
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Investigadores de la Universidad Estatal de Colorado presentaron esta semana la evidencia de los dados más antiguos conocidos en la historia de la humanidad. Fueron fabricados y utilizados por cazadores-recolectores nativos americanos en las Grandes Llanuras occidentales hace más de 12.000 años, al final de la última Edad de Hielo, mucho antes de los dados más antiguos conocidos de las sociedades de la Edad de Bronce en el continente europeo.
El artículo, publicado en American Antiquity, sugiere que los antiguos pueblos nativos norteamericanos poseían un conocimiento práctico básico del azar, la aleatoriedad y la probabilidad, y que, en consecuencia, fueron pioneros en la naciente comprensión y explotación de estos conceptos por parte de la humanidad. “Tradicionalmente, los historiadores han considerado los dados y la probabilidad como innovaciones del viejo mundo”, dijo Robert J. Madden, estudiante de doctorado de la Universidad Estatal de Colorado y autor del estudio. “Lo que demuestra el registro arqueológico es que los antiguos grupos nativos americanos fabricaban deliberadamente objetos diseñados para producir resultados aleatorios y utilizaban esos resultados en juegos estructurados, miles de años antes de lo que se creía”.
La evidencia proviene de sitios arqueológicos como Agate Basin, Lindenmeier y Blackwater Draw, donde se han encontrado objetos elaborados que se parecen mucho a los dados usados históricamente por pueblos indígenas. El estudio muestra que este tipo de objetos no aparece solo en un momento puntual, sino que se repite a lo largo de miles de años en distintos periodos de la prehistoria de Norteamérica. Desde los primeros grupos paleoindios hasta épocas mucho más recientes, hay rastros de prácticas de juego y apuestas. Esto sugiere que no eran actividades marginales, sino costumbres arraigadas que lograron mantenerse en el tiempo. De hecho, los investigadores plantean que estos juegos pudieron cumplir una función social importante: facilitar el encuentro entre grupos distintos, permitir intercambios de bienes e información, e incluso ayudar a crear vínculos entre personas que antes no se conocían.
Visto así, los juegos de azar no solo eran entretenimiento. Podrían haber funcionado como una especie de “herramienta social” que ayudaba a integrar comunidades.
¿Cómo eran los dados?
Para llegar a esta conclusión, los investigadores partieron de un trabajo del antropólogo Stewart Culin, quien a comienzos del siglo XX documentó cientos de juegos y objetos usados por pueblos indígenas de América del Norte. Durante años, Culin recopiló información en museos, viajes de campo y relatos históricos, hasta reunir un catálogo muy amplio de dados usados por distintas comunidades. En total, describió 293 conjuntos de dados de más de 130 pueblos.
A partir de ese material, los investigadores identificaron que los dados indígenas tienen características muy consistentes, que se repiten una y otra vez. Eso permitió construir una especie de “definición” para reconocerlos, incluso en restos arqueológicos muy antiguos.
En términos simples, estos dados comparten cuatro rasgos principales. Primero, son objetos de dos caras, normalmente hechos de madera o hueso. Segundo, esas dos caras se distinguen claramente, casi siempre porque una está marcada o pintada y la otra no. Esto es importante porque permite que, al lanzarlos, haya dos resultados posibles, como un “sí” o “no”, parecido a un sistema binario. Tercero, tienen formas relativamente simples: pueden ser planos, tener un lado plano y otro redondeado, o incluso ser piezas curvas por ambos lados, como huesos de frutas. Y cuarto, son lo suficientemente pequeños como para sostener varios en la mano y lanzarlos sobre una superficie, lo que muestra que estaban diseñados para jugar.
“Son herramientas sencillas y elegantes”, dijo Madden. “Pero también tienen un propósito innegable. No son subproductos casuales del trabajo con huesos. Fueron creadas para generar resultados aleatorios”. La conclusión a la que llegan los autores es que, si un objeto cumple con esas características, muy probablemente era un dado y cumplía la misma función que en épocas más recientes: generar resultados aleatorios para juegos de azar y apuestas.
Hasta ahora, se creía que el origen de estas prácticas se encontraba exclusivamente en las sociedades complejas del Viejo Mundo, hace aproximadamente 5.500 años. “Estos hallazgos no afirman que los cazadores-recolectores de la Edad de Hielo estuvieran aplicando la teoría formal de la probabilidad”, precisó Madden. “Pero sí creaban, observaban y se basaban intencionalmente en resultados aleatorios de forma repetible y siguiendo reglas que aprovechaban regularidades probabilísticas, como la ley de los grandes números. Esto es importante para comprender la historia global del pensamiento probabilístico”.
👩🔬📄 ¿Quieres conocer las últimas noticias sobre ciencia? Te invitamos a verlas en El Espectador. 🧪🧬