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Los influencers encontraron una nueva obsesión (y fuente de dinero): la microbiota

La microbiota pasó de los laboratorios a Instagram y de ahí a los sobres que prometen mejorar la digestión, el metabolismo o ayudar a perder grasa. Pero no todas las promesas que circulan en redes son ciertas o tienen el mismo respaldo.

Juan Diego Quiceno

06 de septiembre de 2026 - 09:01 a. m.
En el intestino habita una comunidad especialmente abundante y diversa. Algunas estimaciones hablan de alrededor de 100 billones de microorganismos que mantienen una estrecha relación con nuestro organismo.
Foto: Getty Images - JDawnInk
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Basta con una sencilla búsqueda en las redes sociales para entrar en una especie de gran supermercado digital donde los influencers hacen las veces de vendedores y la salud se convierte en el producto a vender. Allí hay de todo: probióticos, prebióticos y posbióticos en forma de suplementos, polvos y alimentos funcionales, además de las promesas que los acompañan. El discurso de los suplementos vitamínicos y proteicos en polvo, aunque todavía muy rentable, parece ya demasiado viejo frente a la última gran novedad del mercado del bienestar: la microbiota y el casi ilimitado potencial que se le atribuye para explicar —y, de paso, solucionar— buena parte de lo que nos pasa.

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La microbiota se presenta como una pieza central de la buena salud, capaz de intervenir en asuntos que van mucho más allá de la digestión. Y eso, por lo menos, no es falso.

“Cuando hablamos de microbiota, nos referimos a ese universo de microorganismos que tenemos dentro de nosotros”, explica Natalia Granados, nutricionista del Hospital San Vicente Fundación, en Medellín. El origen del término se remonta a principios del siglo XX, cuando se descubrió que una gran cantidad de microorganismos, incluyendo bacterias, levaduras y virus, coexisten en diversas partes del cuerpo como el intestino, la piel, los pulmones y la cavidad oral. “Hace muchos años, todos esos microorganismos no eran tan estudiados como hoy. Ahora, la ciencia ha avanzado muchísimo y nos ha demostrado que la microbiota tiene todo que ver con todos los órganos y sistemas de nuestro cuerpo”.

En el intestino habita una comunidad especialmente abundante y diversa. Algunas estimaciones hablan de alrededor de 100 billones de microorganismos que mantienen una estrecha relación con nuestro organismo. “Nosotros dependemos de algunos de ellos y ellos dependen de nosotros”, añade Jorge Humberto Saavedra, bacteriólogo de la Universidad de Antioquia, con maestría y doctorado en Ciencias Biológicas.

Con el paso de los años, diversas investigaciones han contribuido a entender que la microbiota intestinal participa en procesos fundamentales como la extracción de nutrientes de los alimentos, el metabolismo e incluso el funcionamiento del sistema inmunitario.

Saavedra, por ejemplo, la asemeja a una especie de gran escuela para nuestras defensas: al convivir con una comunidad tan diversa de microorganismos, el sistema inmunitario está expuesto de manera constante a ellos y aprende a reconocerlos y responder frente a posibles amenazas. Esa comunidad también cumple funciones metabólicas. Sus microorganismos pueden fermentar componentes que el organismo no digiere por sí solo y producir sustancias como los ácidos grasos de cadena corta, que participan en distintos procesos metabólicos y contribuyen a mantener la función del intestino, explica Saavedra.

Es más, su sola presencia ocupa el espacio intestinal y dificulta el establecimiento de otros tipos de microorganismos potencialmente dañinos para nuestra salud. Y en ese cada vez más estudiado eje intestino-cerebro, los investigadores han empezado a encontrar respuestas para algo que durante mucho tiempo hemos explicado de una manera más sencilla: esas “mariposas en el estómago” que sentimos cuando estamos nerviosos, hablan de la estrecha conexión que existe entre lo que ocurre en el intestino y nuestro cerebro.

