspirante a doctora en física de la misma universidad, son dos de los tres autores del estudio. / Luis Benavides

La idea, en principio, suena más a un mito: la Luna y el Sol tienen incidencia sobre los temblores que suceden en la Tierra. Sin embargo, más que una leyenda, esta es una hipótesis que ha trasnochado a más de un científico por siglos. Pues si se parte del hecho de que estos astros, la Luna por su cercanía con la Tierra y el Sol por su tamaño, atraen las rocas y generan en ellas un ligero movimiento, entonces es viable que allí exista algún tipo de relación.

En el mundo son varios los estudios que le han puesto la lupa al asunto. Pero esta es la primera vez que un grupo de científicos colombianos, que además estudian objetos distantes entre sí, se unen en un intento por conocer cuál es la correlación entre mareas y sismicidad en el país. Jorge Zuluaga es astrofísico de la Universidad de Antioquia y se ha acostumbrado a mirar hacia arriba para entender el universo; Gloria Moncayo, aspirante a doctora en física de la misma universidad, y Gaspar Monsalve, geofísico de la Nacional de Medellín, se han concentrado en lo que está por debajo de nuestros pies, en observar cómo se dan los movimientos de la Tierra. En 2014, motivados por una pregunta que les hizo una estudiante, se unieron para analizar cómo las mareas pueden afectar los temblores.

Lo primero que advierte Moncayo es que las mareas son más de lo que conocemos. Mareas se le llama al efecto que la atracción de la Luna y el Sol tiene sobre la Tierra. Dependiendo de su posición con la Tierra, “las rocas en el suelo se contraen, se dilatan o se ensanchan”. Un efecto que es visible en el mar, ya que se trata de una superficie líquida, pero que se da casi en todos los lugares, como en Bogotá, donde no lo sentimos porque la superficie es sólida.

“La Luna y el Sol deforman la Tierra, le dan un masaje gravitacional. Debajo de nuestros pies hay rocas que se mueven hasta 50 centímetros, pero no se nota porque están sobre una superficie sólida”, es como lo explica Zuluaga.

Ahora, para saber si estos movimientos “sutiles” cumplen algún rol en que se generen sismos mayores, como temblores, el equipo de científicos tuvo que hacer una titánica tarea de datos.

En la Red Sismológica Nacional del Servicio Geológico Colombiano, que tiene datos públicos, buscaron todos los sismos que ocurrieron entre 1993 y 2016. Fueron 167.000 en total. Esta información, que incluía datos como magnitud y profundidad del sismo, la metieron en un programa diseñado por ellos mismos y bautizado como tQuakes, que les permitió deshacerse de información inútil, como réplicas de los temblores.

Luego, a través de otro modelo, esta vez uno astronómico, calcularon cuál era el estado de la marea en el momento que ocurrió cada uno de los 167.000 temblores, usando información de los 90 días antes y después de que ocurriera el sismo.

“Empezamos a ver unas zonas con anomalías, especialmente en el nodo sísmico de Bucaramanga y en el nodo sísmico del Cauca”, recuerda Moncayo. El primero de ellos es conocido mundialmente por ser el lugar donde hay movimientos tectónicos más frecuentes, así necesariamente no sean los más fuertes. “Estos valores anómalos indican que hay una probabilidad de que en estos eventos puede haber una contribución del efecto gravitacional de la Luna y el Sol sobre la Tierra”. Así, después de correr estadísticas y descartar variables, llegaron a la conclusión de que en Colombia se pueden estar dando un 16 % más de sismos cuando las mareas están en su tiempo máximo.

El estudio, claro, no es del todo conclusivo. De hecho, en el artículo que enviaron para ser aprobado por la revista Journal of South American Earth Sciences concluyen que “así como no se puede demostrar que existe esa correlación, tampoco se puede descartar”, lo que no niega que sea un tema fascinante.

“Es un campo apasionante al que me dediqué de lleno desde 2016, cuando me gané una beca de Colciencias”, comenta Moncayo, quien decidió hacer de este su tema de tesis para el doctorado y asesorada por Zuluaga y Monsalve. Ella, quien se graduó de licenciatura en física de la Universidad de Nariño, hizo una maestría en geofísica en Alemania y se ha acostumbrado a vivir en un campo donde priman los hombres, dice que su siguiente paso será analizar con más profundidad los dos nodos sísmicos del país para poder encontrar nuevas conclusiones. Así Colombia estará a la altura en la alucinante investigación sobre mareas.

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