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Los perros no hablan, pero su cerebro parece tener algo en común con el nuestro al escuchar

Los perros llevan miles de años acompañando a los humanos, pero todavía hay mucho que no sabemos sobre la manera en que sus cerebros procesan nuestra voz. Un nuevo estudio encontró una pista inesperada al analizar qué ocurre en su cerebro cuando escuchan hablar.

24 de septiembre de 2026 - 02:51 p. m.
Un nuevo estudio analizó cómo responden los cerebros de los perros y los humanos al escuchar el habla.
Foto: Pitbull de corazón
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Desde hace un tiempo, los científicos saben que, para los humanos, las consonantes suelen aportar más información que las vocales cuando intentamos identificar palabras dentro del habla. Básicamente, las vocales son sonidos que producimos dejando pasar el aire con libertad. Las consonantes, en cambio, son sonidos como la p, t, k, m o s, en los que el aire encuentra algún tipo de obstáculo. Y aunque las vocales suelen ser más llamativas, se sabe que las consonantes parecen darle al cerebro pistas más útiles para ordenar el flujo de sonidos y encontrar las palabras que estamos escuchando.

“Las palabras se componen de dos tipos principales de sonidos del habla: vocales y consonantes. Si bien las vocales son más fuertes y perceptibles, las consonantes suelen formar la estructura básica de las palabras. En un flujo continuo de habla, es más fácil detectar palabras individuales cuando nos centramos en las consonantes. Y desde la infancia, esto es precisamente lo que tiende a hacer el cerebro humano. Este fenómeno se conoce como sesgo consonántico”, explica, citado en una nota de prensa publicada por la institución, Attila Andics , neurocientífico cognitivo, director del Laboratorio de Neuroetología de la Comunicación de la Universidad Eötvös Loránd, la universidad pública más grande y antigua de Hungría.

¿Pero sucede así con otros animales? Andics y algunos colegas quisieron saber si esa preferencia por las consonantes era algo solo humano o si los perros también la tenían. Para averiguarlo, compararon la actividad cerebral de 20 perros y 20 personas mientras escuchaban diferentes secuencias de sonidos.

Los resultados, que se publican en Sicence, referencia de la mejor ciencia del mundo, apuntan a que los perros también parecen darle un peso especial a las consonantes cuando intentan encontrar unidades dentro del habla que están escuchando. Las secuencias que los científicos pusieron a prueba estaban construidas de tres maneras: unas tenían patrones de consonantes, otras tenían patrones de vocales y un tercer grupo era completamente aleatorio.

No había pausas ni ninguna señal que indicara dónde terminaba una palabra y comenzaba otra. La idea era ver si los cerebros de perros y humanos podían encontrar esas regularidades por sí mismos. "Pensamos que si la preferencia por las consonantes —el tipo de sonido del habla acústicamente menos prominente— requiere habilidades lingüísticas exclusivamente humanas para desarrollarse, entonces otras especies no deberían mostrar tal preferencia. Ni siquiera los perros, a pesar de pasar gran parte de su vida rodeados del habla humana", explica, citada en la misma nota de prensa de Andics, Boglárka Morvai , bióloga e investigadora postdoctoral del Grupo de Investigación en Neuroetología y coautora principal del estudio.

“Si, por otro lado, la adaptación al habla se basa en formas simples de aprendizaje de patrones a partir del habla escuchada repetidamente, entonces también debería surgir un sesgo consonántico en el cerebro del perro, aunque dicho sesgo no se haya encontrado previamente en especies de primates mucho más emparentadas con los humanos”, continúa Morvai. En otras palabras, mucho más sencillas, los investigadores querían saber si esta forma de procesar el habla necesita algo parecido al lenguaje humano o si puede aparecer de una manera mucho más sencilla: simplemente aprendiendo, con la exposición repetida, qué patrones de sonidos sirven para encontrar palabras.

Para medirlo, los investigadores utilizaron electroencefalogramas (EEG) y observaron si la actividad cerebral comenzaba a sincronizarse con los patrones de las palabras. Y encontraron algo llamativo: los perros, al igual que los humanos, mostraron una señal cerebral más fuerte cuando los patrones estaban organizados alrededor de consonantes que cuando estaban organizados alrededor de vocales.

"Esta es la primera evidencia de que un sesgo consonántico también puede surgir en el cerebro de una especie distinta a la humana», afirma Kinga G. Tóth, psicóloga, coautora principal del estudio e investigadora doctoral del grupo. Los científicos detallan que aproximadamente 400 ms después del inicio de cada palabra, se observó un cambio distintivo en la actividad eléctrica cerebral tanto en humanos como en los perros, pero solo para palabras con estructura consonántica. Este intervalo de tiempo, dicen, coincide con el que se sabe que refleja la segmentación del habla continua en palabras.

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"El estudio también reveló que esta adaptación a las características del habla no surge únicamente en perros que ya vivían en un entorno rico en lenguaje durante los primeros meses de vida, cuando son especialmente sensibles a las experiencias sociales. Los perros que pasaron sus primeros tres meses viviendo en la calle o en un refugio, en lugar de como mascotas familiares, mostraron una marcada preferencia por las consonantes", añade G. Tóth .

"Esto proporciona más evidencia de que la preferencia por las consonantes no requiere mecanismos de procesamiento del lenguaje preestablecidos que surjan durante un período específico del desarrollo temprano. En cambio, esta preferencia neuronal también puede surgir a través de formas relativamente simples de aprendizaje de patrones", dijo G. Tóth. Los autores explican que esto no significa que estén entendiendo el lenguaje como lo hacen los humanos, pero sí que su cerebro parece estar utilizando una estrategia de procesamiento que hasta ahora se había descrito principalmente en humanos.

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