Parece lógico, naturalmente, tener una microbiota intestinal “sana”. Pero “¿qué significa sano?”, se pregunta Glaehter Yhon Florez Guzmán, director del Laboratorio de microbiología de alimentos de la Universidad Nacional. “Sabemos que allí conviven miles de microorganismos con efectos positivos, pero sus interacciones son mucho más complejas de lo que todavía alcanzamos a conocer. De hecho, desconocemos el 30 % de lo que hay ahí. Definir qué es sano no es sencillo”. Una revisión publicada en 2022 en Signal Transduction and Targeted Therapy, del grupo Nature, señala que la composición de la microbiota varía incluso entre individuos y que todavía se investiga qué características podrían permitir hablar de una microbiota saludable. Entonces, ¿por qué hay tantos influencers que aseguran saber cómo hacer que nuestra microbiota sea más saludable?

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¿Qué rayos es un probiótico?

A todos los nutricionistas con quienes hablamos les pedimos que nos ayudaran a entender tres conceptos: prebióticos, probióticos y posbióticos. Todos coincidieron, con algunos matices, en una idea más o menos básica: los probióticos son microorganismos vivos; los prebióticos son componentes que determinados microorganismos pueden utilizar como alimento; y los posbióticos son preparaciones de microorganismos inactivados o de sus componentes. En palabras un poco más sencillas, se trata de tres “piezas” que están relacionadas entre sí y con la microbiota: los microorganismos, aquello de lo que se alimentan y lo que queda cuando esos microorganismos son inactivados.

Tanto los primeros como los segundos se encuentran en los alimentos. Los probióticos, por ejemplo, están presentes en alimentos fermentados como el kéfir, la kombucha, el kimchi o el chucrut; mientras que los prebióticos pueden encontrarse en frutas, verduras, cebolla, ajo y otros alimentos. Para entender qué tiene que ver la alimentación con la microbiota intestinal, basta recordar que esta es una comunidad dinámica que recibe la influencia de lo que comemos y de nuestro estilo de vida. La dieta, por ejemplo, puede modificar qué microorganismos encuentran alimento y cuáles terminan predominando.

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Saavedra menciona también otros factores, como los altos niveles de estrés y el consumo de alcohol, tabaco y ultraprocesados, que pueden alterar esa comunidad.

Sin embargo, estos conceptos (prebióticos, probióticos y posbióticos) también salieron de los alimentos y los laboratorios para convertirse en productos que se venden directamente al consumidor. Hoy es posible encontrar alimentos funcionales —que, además de nutrir, buscan aportar un beneficio adicional para la salud— y suplementos que contienen probióticos, aportan prebióticos o, más recientemente, se comercializan como posbióticos.

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Aunque los tres están relacionados, cumplen funciones distintas y la evidencia científica que los respalda tampoco es la misma. El mercado de los probióticos mueve miles de millones de dólares en todo el mundo. Fortune Business Insights, una firma de investigación y consultoría, estima que alcanzará los US$77.400 millones en 2026, frente a US$73.130 millones en 2025, y proyecta que podría superar los US$134.500 millones en 2034. En el caso de los posbióticos, Future Market Insights, otra firma especializada en investigación de mercados, calcula que el mercado de suplementos posbióticos llegará a unos US$800 millones en 2026 y podría alcanzar los US$2.000 millones en 2036.

En Colombia, ese mercado también viene creciendo. DataM Intelligence, una firma de investigación de mercados, estima que los probióticos pasarán de mover US$43,18 millones en 2024 a una proyección de US$61,55 millones para 2028, un crecimiento anual compuesto de 9,26 %. Y aunque los posbióticos todavía representan un mercado mucho, mucho más pequeño, también muestran crecimiento: la misma firma estima que pasaron de mover unos US$7,39 millones en 2024 y podrían llegar a US$12,05 millones en 2028.

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La diferencia entre estos mercados tiene, en parte, una explicación sencilla: los probióticos llevan décadas formando parte de la investigación científica y clínica, la alimentación y la industria, mientras que los posbióticos son una categoría mucho más reciente. Por eso, entre los expertos con quienes hablamos hubo otra coincidencia: la evidencia sobre los probióticos está mucho más desarrollada que la que existe para los posbióticos.

“Los probióticos han sido estudiados de forma exhaustiva por décadas, lo que nos permite contar con miles de ensayos clínicos en humanos y una comprensión muy madura de su seguridad y eficacia. Por el contrario, los posbióticos son considerados un concepto científico reciente y su investigación en humanos está apenas en sus etapas iniciales”, dice Gustavo Díaz, nutricionista y epidemiólogo, investigador del Instituto de Nutrición, Genética y Metabolismo y docente de la Facultad de Medicina de la Universidad El Bosque.

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Para que nos hagamos una idea de la diferencia de volumen en la investigación, Díaz cuenta que en un metanálisis (un estudio que reúne y analiza los resultados de varias investigaciones) reciente sobre depresión, se pudieron analizar 11 estudios clínicos del uso de probióticos contra placebos. Para los posbióticos, entretanto, no se pudo realizar un análisis de subgrupos porque solo existía un estudio disponible para comparar.

“La inmensa mayoría de la evidencia sobre los mecanismos neuroprotectores y metabólicos de los posbióticos proviene de estudios preclínicos hechos en células o en modelos animales, por ejemplo, en ratones, por lo que aún nos falta un largo camino para poder igualar el nivel de certeza clínica de los probióticos”, dice Díaz. Granados coincide y añade que la evidencia disponible sobre los posbióticos todavía es pequeña y, en algunos casos, ni siquiera permite extrapolar los resultados de un producto o microorganismo a otro.

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Aun así, en ese “gran supermercado digital” de las redes sociales, hay “influencers de la salud” que promocionan posbióticos sin las advertencias de incertidumbre que los deberían acompañar.

Caso Posbion, lo que se dice y no se dice

Posbion es un producto que están recomendando “influencers” que tienen miles de seguidores en redes sociales. Prometen o sugieren cosas con las que varios nutricionistas no están de acuerdo, pues creen que no hay suficiente soporte para hacer esas afirmaciones. Dos de estos especialistas, que prefirieron mantener su identidad en reserva por temor a enfrentar demandas judiciales, dicen que hay una distancia entre lo que están sugiriendo los instagramers y lo que realmente permiten concluir los estudios sobre BPL1, la denominación de la cepa de Bifidobacterium animalis subsp. lactis, que usa Posbion.

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Al contactarla, la marca señala que Posbion incorpora esta cepa tratada térmicamente, “es decir, en su forma posbiótica, de acuerdo con la literatura universal”. Para distinguirla de la cepa en su forma viable (o viva), nos referiremos a esta preparación como BPL1®-HT, el tratamiento térmico al que se refiere la marca inactiva el microorganismo.

En su Instagram, Posbion tiene más de 136.000 seguidores y tiene fijados algunos videos que cruzó con cuentas con miles o millones de seguidores que hablan de salud y bienestar.

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En uno de ellos, un popular médico con más de 1,6 millones de seguidores aparece en un video sentado frente a dos cajas de la marca y un vaso con agua. Toma uno de los sobres de Posbion, lo muestra a la cámara y empieza a explicar cómo incorporarlo a la rutina. “Se debe tomar por tres meses como mínimo”, dice. Luego abre otro sobre, esta vez de Fibribion, lo vierte en el vaso y continúa con su recomendación: después del posbiótico, sugiere pasar a un producto con probióticos y fibra prebiótica. Mientras diluye cada sobre en un vaso de agua, explica la lógica detrás de la secuencia: la fibra, dice, sirve de alimento para esos microorganismos y ayudaría a que permanezcan “vivos y sanos por más tiempo”. “Toma Posbion todos los días y vas a notar la diferencia. Yo sé por qué te lo digo”, dice.

Otro de los influencers, con más de 1,9 millones de seguidores en Instagram, también lo recomienda, aunque es más precavido. “Amigos, nadie puede decir que la salud es tomar un probiótico o una fibra en un sobre. Pero cada quien es responsable de optimizar su salud como crea conveniente”. Y otra más, con alrededor de 164.000 seguidores, dice que lo toma todos los días porque “regula mi bienestar digestivo para tener un metabolismo saludable, tener equilibrio en la microbiota y tener más saciedad”. Y porque estar flaco no es el outfit, pero tener un estómago lindo, hermoso y sin inflamación, sí que es el outfit".

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En otro video que circula de la marca, una mujer explica qué tipo de grasa, según ella, elimina Posbion BPL1: ”Actúa directamente en la grasa visceral, que es la que está alrededor de tus órganos y es la más peligrosa porque produce enfermedades metabólicas. Pero también actúa sobre la grasa subcutánea, que es la que está detrás de tu piel”. Pero, agrega, “no te preocupes, esto no va a eliminar ni la grasa ni de tus piernas ni de tus glúteos”.

En su Instagram, Posbion promociona el producto cuyo costo (el de una caja) es de alrededor de COP 400.000 y contiene 30 sobres, pensados para que se tome uno para cada día. La marca también ofrece una presentación de 90 sobres por COP 1.050.000. En su perfil, la marca tiene algunos videos que cruzó con cuentas de algunos influencers que se han dedicado a hablar de “salud” y de “bienestar”. La propia empresa reconoce, consultada por El Espectador, que algunas de las afirmaciones que circulan sobre el producto fueron más allá de lo que permiten concluir los estudios disponibles y que estos no permiten sostener algunas de las promesas que se sugieren sobre sus efectos.

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“Reconocemos que algunas expresiones utilizadas en contenidos de redes sociales fueron más categóricas de lo que permite la evidencia científica disponible y excedieron el marco de comunicación que corresponde a un alimento. La literatura sobre BPL1® muestra resultados clínicos de interés sobre determinados biomarcadores antropométricos y metabólicos, pero también presenta diferencias entre poblaciones, matrices, desenlaces y diseños experimentales”, señala la marca “En adelante, la comunicación debe distinguir de forma explícita entre resultados observados en ensayos clínicos, señales exploratorias, mecanismos propuestos y hallazgos preclínicos, evitando afirmaciones categóricas que no estén plenamente sustentadas por la evidencia disponible y por la categoría regulatoria del producto como alimento”, agrega.

Vale la pena detenerse en un par de esas afirmaciones o expresiones que ahora la marca reconoce que excedieron la evidencia y que algunos de los influencers han repetido. Uno de los videos que Posbion fijó y cruzó en su cuenta de Instagram es de un hombre con más de 1,3 millones de seguidores en Instagram que se propone separar el marketing de la ciencia. Comienza así: “Mito número uno, no tiene estudios en humanos. Falso. BPL1 tiene estudios clínicos en humanos”. La cepa BPL1 sí ha sido estudiada en humanos, aunque los ensayos disponibles son de tamaño limitado. Él menciona uno de ellos, publicado en International Journal of Obesity, que incluyó a 135 adultos con obesidad abdominal.

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Según dice el influencer, quienes recibieron BPL1 redujeron significativamente la grasa visceral, mejoraron la sensibilidad a la insulina y disminuyeron la presión arterial diastólica.

Sin embargo, decir que BPL1 tiene estudios en humanos no es lo mismo que decir que está demostrado que funciona para perder grasa. El estudio que cita ese influencer fue de 12 semanas y se realizó en una población específica: adultos con obesidad abdominal. Pero hay otro detalle que obvia mencionar: el ensayo no evaluó simplemente “BPL1” como si se tratara de una única preparación. Comparó la cepa en su forma viable —es decir, con microorganismos vivos— y también después de ser tratada térmicamente, que es la forma que utiliza Posbion. Por eso, sus resultados no pueden atribuirse de manera general a “BPL1” ni trasladarse automáticamente a cualquier producto que contenga esta cepa.

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Los resultados tampoco fueron iguales para ambas preparaciones: la reducción de grasa visceral fue significativa con la preparación tratada térmicamente, mientras que algunos de los otros resultados metabólicos también deben interpretarse dentro de ese diseño específico. Incluso la propia marca pone límites a esa interpretación. Al preguntarle si los resultados de ese estudio permiten afirmar que Posbion reduce la grasa visceral y subcutánea, respondió que no: el ensayo fue realizado en una población específica, durante 12 semanas, y sus resultados no permiten hacer una afirmación general y categórica. Aunque la compañía señala que la preparación tratada térmicamente mostró una reducción de grasa visceral, particularmente en mujeres, reconoce que el estudio no demostró una reducción de la grasa subcutánea. Por eso, admite que la expresión utilizada en algunos contenidos de redes sociales fue “más categórica de lo que permite la evidencia”.

Ese influencer también cita un artículo publicado en Nutrients en 2020. “Se tomaron 39 niños y adolescentes con síndrome de Prader-Willi, una condición genética donde la obesidad es intratable. El BPL1 logró reducir la grasa abdominal en niños mayores de 4 años y mejoró significativamente la resistencia a la insulina”, dice. Pero el estudio cuenta una historia más matizada. Una revisión sobre dicho estudio que realizaron nutricionistas independientes encontró, en primer lugar, que, BPL1 no produjo una reducción significativa de la masa grasa corporal total frente al placebo. Tampoco hubo una reducción estadísticamente significativa de la masa grasa abdominal cuando se analizaron todos los participantes. La diferencia, de hecho, apareció únicamente al analizar por separado a los 28 participantes mayores de 4,5 años y correspondió al porcentaje de grasa abdominal, no a una reducción significativa de la masa grasa abdominal en términos absolutos.

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Hay, además, otra cuestión importante: los participantes eran niños y adolescentes con síndrome de Prader-Willi, una condición genética poco frecuente y con características metabólicas particulares. Es decir, incluso si el hallazgo del subgrupo resulta interesante y merece ser estudiado, no permite concluir que BPL1 reduzca la grasa abdominal en la población general que busca perder peso. La propia revisión de la evidencia sobre BPL1 llega a esa conclusión y señala que se necesitan estudios más grandes, prolongados y reproducibles para un verdadero efecto. Posbion está de acuerdo ahora con esa lectura. El estudio “no debe utilizarse para afirmar pérdida de grasa aplicable a la población general” y “cualquier comunicación que haya realizado esa extrapolación debe ser ajustada”, nos dijo.

Volvamos al influencer médico de 1,6 millones de seguidores. En uno de sus videos, dice: “Hoy te quiero recomendar Posbion, posbióticos más prebióticos garantizan un medio ambiente no inflamatorio, un medio ambiente sano y, sobre todo, garantizan la recolonización de flora bacteriana positiva que ayuda muchísimo a mejorar tu salud metabólica y no solamente la salud metabólica, también el sistema inmunológico”.

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Le preguntamos a la marca si hay algún estudio clínico en humanos que haya demostrado una cadena causal que vaya desde esos cambios en la microbiota hasta una reducción de grasa corporal, o si se trata de una propuesta a partir de resultados preclínicos y asociaciones. “La evidencia clínica disponible”, contestó, “no ha demostrado una cadena causal completa que establezca que BPL1® tratado térmicamente produce una ‘recolonización’ intestinal y que ésta, a su vez, cause una reducción de grasa corporal. El término ‘recolonización’ no es técnicamente adecuado para describir el mecanismo de una preparación microbiana inactivada, porque no se trata de un microorganismo viable destinado a colonizar el intestino”. En muchas de sus respuestas, Posbion señala que esas extralimitaciones deben ajustarse.

¿Necesitamos probióticos y posbióticos?

Para los nutricionistas que consultamos, la idea de que la microbiota esté en boca de las personas es, en principio, una buena noticia. Que exista un mayor interés por entender cómo se relaciona con nuestra salud puede ayudar a que las personas presten más atención a su alimentación y a hábitos que sí tienen un papel importante en su bienestar.

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El problema aparece cuando ese conocimiento se simplifica hasta convertir a la microbiota en la explicación de casi todo lo que nos pasa y, sobre todo, cuando esa simplificación termina vendiendo la idea de que para cuidarla hace falta comprar un producto. “En personas sanas, esta práctica carece de una justificación médica o nutricional”, dice Díaz, de la Universidad de El Bosque. “La microbiota de una persona saludable se desarrolla y mantiene estable principalmente gracias a una dieta variada, rica en vegetales y fibra, un estilo de vida saludable y factores ambientales cotidianos”.

Como suele ser usual, una alimentación variada y equilibrada puede ser suficiente para incorporar prebióticos y probióticos a la dieta. Oscar Hurtado, nutricionista y docente universitario, plantea una pregunta entonces más básica antes de llegar a la caja de suplementos: ¿los necesitamos? Si una persona ya incorpora en su alimentación alimentos con probióticos, como yogur, kumis o algunos quesos fermentados, y además consume suficiente fibra, dice, no necesariamente necesita comprar un suplemento.

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“Si bien es cierto que el consumo de prebióticos y probióticos es seguro y bien tolerado en la población general, no hay necesidad de gastar dinero en suplementos de forma indefinida si ya se goza de un buen estado de salud y se lleva una alimentación y vida saludables”, agrega Díaz. De hecho, dice, la microbiota de muchas personas sanas presenta una resistencia natural a ser colonizada por bacterias externas, por lo que, quizá sin saberlo, usted está gastando un dineral en cosas que su organismo va a desechar sin que hagan ningún cambio.

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